A las personas ansiosas les suele preocupar mucho que los demás las perciban y valoren de una manera positiva, por esto suelen esforzarse más que sus compañeros en el trabajo. Sin embargo, es precisamente esta preocupación la que, a veces, provoca que se comporten de una manera errática que termina dañando su imagen y sus relaciones en el ámbito laboral.

En lugar de dejar que la ansiedad nos boicotee, entender cómo funciona es lo que nos ayuda a adquirir habilidades para gestionar mejor esta emoción que casi todos sufrimos en mayor o menor medida en alguna ocasión.

La ansiedad resta objetividad

Las personas ansiosas suelen extraer conclusiones negativas cuando la comunicación con los otros les provoca inseguridad. Po ejemplo, si un compañero no las saluda efusivamente, no se para a hablar con ellas o no les dedica el tiempo que les gustaría, se sienten rechazadas y concluyen que no caen bien sin pensar que puede haber otras muchas razones que expliquen el comportamiento del compañero. Sacar conclusiones precipitadas sin tener datos objetivos hace perder oportunidades para establecer buenas relaciones con los demás y les puede hacer creer que somos nosotros los que les rechazamos. Lo positivo es que, si pensamos en ello y cambiamos los pensamientos ansiosos, normalmente, se presentan otras oportunidades para establecer una conexión.

La misma falta de objetividad e inseguridad es la que hace dudar a las personas ansiosas de sus propias competencias y habilidades, lo que provoca que posterguen e incluso eviten algunas tareas.

Cuando la ansiedad es nuestra peor enemiga en el trabajo

El perfeccionismo y la evitación

Otro rasgo muy común de las personas ansiosas es el perfeccionismo: necesitan hacerlo todo muy bien porque piensan que así obtendrán el reconocimiento que necesitan de los demás. Pero como este perfeccionismo las obliga a estar buscando siempre la mejor forma de hacer cualquier cosa, a menudo tardan demasiado tiempo en hacer las tareas: desde contestar un correo electrónico que para ellas es importante a presentar un informe. Cuanto más tiempo transcurre, más aumenta la ansiedad, ya que se acrecienta su preocupación por la imagen que puedan estar dando al retrasarse. Si en lugar de centrarse en lo que paraliza (la evaluación del otro), uno se centra en lo que sabe hacer bien y actúa con naturalidad según sus valores, es mucho más probable que podamos hacer el trabajo sin dificultades y que nuestra comunicación con los otros sea más clara, sin que dé lugar a malentendidos.  Actuar de forma transparente nos ayuda a reducir el estrés, aumenta nuestra confianza y, en general, hace que nos perciban como personas valientes y auténticas.

Miedo a las críticas

Cuando la ansiedad es nuestra peor enemiga en el trabajo

En un artículo de la psicóloga clínica Alice Boyes publicado hace unos días en Harvard Bussiness Review, la autora explica que las personas ansiosas buscan la retroalimentación de los otros que les permita mejorar, ya que desean tener éxito en lo que hacen. Pero, al mismo tiempo, son propensas a recibir las críticas como una prueba de que no hacen las cosas tan bien como deberían. La propuesta de esta psicóloga para romper el círculo es buscar aquello que facilite estar abierto al feedback: en su caso, por ejemplo, es pedírselo a alguien en quien confía y que cree en sus competencias, o, si pide feedback a alguien desconocido, prepararse respuestas que disminuyan su ansiedad cuando la retroalimentación se la provoca. Por ejemplo: “Creo que estos puntos son interesantes, pensaré en ellos y te diré algo en unos días”.

 

El miedo también hace acto de presencia cuando se les proponen ideas o proyectos nuevos: lo primero que hacen es pensar en todo aquello que podría hacer que no llegaran a buen puerto; una reacción que puede percibirse como una actitud muy negativa en el ámbito laboral y desmoralizante cuando se trabaja en equipo. Alice Boyes propone que se empiece por listar los puntos positivos, aunque después se expresen las preocupaciones, y terminar con una valoración general positiva.

Dificultad para percibir las necesidades de los otros

Cuando la ansiedad es nuestra peor enemiga en el trabajo

Las personas que sufren ansiedad están tan encapsuladas en su estrés que este ensimismamiento les impide darse cuenta de las necesidades que tienen las personas de su entorno, por lo que, normalmente, anteponen las suyas a las de su pareja, amigos, colegas, etc. Asimismo, aunque no suelen pedir ayuda, cuando encuentran a una persona merecedora de su confianza, tienden a establecer una relación de dependencia: le piden continuamente que las ayude en la toma de decisiones y en todo aquello que les produce inseguridad. Al igual que con los puntos anteriores, el primer paso para abandonar este patrón es ser consciente de él y establecer relaciones de reciprocidad y trabajo colaborativo. Del mismo modo, hay que evitar arrastrar a los otros con nuestra ansiedad: cuando nos excedemos en nuestras demandas debemos ser conscientes de que solo buscamos tranquilizarnos a nosotros mismos.