Uno de los síntomas más comunes que presentan las personas con problemas de lateralidad son las dificultades de orientación espacial. El psicólogo de nuestro centro Luis Elías nos explica en esta entrevista cómo afecta a los pacientes esta dificultad en su vida cotidiana y cómo se trabaja en la terapia de lateralidad.

 

¿La desorientación espacial es un síntoma del trastorno de lateralidad?

Sí, es habitual que las personas que no tienen bien definida la lateralidad a la derecha o a la izquierda tengan afectada la capacidad de percepción espaciotemporal y que, además, tengan problemas en otros campos: entre ellos, la capacidad de comprensión, de concentración y de poder analizar y responder con rapidez a situaciones que provocan estrés porque implican procesar cierto volumen de información.

 

¿Qué relación tienen estas dificultades con la orientación?

Para caminar, coger un transporte público, conducir o leer un mapa, necesitamos orientarnos en el espacio, tener claros los puntos cardinales: saber dónde está el norte, el sur, el este y el oeste respecto al punto en el que nos encontramos. Las personas con problemas de lateralidad tienen dificultades para ubicarse en el espacio y ubicar las calles y lo que hay en ellas. Cuando ven que están desorientadas, como les cuesta mantener la atención, comprender, retener y reaccionar con rapidez a la información que reciben, se bloquean.

 

¿Cómo repercute en su vida cotidiana tener estas dificultades de orientación espacial?

La desorientación espacial limita la movilidad de las personas con trastorno de lateralidad: tienen dificultades para orientarse con las líneas del metro y de los autobuses, algunas de estas personas han tenido que dejar de conducir porque se equivocaban con las calles y eran incapaces de seguir las indicaciones del navegador, ya que seguirlas requiere anticipar ciertas respuestas y, cuando caminan por zonas de su ciudad que están fuera de su barrio, también se desorientan.

 

¿Siempre se bloquean cuando se desorientan?

Si están más cansados de lo habitual, reciben muchos estímulos del exterior o hay algún factor más estresante, sí.

 

¿Y qué ocurre cuando viajan?

Cuando hacen viajes fuera de su zona de confort; es decir, a una zona que está fuera de su barrio, a otra ciudad o país, también tienen dificultades a la hora de entender el trazado de las calles, el recorrido de los autobuses y ordenar la información que ven en un mapa para poder orientarse.

 

¿No pueden leer mapas?

 

No es que no puedan leerlos: aunque antes de salir a la calle dediquen un tiempo a estudiar el mapa, visualizar los recorridos que van a hacer e intentar retenerlos, después, en la calle, se quedan desorientados porque hay como una separación entre lo que ven en el papel o en Google Maps y la orientación que tienen en la calle desde el punto de vista visual. 

 

«En terapia hay que trabajar la organización espacial, pero también hay que trabajar mucho la atención. Y es fundamental trabajar los dos aspectos simultáneamente»

 

Debe limitar enormemente su vida y producirles un gran malestar

Así es. Hay pacientes que te dicen: “Soy capaz de dirigir una empresa, pero no soy capaz de orientarme cuando hago un viaje de negocios a otra ciudad”, por ejemplo. Se sienten terriblemente frustrados y angustiados.

 

¿Cómo trabajáis el problema en terapia?

Obviamente, hay que trabajar la organización espacial, pero también hay que trabajar mucho la atención. Y es fundamental trabajar los dos aspectos simultáneamente.

 

¿Por qué es tan importante que sea simultáneamente?

Los pacientes, cuando empiezan la terapia, atribuyen sus problemas de desorientación exclusivamente a sus dificultades de orientación espacial. Sin embargo, hemos constatado que cuando estas dificultades se empiezan a solucionar, si solo hemos trabajado la atención de manera secundaria, siguen teniendo problemas que no son atribuibles a la desorientación espacial, sino a las dificultades de atención propias del trastorno de lateralidad.

 

¿Puedes poner un ejemplo?

Sí, el de un paciente con el que habíamos estado trabajando fundamentalmente la orientación espacial y que ya cogía el metro sin problema para ir a trabajar, pero cada tanto me explicaba que había cogido la línea de metro correcta, pero en dirección contraria, y que se había dado cuenta del error cuando ya habían pasado varias paradas. Este tipo de confusiones son propias de sus problemas de atención. Por eso es muy importante el diálogo con el paciente: como terapeutas debemos poder discernir en el proceso de su evolución las situaciones que se deben a una causa o a otra.

 

¿Porque sus problemas de atención no son los que pueda tener cualquier persona sin el trastorno?

