El mes pasado dedicamos un artículo a explicar los problemas específicos de las personas con trastorno de lateralidad que tienen entre 30 y 50 años, avanzando que dedicaríamos un segundo artículo a las de edad más avanzada. Vamos a ver en qué situación suelen llegar estos pacientes a la consulta, ya que, como nunca han sido tratados, presentan situaciones muy similares.

En general, las personas mayores de 60 años con trastorno de lateralidad que acuden a terapia por primera vez son personas con una buena autonomía desde el punto de vista locomotor; no obstante,  suelen presentar problemas de equilibrio: aunque durante algunas épocas pueden caminar sin ayuda, en otras necesitan agarrarse a un bastón o a un acompañante, andan con lentitud, de manera inestable, sufren vértigos y tienen tendencia a desviarse hacia un lado cuando caminan por la calle; es decir, su movilidad no es segura, lo cual repercute en su bienestar emocional y mental.

Otra cuestión que les inquieta mucho es si sus problemas de memoria y concentración son síntomas de la enfermedad de Alzheimer, ya que ignoran que estas dificultades son síntomas propios del trastorno de lateralidad; al igual que la desorientación, que les provoca que, de repente, por ejemplo, no sepan en qué barrio están o que sean incapaces de encontrar su coche.

Sus relaciones de pareja y sociales también se han visto afectadas por el trastorno de lateralidad: en consulta relatan que sus parejas les reprochan sus continuos errores, que no las entienden cuando hablan, que no siguen las conversaciones o que se quedan en blanco cuando están en un grupo, que se sientan perdidos en los lugares donde hay mucha gente, etc. Estas situaciones, al reiterarse durante años, han llegado a minar su autoestima: creen que nadie les aguanta, que son una carga para la familia y se sienten continuamente examinadas porque creen que los demás se percatan de sus dificultades; lo que les genera mucha ansiedad, irritabilidad y, en ocasiones, una actitud de sumisión que, a su vez, les despierta ira.

El trastorno de lateralidad en personas mayores de 60 años

Hay que tener en cuenta que, cuando se trata de mujeres, en la mayoría de los casos han dedicado su vida a ocuparse de la familia, y que casi todos ellos son personas que han tenido una actividad laboral, por lo que a este cuadro hay que sumar la ansiedad provocada por la jubilación. Asimismo, la mayoría de ellas han tenido una vida muy plena, practicando actividades y deportes que ahora no pueden realizar porque les tiemblan las manos o los pies y se han acentuado los problemas de coordinación espaciotemporal (es habitual que tocaran el piano, bailaran, pintaran, esquiaran, etc.).

Por todos estos motivos —y porque sufren de insomnio, porque no pueden hacer nada que requiera precisión manual, porque hay una pérdida de audición y visión, y porque se cansan con excesiva facilidad debido al desgaste de energía que les supone compensar sus problemas de equilibrio—, cuando llegan a la consulta son muy conscientes de que cada vez están yendo a peor, de que su calidad de vida ha quedado muy mermada.

 

La terapia en personas mayores

El tratamiento de estos pacientes se centra, sobre todo, en la parte motriz (coordinación, motricidad facial, vocalización, respiración, relajación, etc.) y verbal. Si bien todos los pacientes con trastorno de lateralidad necesitan que en terapia, además de trabajar los aspectos psicomotores, haya un espacio para poder verbalizar sus experiencias y emociones, en estas personas la necesidad es muy notoria. Como hemos mencionado anteriormente, se trata de hombres y mujeres que han tenido una vida muy rica en muchos aspectos y que ahora sufren enormemente porque ven que su pérdida motriz la está empobreciendo (muchos de ellos han pasado por más de una depresión). Además, hay que señalar que como su bienestar emocional está muy afectado, tienen tendencia a somatizar, lo que les ha llevado a intentar encontrar respuestas a sus dolencias en todo tipo de especialistas y medicinas “naturales” (no toman medicamentos con facilidad), por lo que llegan a la consulta con un gran agotamiento también en este sentido. Es frecuente que manifiesten que sienten la cabeza atolondrada y que se dejen llevar por las dificultades que se les presentan en su día a día (ataques de pánico y angustia), además de ser hipersensibles, extremadamente susceptibles y sentirse muy solos. Por tanto, son pacientes que necesitan mucha escucha, contacto y protección. Al igual que las personas con trastorno de lateralidad de menos edad, estos pacientes responden muy bien al tratamiento (la motivación con la que acuden a la consulta es, si cabe, mayor), logrando una recuperación cercana al 100 % y sin experimentar regresiones posteriores.