Nuestra sociedad anticipa la llegada de las Navidades con todo un despliegue de recursos que suscitan, y responden, a la ilusión y a la alegría de una parte de la población: calles iluminadas ad hoc, comercios repletos de adornos para captar nuestra atención, villancicos sonando aquí y allá, anuncios publicitarios cargados de emotividad, felicitaciones y mensajes bienintencionados recorriendo las redes sociales…Da la sensación de que se acercan unas fechas en las que todo tiene que ser perfecto o, cuanto menos, que las reuniones familiares, los regalos que hacemos y recibimos, así como el ambiente reinante van a responder a las expectativas. Sin embargo, todo este ambiente festivo no anticipa para todos sentimientos y sensaciones satisfactorios: a algunas personas la llegada de las Navidades les produce desasosiego, angustia, ansiedad, temor, tristeza, etc. Hoy dedicamos nuestro artículo a cuando las Navidades suponen sufrimiento y malestar.

 

Navidades y familia

Cuando las Navidades suponen sufrimiento o malestar

Respecto a las reuniones familiares, muchos temen los conflictos que en ellas pueden surgir; ya sean conflictos históricamente enquistados que pueden volver a activarse con los reencuentros u otros nuevos. Es un hecho que no escogemos a la familia y también lo es que no todo el mundo tiene una buena relación con cada uno de los miembros. No obstante, estas fechas suelen reunir a toda la familia, con las discrepancias que pueda haber, y se acude a las comidas y cenas para no provocar conflictos, para no sentirse culpable o para no tener que recibir críticas.

Las Navidades también ponen en evidencia las ausencias: recordamos a las personas que nos han dejado, rememoramos cómo era nuestra vida cuando todavía estaban presentes o pensamos en cómo sería si todavía estuvieran entre nosotros.

Los sentimientos que estas circunstancias nos provocan no son satisfactorios, pero esto no significa que sean anormales o malos. Se trata de una realidad, la de cada persona, y no deberíamos negarla. A pesar de que la sociedad nos lanza el mensaje de que en unas Navidades ideales uno tiene que estar rodeado de gente y de que no hay cabida para la soledad, cada persona debería poder sentirse libre para decidir sobre este aspecto, sin sentirse condicionada por la presión familiar y/o social.

 

Navidades y consumo

Cuando las Navidades suponen sufrimiento o malestar_Centro de lateralidad y psicomotricidad Joëlle Guitart

El consumismo navideño es otro hecho que está presente en nuestras vidas. Damos por sentada la obligación de hacer regalos, e incluso de gastar más de lo que nos podemos permitir, para demostrar nuestro afecto a los otros. «Regalar» y «querer» no deben confundirse.

Es normal que los niños, cuando escriben su carta a los Reyes Magos o a Papá Noel, pidan con ilusión todo tipo de regalos, sin límites. Estas fechas son una buena ocasión para hablar con los más pequeños, escuchar sus deseos y hacerles pensar en lo que realmente quieren, ya que «más» no significa necesariamente «mejor». Este ejercicio permitirá a los padres pasar un tiempo con sus hijos y enseñarles a priorizar. Muchos profesionales coincidimos en que hay niños que reciben demasiados regalos por Navidad y, por esta razón, dirigen su atención a unos y olvidan enseguida el resto. Es bueno centrar su ilusión e incluso sorprenderles con un regalo que sepamos que les va a gustar y que no hayan pedido.

 

Navidades y expectativas personales

Cuando las Navidades suponen sufrimiento o malestar

Las Navidades suelen representar un punto de inflexión: hacemos balance del año que está a punto de concluir y realizamos una serie de propósitos para el que viene.  Si nuestras expectativas eran demasiado altas y/o somos personas muy exigentes, probablemente experimentemos sentimientos de frustración que deberemos gestionar de la mejor manera posible. Quizá tengamos que exigirnos menos y entender que hacer lo que se puede es suficiente. Es bueno establecer nuevas metas, pero estas deben ser realistas.

En conclusión, las Navidades ideales no existen: cada uno las vive de la mejor manera posible y conllevan sentimientos de felicidad, pero también ansiedad, tristeza y frustración. Entender y aceptar estas emociones es el primer paso para poder superar estas fechas de una manera psicológicamente saludable. De hecho, es habitual que en consulta, y específicamente en esta época del año,  afloren estas emociones removidas, haciéndose necesario trabajarlas durante las sesiones de terapia.

 

Si queréis hacernos una consulta sobre este tema, podéis poneros en contacto con nuestro centro.