Por Susana Lladó

 

“Algunos niños que son diagnosticados de TDAH, en realidad,

tienen problemas de lateralidad”

 

Joëlle Guitart Baudot es directora-fundadora del Centro de lateralidad y psicomotricidad de Barcelona

La lateralización es un proceso que hacemos todos los seres humanos desde que nacemos hasta, aproximadamente, los cinco años de edad: en nuestro cerebro se va conformando una configuración neuronal que, finalmente, si se realiza homogéneamente, nos determina neurofisiológicamente como diestros o zurdos. Sin embargo, en un 25 % de la población, y debido a causas genéticas, este proceso no se realiza homogéneamente: son las personas con trastorno de lateralidad o lateralidad heterogénea; un trastorno que, al bloquear ciertas áreas del cerebro, limita su capacidad intelectual real provocándoles muchos problemas de aprendizaje y también mucho sufrimiento emocional.

 

El trastorno de lateralidad todavía es bastante desconocido

Se descubrió hace tan solo 50 años, lo cual es muy poco tiempo en términos sociales, e incluso médicos. En España, todavía no se estudia en las universidades, a pesar de que en países como Francia, donde yo me formé, sí forma parte de los estudios de Medicina.

 

Un 25 % de la población está afectada por el trastorno. Es una incidencia muy alta

Al ser todavía poco conocido, a menudo sus síntomas se confunden con los de otras patologías. Los diagnósticos erróneos provocan que los niños con el trastorno, y sus familias, tengan que hacer todo un periplo por logopedas, clases de refuerzo, psicólogos, e incluso psiquiatras, antes de llegar a nuestro centro.

 

Se pierde un tiempo muy valioso

Sí, porque además de prolongar el tiempo de retraso escolar que se da en los niños afectados, se prolonga también su sufrimiento, que es enorme.

 

Cuanto más alto es el CI, más sufrimiento, ya que el niño es más consciente de que hay un problema.

 

¿Por qué sufren tanto?

Lo habitual es que sean niños con un cociente intelectual normal, e incluso alto o muy alto (hemos tratado casos de niños que son superdotados). Imagínese su frustración al ver que, pese a sus muchas horas de estudio y a su esfuerzo constante, no son capaces de aprobar las asignaturas, y que todo se les hace una montaña. Para ellos es desesperante porque no entienden los motivos. Se ven diferentes, y esto les causa ansiedad porque, por ejemplo, ven a compañeros que estudian menos y que, en cambio, sacan mejores notas. Muchos de ellos llegan a la consulta diciendo “soy tonto”. Cuanto más alto es el CI, más sufrimiento, ya que el niño es más consciente de que hay un problema.

 

¿Y los padres?

Muchos padres, antes de llegar al centro, creen que su hijo es vago, que, en realidad, pasa de todo o que sus capacidades intelectuales están por debajo de lo normal. Ellos también sufren. Hay mucha impotencia y preocupación en estas familias.

 

¿Qué es lo que limita su capacidad intelectual?

El bloqueo u obstrucción en los influjos nerviosos. Cuanta más lateralidad, más bloqueo se produce en el sistema nervioso. Del mismo modo que, cuantos más años transcurren sin tratar el trastorno, más retención neurofisiológica se produce. Por esto es fundamental la detección temprana.

 

El ritmo de vida actual de la mayoría de las familias no ayuda; ni tampoco hábitos que se están generalizando, como “enchufar” al niño al ordenador o a la tele, o saturarlo de actividades extraescolares.

 

Retrocedamos un poco. ¿En qué consiste el proceso de lateralización?

La lateralización de cada persona queda definida en función de cómo se establecen sus redes neuronales hasta, generalmente, los cinco años de edad. Si el proceso se realiza correctamente, el niño lateralizará a la derecha o a la izquierda. El problema se presenta cuando el niño hereda los genes de un progenitor que no tiene esta lateralidad homogénea. Es cuando hablamos de trastorno de lateralidad.

 

Es decir, la lateralidad, tanto si es homogénea como si es heterogénea, es hereditaria

Así es. La lateralización viene dada por el código genético heredado. Si ninguno de los dos progenitores sufre el trastorno, el niño no podrá “heredarlo”. Si uno de los dos progenitores tiene lateralidad heterogénea, entonces existe la posibilidad de que el hijo la herede.

 

¿Es un proceso en el que se puede intervenir?

La lateralización se hereda, pero hay factores sociales que pueden intervenir y condicionar el proceso. Por ejemplo, si un niño se está lateralizando como diestro, pero tiene un padre zurdo con el que siente una gran identificación, es probable que empiece a imitarlo, cambiando su lateralización natural. También es muy frecuente que los niños zurdos, cuando empiezan a ir a la escuela, imiten a los niños diestros para no sentirse diferentes.

 

Deberíamos estar atentos a la lateralización que muestra el niño

Sí, observarle. Si sé que es diestro o zurdo, cuando le doy un objeto, por ejemplo, no debería tendérselo en dirección a la otra mano.

 

El trastorno condiciona por completo la vida del afectado. Al verse limitada su capacidad intelectual real y presentar enormes problemas de aprendizaje, todo su desarrollo, incluido el emocional, se ralentiza.

