Cuando los pacientes llegan a nuestro centro por primera vez para iniciar la terapia de lateralidad, el relato que hacen de sus vidas y de la percepción que tienen de sí mismos tiene un denominador común: presentan una gran ansiedad, su autoestima está por los suelos, se sienten muy inseguros, se ven diferentes al resto de las personas y piensan que su capacidad cognitiva es baja (tan baja, que algunos creen que son tontos).

Esta idea que se han conformado de sí mismos responde a una realidad: la de haber vivido durante años los síntomas del trastorno de lateralidad, con todo lo que ello implica. Sin embargo, a medida que va transcurriendo la terapia de lateralidad ellos mismos van observando su evolución: se dan cuenta de que cada vez les cuesta menos hacer lo que antes les parecía muy difícil o imposible, estos avances les generan confianza y todo ello se traduce en una disminución progresiva de los conflictos internos, familiares, sociales, y escolares o laborales con los que antes tenían que enfrentarse constantemente. Finalmente, cuando les damos el alta, muchos de ellos expresan este final del recorrido con una frase: «He recuperado mi vida».

Uno de los objetivos de nuestro centro, además del de tratar a los pacientes, es dar a conocer el trastorno de lateralidad: realizar un trabajo de divulgación que contribuya a que padres, maestros y profesionales de la salud tengan los conocimientos que les permitan detectar posibles casos. Esta detección temprana posibilitaría ganar un tiempo precioso que ahorraría mucho sufrimiento a las personas afectadas.

Hoy nos ha parecido interesante compartir el testimonio de dos pacientes que nos lo han enviado precisamente con este propósito: el de dar a conocer y explicar en primera persona cómo se vive el proceso. Lo único que hemos cambiado de su testimonio, por razones de privacidad obvias, son sus nombres. Desde aquí les agradecemos a ambos que hayan querido compartir sus sentimientos y experiencia.

 

Marcos, 26 años

Tres cruces de lateralidad

Inició la terapia en mayo de 2016.

Dos pacientes del centro comparten su testimonio sobre la terapia de lateralidad

«Llegué aquí con muchas inseguridades y con mis capacidades muy limitadas. El principal objetivo de venir al centro era sentirme como una persona normal y corriente. Antes de comenzar la terapia de lateralidad, notaba como me era imposible trabajar de manera fluida y eficaz porque carecía de confianza en mí mismo a causa de que mis habilidades estaban atascadas. Necesitaba un empujón para llegar hasta donde estoy ahora. Las carencias que me impedían sentirme bien conmigo mismo eran una falta de atención considerable, de aprendizaje, de memoria y de comprensión. A medida que he ido viniendo aquí, mi evolución ha sido superlativa. Tanto que, en mi trabajo, actualmente, me siento muy cómodo, tranquilo e importante. He ganado confianza en mí mismo y la inteligencia que creía que no tenía, me he dado cuenta de que la tengo y de que es mucha».

 

Javier, 13 años

Dos cruces de lateralidad

Tiempo de terapia: 2 años y seis meses.

Dos pacientes del centro comparten su testimonio sobre la terapia de lateralidad

«Empecé la terapia hace dos años y medio. En aquel momento no sabía muy bien en qué consistía. La verdad es que ir no me costaba mucho esfuerzo, tenía bastante voluntad.

Tenía lateralidad cruzada. Era muy autoexigente, no creía en mí mismo, no sabía perder…

Cuando entré en mi grupo de terapia, solo había una niña, Inés; con la que estuvimos medio año trabajando juntos. Después vino la mejor amistad que he hecho en este centro, Álex. Juntos nos lo pasábamos muy bien: nos gustaba jugar a fútbol, bromeábamos, nos lo pasábamos muy bien en las sesiones.

En las sesiones hacíamos juegos de mesa, algunas fichas, juegos de motricidad y mi juego preferido: el Mataconejos.

Después de un tiempo llegó Iván y, al cabo de unas sesiones, Inés se marchó. Posteriormente, vino Helena y formábamos un gran grupo: Álex, Helena Iván y yo.

Al cabo de un tiempo me enteré de que Álex se iba, cosa que no me hizo mucha gracia. Finalmente, vino Roger. Todavía no nos hemos podido conocer mucho. De este tiempo me quedo con todo, pero sobre todo con Álex y con Luis, mi terapeuta.

Luis me ha ayudado a formarme como una gran persona y lo recordaré no solo como a mi terapeuta, sino como a un amigo que me ayuda porque gracias a él he mejorado en saber competir y a tener mucha autoestima (hasta demasiada). La autoexigencia la sigo teniendo, pero en otro grado…

También le quiero dar las gracias a Joëlle, que gracias a ella también he mejorado y he podido salir de este problema, y a Mª José, porque cada vez que llegaba al centro era bien recibido.

¡Espero volver a veros!»

Si quieres información sobre la terapia de lateralidad, ponte en contacto con nuestro centro.