Efectivamente, cuando hablamos de las dificultades de atención que tiene una persona con trastorno de lateralidad, no nos referimos a los típicos despistes que pueda tener cualquiera porque ese día está preocupado por algo y “tiene la cabeza en otro sitio”. Es un tema mucho más profundo y que afecta a todas las personas con trastorno de lateralidad. Independientemente del síntoma central que presenten, siempre tienen, además, la capacidad de atención afectada.

 

¿Por ejemplo?

Las dificultades de comprensión y retención también son síntomas de lateralidad cruzada. Los pacientes que tienen estos síntomas como síntomas centrales, se quedan bloqueados, por ejemplo, cuando tienen que mecanografiar en el trabajo un documento, ya que no pueden retener lo que leen en el papel. Pero como el problema de atención también incide en su dificultad para mecanografiar, hay que ir trabajando los dos aspectos a la vez, en paralelo.

 

¿Y cómo trabajáis la atención?

Con ejercicios que les ayudan a que la atención sea sostenida en el tiempo: primero 20 minutos, después 30, etc. Al principio, les cuesta un gran esfuerzo, pero, paulatinamente, logran que sea sostenida. También trabajamos la concentración, pero cuando hay problemas de orientación espacial, lo prioritario es la atención.

 

Bien, antes estabas explicando cómo trabajáis la desorientación espacial en terapia

Sí, por una parte, hay ese diálogo con el paciente para que nos explique las malas experiencias que vive en su día a día y podamos intervenir sobre ellas diferenciando las que son producto de la desorientación espacial y las que son producto del problema de atención. Por otra parte, el paciente realiza actividades de mesa para trabajar la percepción y organización espacial: como el juego de Tangram, los Pentominós o los cubos de madera: son piezas físicas que hay que cuadrar en un plano o piezas con las que hay que hacer formas complejas.

 
«A medida que van viendo los resultados de la terapia y que ya no tienen tantas dificultades de orientación espacial, los problemas emocionales también disminuyen y es mucho más sencillo reconstruir su autoestima»
 

¿Utilizáis otros elementos?

Sí, las fichas con figuras de papel que hay que encajar. La mecánica es parecida a la de los juegos que he nombrado antes, pero van muy bien porque con ellas podemos conseguir un nivel de dificultad alto. Después, hay otro tipo de juegos en los que hay que emparejar figuras que tienen la misma forma o, por el contrario, formas antagónicas.

 

¿Todos los ejercicios se realizan en una mesa?

No, también hay ejercicios más psicomotrices.

 

¿De qué tipo?

Se les vendan los ojos y aprenden a orientarse dentro de la sala. O sin vendarles los ojos y dándoles un mueble como referencia, deben identificar dónde están las diferentes coordenadas y moverse según las indicaciones que les da el terapeuta. También deben situar diferentes puntos externos de la ciudad en referencia a ellos. Es decir, son ejercicios que requieren todo un trabajo mental de ubicar puntos en el espacio, ponerlos en referencia y trazar recorridos. A veces empezamos con “derecha”, “izquierda”, “arriba” y “abajo” porque es más sencillo y, después, pasamos a los puntos cardinales.

 

¿Una hora a la semana de terapia haciendo este tipo de ejercicios es suficiente para que haya progreso?

Sí, aunque si el paciente quiere o tiene tiempo, yo doy ejercicios que pueden hacer durante la semana y que contribuyen a que el proceso de recuperación sea más rápido.

 

¿Qué tipo de ejercicios?

Por ejemplo, coger un mapa del barrio en el que viven, pensar en un recorrido que no sea en línea recta y visualizarlo durante unos 15 minutos antes de salir a hacerlo. Como conocen su barrio y ya tienen muchas referencias en su cerebro, este es un ejercicio que les va muy bien al principio de la terapia. Con el tiempo, a medida que van progresando, vamos aumentando el nivel de dificultad del ejercicio. Y, en cualquier caso, saben que, si se desorientan, pueden utilizar Google Maps para no angustiarse.

 

Antes has mencionado los problemas emocionales de los pacientes antes de iniciar la terapia. ¿También los abordáis?

Sí, por supuesto. No obstante, a medida que van viendo los resultados de la terapia y que ya no tienen tantas dificultades de orientación espacial, los problemas emocionales también disminuyen y es mucho más sencillo reconstruir su autoestima. Se dan cuenta de que los pensamientos negativos que tenían sobre sí mismos (soy inútil, no valgo para nada, etc.), eran pensamientos distorsionados porque la nueva realidad que empiezan a vivir se lo demuestra.