 

Los aspectos psicológicos influyen en el proceso

Sí, con mucha frecuencia. En ocasiones, vemos que cuando un niño no tiene una buena relación con el padre o la madre, hace una crisis de oposición para diferenciarse, para no parecerse al progenitor con el que tiene el conflicto. Esto incluye lateralizar justo al revés que ese progenitor. En las personas con trastorno de lateralidad suele haber un componente emocional que también hay que tratar en la terapia.

 

El ambiente familiar cobra mucha importancia

Desde luego. El estrés agudiza los síntomas del trastorno, bloqueando al niño. El ritmo de vida actual de la mayoría de las familias no ayuda; ni tampoco hábitos que se están generalizando como “enchufar” al niño al ordenador o a la tele, o saturarlo de actividades extraescolares. Los niños necesitan que los padres les dediquen tiempo y que este sea de calidad: que los escuchen, jueguen con ellos, cenar todos juntos sin la televisión encendida, que les lean en voz alta…

 

Me temo que pocos padres tienen tiempo para leerles libros a sus hijos

Cuando el padre o la madre lee en voz alta, está haciendo mucho más que leer: le está transmitiendo mucha información a su hijo a través del tono de voz, de la emoción. Los niños con lateralidad tienen dificultades para la abstracción, por eso les cuesta tanto entender lo que leen, pero, en cambio, tienen mucha memoria visual y auditiva. Este tipo de comunicación es fundamental para ellos.

 

De qué manera concreta afecta el trastorno a la persona que lo padece

El trastorno condiciona por completo la vida del afectado. Al verse limitada su capacidad intelectual real y presentar enormes problemas de aprendizaje, todo su desarrollo, incluido el emocional, se ralentiza. Son niños (y también adultos no tratados) con dificultades para leer, escribir, concentrase, comunicarse, orientarse en el espacio y en tiempo; con problemas de equilibrio, apatía, desmotivación, lentitud, hipertonía o hipotonía…

 

Para hacer un diagnóstico correcto que permita, posteriormente, llevar a cabo la terapia adecuada en cada caso, es imprescindible realizar un test completo de lateralidad que incluya la lateralización de mano, ojo, pierna estática, pierna dinámica, motricidad facial, cervicales y oído.

 

Qué es la hipertonía y la hipotonía

Todos los niños con problemas de lateralidad tienen un problema de tensión neuromuscular. Algunos son hipotónicos; es decir, lentos al realizar las tareas, no se les pueden dar varias consignas a la vez, se bloquean con mucha facilidad y presentan una gran ansiedad e infravaloración; los hipertónicos también son muy inquietos, pero a diferencia de los hipotónicos, son muy ágiles y quieren hacerlo todo a la vez. Si se bloquean, es justo por la precipitación.

 

¿Cómo diagnostican el trastorno?

Este es un punto importante. Para hacer un diagnóstico correcto que permita, posteriormente, llevar a cabo la terapia adecuada en cada caso, es imprescindible realizar un test completo de lateralidad que incluya la lateralización de mano, ojo, pierna estática, pierna dinámica, motricidad facial, cervicales y oído.

 

Actualmente se habla mucho del TDAH (trastorno por déficit de atención e hiperactividad), ¿tiene alguna relación con la lateralidad?

Se está utilizando esta palabra con mucha facilidad. Lo que constatamos en consulta es que algunos niños que han sido diagnosticados de TDAH, en realidad tienen problemas de lateralidad, son hipercinéticos. No es que sean hiperactivos, viven en un entorno “inquieto”. Si los padres viven con un gran estrés, no pueden esperar que su hijo sea tranquilo. Se les suele medicar para que se concentren más, pero luego, esta misma medicación les causa problemas para dormir y también pérdida de apetito.  La medicación no es la solución.

 

El trastorno de lateralidad se cura. Como la terapia es psicomotriz, no hay recaídas posteriores.

 

¿En qué consiste la terapia?

La terapia es psicomotriz, para revertir la lateralización heterogénea a través de la reeducación neuromuscular, y se lleva a cabo con un apoyo emocional. Se trabajan los aspectos relacionados con la lateralidad: relajación, respiración, esquema corporal, el lenguaje, las matemáticas, la capacidad lógica, el bloqueo mental, la coordinación locomotriz, la parte emocional, etc.

 

En su centro han tratado a más de 40.000 personas con trastorno de lateralidad

Sí, desde que fundé el centro en 1970. El 97 % de estos pacientes se ha curado, sin regresiones.

 

Es un porcentaje muy alto de curaciones

Cuando el trastorno se diagnostica bien (de ahí la importancia del test completo que mencionaba antes) y se realiza una terapia personalizada, el trastorno de lateralidad se cura. Como la terapia es psicomotriz, no hay recaídas posteriores. También es muy importante resaltar que, una vez curada, la persona ya no puede transmitir el trastorno a sus hijos.

 

Después de 40 años como terapeuta, ¿qué es lo que destacaría de su experiencia con los pacientes?

Que la terapia les cambia la vida radicalmente. Algunos adultos, cuando se curan, nos dicen “He vuelto a nacer”.