Boris Cyrulnik es neuropsiquiatra y uno de los mejores expertos en empatía y en resiliencia, la capacidad humana para reponerse del sufrimiento y del estrés. Con toda seguridad, su profundo conocimiento en estas áreas está estrechamente relacionado con su propia biografía: sus padres fallecieron en un campo de concentración nazi del que él consiguió huir cuando tan solo tenía 6 años. Tras pasar por varios centros de acogida, unos vecinos de un centro de beneficencia al que finalmente fue a parar le dieron la posibilidad de educarse. Estudió psiquiatría porque quería entender la mente humana y poder dar sentido a lo incomprensible.

 

El gobierno francés le acaba de pedir que desarrolle un proyecto para fomentar la empatía en los niños, empezando por las guarderías. ¿La razón? Cada vez hay más niños y adolescentes en los que la empatía no se ha desarrollado, por lo que pueden tener comportamientos agresivos sin darse cuenta del daño que infligen a los demás. ¿La causa? Se pasan tantas horas delante de las pantallas de los dispositivos electrónicos que se están alterando sus capacidades emocionales y de relación con los demás. Aunque la tecnología ha mejorado en muchos aspectos sus condiciones de aprendizaje y sus posibilidades de comunicación, en general, ha disminuido su interacción con los otros. Y es en la interacción donde aprendemos a vivir y a convivir con los demás.

 

 

El neuropsiquiatra lo explica en el libro Nuevas miradas sobre la resiliencia: «El cerebro de las futuras generaciones es ya diferente. Los niños tienen diferentes formas de aprender. Las condiciones materiales nunca han sido tan buenas en general, mientras que las condiciones afectivas han empeorado. Cada vez se ven más niños y adolescentes en los que la empatía no se ha desarrollado. Niños que pueden desarrollar comportamientos más agresivos porque no se dan cuenta del mal que causan a los demás. Así nuestra cultura técnica, que mejora increíblemente los rendimientos de la comunicación, altera las capacidades de relación y emocionales. Los niños que se desarrollan ante la pantalla no comprenden las mímicas faciales y no serán capaces de saber cuándo el otro está contento y cuándo está enfadado, ni hasta dónde se puede llegar. Se pueden decir cosas malvadas que hieran la sensibilidad del otro, pero si tengo una empatía bien desarrollada me detendré, no me lo permitiré todo, porque podría dañar a la otra persona. Si no soy capaz de interpretar las mímicas faciales, entonces sigo sin darme cuenta de hasta qué punto puedo hacer daño. En el futuro corremos el riesgo de que se desarrollen personas cada vez más egoístas y narcisistas. Cuando se trata de egoísmo, sé lo que el otro quiere, aunque pasaré por encima de él. En el caso del narcisismo, no sé lo que el otro quiere, no pienso en ello, porque solo cuento yo».

 

En esta charla de “Aprendemos juntos”, Cyrulnik nos da las claves para fomentar la empatía en los niños.