Una terapia previa de lateralización errónea

El caso de Andrea es un caso que refleja muy bien los problemas añadidos que presentan los pacientes con lateralidad cruzada que llegan a nuestro centro tras haber recibido anteriormente un tratamiento de lateralización erróneo en otro centro debido a un mal diagnóstico.

Esta paciente tenía ocho años cuando vino por primera vez a nuestro centro en septiembre de 2016. En la primera visita, sus padres explicaron que, previamente, su hija había estado haciendo terapia para cambiar su lateralidad de brazo y mano a la derecha (además de ir a un logopeda, a un optometrista y a un psicólogo). Sin embargo, cuando le realizamos el test completo de lateralidad, los resultados indicaron que era zurda, no diestra.

El tratamiento que había recibido debido al error de diagnóstico no solo había imposibilitado su mejoría durante todo ese periodo anterior, sino que, tal como veremos, tuvo graves repercusiones en su desarrollo cognitivo y emocional.

 

Sintomatología emocional

Andrea presentaba onicofagia; es decir, se comía las uñas de las manos y de los pies para intentar calmar la gran ansiedad y la angustia que sufría. Tenía tics, como pasarse la lengua continuamente por el labio superior o cerrar las manos apretándolas con fuerza antes de expresar alguna emoción. No soportaba los sonidos graves, por lo que evitaba a toda costa los lugares donde pudiera haber bullicio y se negaba a apuntarse a cualquier actividad extraescolar. Se peleaba a menudo con las niñas de su clase y, en casa, mostraba una gran inquietud cuando, por ejemplo, se sentaba a mirar la televisión. Además, necesitaba dormir con sus padres, acostándose en medio de su cama, entre su madre y su padre, y tenía pesadillas con frecuencia.

 
El caso de Andrea: terapia para una segunda lateralización
 

Rendimiento escolar

En la anamnesis, los padres relataron que su hija les quitaba el sueño: necesitaban saber la causa de su sufrimiento emocional y de sus problemas de rendimiento escolar.

Andrea no quería ir al colegio ni jugar con ningún compañero: por las mañanas, se provoca vómitos para intentar quedarse en casa. Además de presentar TDA (no TDAH), tenía un vocabulario extremadamente pobre para su edad, no entendía nada de lo que leía y se perdía y trababa al leer; era necesario que su madre le leyera los deberes para que pudiera comprender algo mejor lo que tenía que hacer. También se dispersaba muchísimo, su dificultad para concentrase era notoria, como su lentitud al realizar cualquier tarea; tenía una disortografía importante (el cuadro parecía de dislexia, pero no lo era), le costaba un gran esfuerzo hacer un dictado, iba muy mal en cálculo (debido, sobre todo, a su dificultad para leer los enunciados) y no sabía cómo hacer un resumen.

No obstante, Andrea era muy consciente de sus dificultades. A menudo le decía a su madre «Mamá, no llego, no puedo». De hecho, había pasado de segundo a tercero de Primaria por los pelos, a pesar de que el resultado del test de cociente intelectual que trajeron sus padres era de 99.

Por último, destacar que, aunque comía utilizando la mano derecha porque la habían lateralizado hacia ese lado, escribía con la izquierda.

 

Los resultados del test de lateralidad

Los resultados del test completo de lateralidad que le realizamos a Andrea antes de iniciar la terapia y que, por tanto, definieron el tipo de tratamiento, fueron los siguientes:

Lateralidad de brazo y mano: 65 % izquierda y 35 % derecha.
Lateralidad del ojo: izquierdo (presentaba una hipermetropía y estrabismo del ojo derecho).
Lateralidad de pierna estática: izquierda
Lateralidad de pierna dinámica: 60 % izquierda, 40 % derecha.
Motricidad facial: 55% izquierda, 45 % derecha.
Oído: 50 % izquierda, 50 % derecha.
Cervicales: 55 % izquierda, 45 % derecha.

Con estos resultados, Andrea debía ser lateralizada homolateralmente a la izquierda de brazo, mano, ojo, pierna estática y pierna dinámica, motricidad facial, oído y cervicales.

 
El caso de Andrea: terapia para una segunda lateralización
 

Andrea recibirá el alta el mes que viene

Como es natural, al principio los padres se mostraron escépticos ante la idea de que realizáramos un tratamiento de lateralización que cambiara de nuevo la lateralidad de su hija, pero entendieron que los resultados del test completo eran claros al respecto.

La terapia de lateralidad es un tratamiento largo porque requiere llevar a cabo un trabajo neurofisiológico complejo que necesita tiempo. Sin embargo, cuando se establecen y afianzan correctamente los recorridos sinápticos, la recuperación de los pacientes es muy alta: como mínimo, de un 85 %, y los pacientes no presentan recaídas o regresiones. Andrea, tras 3 años y dos meses, se ha recuperado neurofisiológicamente en un 90 % (ninguna persona está lateralizada homolateralmente al 100 %) y recibirá el alta el mes que viene. Su recuperación no se limita a sus funciones cognitivas: estas, ahora, están armonizadas con su rendimiento mental y emocional. Finalmente, queremos señalar que el test de CI que le hemos realizado recientemente ha dado un 115 como resultado, un aumento que ahora sí refleja su potencial real que anteriormente estaba limitado por su lateralidad mal definida.