Por Joëlle Guitart, directora del Centro de lateralidad y psicomotricidad Joëlle Guitart.

 

Hace unos días llegó a mi consulta un niño ambidiestro de ocho años al que llamaremos Pol. En la primera visita, los padres me explicaron que yo era la tercera especialista a la que acudían en dos años. Estaban desesperados. Su hijo tiene ocho años y todavía no sabe leer ni escribir. Sus dificultades en mecánica lectora son enormes, lo que provoca que la retención lectora sea prácticamente nula: no recuerda lo que acaba de leer. Y como no lo recuerda, no puede comprender lo que lee. Esto provoca, a su vez, que vaya retrasado en todas las asignaturas. Sin embargo, Pol tiene un cociente intelectual de 110, que es un cociente normal-alto. ¿Cómo se explica?

En esta primera entrevista, los padres también me hicieron saber que, en su día, el anterior especialista, al que Pol empezó a ir hace más de un año, le hizo un test de lateralidad que incluía solamente la lateralidad del ojo, de la mano y del pie. Dado que dicho especialista observó que estos tres grupos neuromusculares estaban ligeramente más lateralizados a la izquierda, decidió que Pol iniciara una terapia de lateralización para lateralizarlo homolateralmente a la izquierda. Con el transcurso de los meses, en vez de ir mejorando, Pol fue yendo cada vez a peor. Este año, el niño ha tenido que repetir curso.

Les expliqué a los padres que debíamos repetir el test porque el test de lateralidad que le habían hecho a su hijo es un test incompleto. Un test de lateralidad completo debe incluir: brazos y mano/ojo, pierna estática/pierna dinámica, oído/motricidad facial y cervicales. De otro modo, se está realizando un test parcial que puede dar un diagnóstico erróneo. Y este fue el caso de Pol. Al realizarle yo la batería completa de pruebas, observé que, en su conjunto, sus grupos neuromusculares están algo más lateralizados a la derecha; lo cual determina que Pol debe ser lateralizado a la derecha.

Pol estuvo 21 meses haciendo una terapia errónea que lo ha estado lateralizando justo hacia el lado contrario al que necesita, y por este motivo fue empeorando: además de los problemas que he comentado, también presenta disgrafía y disortografía (el cálculo mental le va mejor, lo cual es típico en estos casos). Pero el diagnóstico erróneo que recibió Pol (producto de un test incompleto) ha tenido también enormes consecuencias emocionales en él: es un niño que se infravalora a sí mismo y que ha tenido que experimentar, al igual que sus padres, un gran sufrimiento. Esto se hubiera podido evitar.

Ahora hemos empezado la terapia para lateralizarlo homolateralmente a la derecha: hay que reeducar de nuevo todos sus grupos neuromusculares para lograr, al menos, un 80 % de curación que le permita poder desarrollar todo su potencial, el cual, como he mencionado, es alto.  El tratamiento será complejo, y todo por haber sido mal diagnosticado.

Por último, quiero aclarar, porque todavía hay cierta confusión al respecto, que un niño ambidiestro no es un niño que tenga más facilidad en su desarrollo o que muestre habilidades de las que otros niños carecen por ser diestros o zurdos: ser ambidiestro no es, en ningún caso, una cualidad, sino una dificultad, y un signo de que que hay un problema de lateralidad.

Si quieres hacernos una consulta sobre este tema, puedes ponerte en contacto con nuestro centro.