Debido a que, afortunadamente, el diagnóstico del trastorno de lateralidad se realiza cada vez a edades más tempranas, hasta ahora, hemos dedicado la mayor parte de los artículos de nuestro blog a hablar del trastorno en niños y adolescentes; sin embargo, hay muchas personas que acuden a nuestro centro por primera vez siendo ya adultas. Hoy vamos a hablar de los problemas con los que llegan a la consulta los pacientes que se encuentran en la franja de entre 30 y 50 años de edad (dedicaremos un próximo artículo a los de edad más avanzada, ya que estos presentan algunas diferencias específicas).

Como estos pacientes han tenido que realizar su recorrido vital condicionados por los síntomas del trastorno de lateralidad, suelen tener un historial muy similar: tuvieron que invertir más años de lo habitual en cursar una carrera universitaria, se vieron obligados a escoger una profesión liberal porque sabían que no podrían cumplir con las expectativas y exigencias de un socio o de un jefe, el trastorno ha repercutido en sus relaciones de pareja y/o tienen problemas familiares, y padecen claras dificultades relacionales.

Las condiciones en las que llegan por primera vez a la consulta también son muy similares:  después de haber pasado por más de una depresión, han tocado fondo. Y están agotados. No obstante, hay otro rasgo en común que es muy positivo: todos ellos muestran una gran predisposición a trabajar en terapia para salir de “la carrera de obstáculos” que supone su día a día. «Como los adultos acuden al centro por voluntad propia buscando ayuda, su curación es más rápida que en los niños y adolescentes», explica Joëlle Guitart, la directora de nuestro centro.

 

Problemas de los adultos con trastorno de lateralidad

El trastorno de lateralidad en adultos de 30 a 50 años

Los problemas más comunes de estos pacientes son los siguientes:

  • Tienen que leer varias veces cualquier texto (informes, memorias, etc.) para llegar a entenderlo.
  • Les cuesta un gran esfuerzo concentrarse.
  • Tienen que trabajar más horas que cualquier persona con su mismo cociente intelectual (suelen ser muy inteligentes) para conseguir los mismos resultados.
  • Se sienten continuamente frustrados por su bajo rendimiento y, al mismo tiempo, se exigen mucho para poder conseguir sus objetivos profesionales.
  • Al tener que compensar su lentitud con más horas de trabajo, les queda muy poco tiempo para la pareja y los hijos, lo cual repercute negativamente en su vida familiar.
  • Son insomnes, no duermen más de 3 o 4 horas al día.
  • El estrés constante en el que viven provoca que descuiden su alimentación, motivo por el que suelen tener problemas intestinales.
  • Se infravaloran constantemente.
  • Viven con un alto grado de ansiedad y angustia (muchos son fumadores).
  • Como están exhaustos, es habitual que estén irritables.
  • Por la misma razón que la anterior, abusan de las bebidas estimulantes (café, té, etc.).
  • Sienten que son una carga para su familia. Se sienten culpables.
  • A veces, presentan mucha inestabilidad psicomotriz.
  • En algunos casos, su sistema locomotor está bastante afectado.
  • La frecuencia e intensidad de los bloqueos, propios del trastorno, se han intensificado.
  • Su «yo» (identidad corporal, mental y emocional) es frágil.
  • No tienen conciencia de su cuerpo, no lo han integrado (por esto les cuesta, por ejemplo, conducir o bailar).
  • Tienen poca memoria (ellos lo atribuyen a que duermen poco, pero la causa es el propio trastorno).
  • Problemas relacionales.
  • Entre un 10 y un 15 % son zurdos contrariados.
  • Algunos, cuando eran pequeños, a veces se autocastigaban, y ahora, de mayores, no se cuidan a sí mismos (que es también una forma de castigarse).

 

Particularidades y terapia en los adultos con trastorno de lateralidad

«Su lentitud al hacer frente a sus obligaciones profesionales les quita tiempo para los otros ámbitos de su vida, y el hecho de intentar compensar sus déficits a base de más horas de trabajo les deja exhaustos. Es entonces cuando “caen” y acuden a terapia», explica Joëlle Guitart. «Todos eran conscientes de que tenían un problema, pero no sabían que era de lateralidad. En algunos casos, se enteran de que padecen el trastorno por casualidad: porque cuando iban a la escuela alguien hizo un comentario, porque se lo han diagnosticado en un centro en el que han hecho terapia para la dislexia o porque a uno de sus hijos le han detectado el problema en el colegio (el trastorno de lateralidad es hereditario, por lo que la labor de los centros educativos en este sentido es muy importante).  Casi todos se ven reflejados en el caso de Diego», afirma la especialista.

 

La terapia de lateralidad en adultos

La terapia de adultos es muy semejante a la de los niños y adolescentes, aunque ahondamos en los ejercicios cognitivos y trabajamos algunos aspectos con más intensidad: la estimulación de la abstracción (el hipocampo), porque se bloquean a menudo y no pueden pensar; el ritmo, con el objetivo de que cada vez sean menos lentos; la verbalización de sus problemas, así como la construcción adecuada del «yo» (que su existencia es importante para los otros: para su familia y para la sociedad).

Trabajar la verbalización de sus problemas es un punto crucial, ya que son personas que diariamente viven situaciones angustiantes que no comparten con nadie. Por ejemplo, es muy frecuente que cuando se dirigen a su puesto de trabajo, aparquen muy lejos de la oficina (o cuando vuelven a casa, lejos de ella) y cojan un taxi para llegar. Esto es debido al nerviosismo que les provoca el tráfico intenso: que les puedan pitar o gritar por haber puesto el intermitente contrario, por tardar en aparcar, etc. Prefieren aparcar en un sitio tranquilo, sin presión.

El trastorno de lateralidad, problemas y terapia, en adultos de 30 a 50 años.

Otro punto importante que contribuye a acelerar la recuperación es que sus parejas participen en las fases evolutivas de la terapia, incluyendo las entrevistas de control. Cuando una pareja se implica, le está diciendo a la persona “existes y eres importante para mí”; un mensaje que actúa como motivación y le hace sentirse querida (recordemos que es habitual que la vida de pareja haya desaparecido o esté ya muy deteriorada).

«En el centro, cada cinco meses realizamos un test de evaluación. En los adultos, como son muy constantes, la evolución que experimentan entre los test es enorme. A partir del cuarto test de control, calculamos el porcentaje de curación del paciente y hacemos una estimación aproximada del tiempo que pueda quedar de terapia. Al finalizar el tratamiento, el porcentaje de curación de cada paciente es, al igual que en niños y adultos, como mínimo de un 80 %, llegando en la mayoría de los casos a rozar el 100 %», concluye Jöelle Guitart.