Hace unos días, publicamos una entrevista a una expaciente del centro, Laia, que había sufrido trastorno de lateralidad y dislexia. Durante la conversación, Laia nos explicó su experiencia y el proceso de su curación. Y también que su hijo Pau ha heredado el trastorno de lateralidad de su padre; es decir, de su marido. En esta segunda entrevista, Laia nos habla, como madre, del caso de su hijo.

 

«El trastorno de lateralidad, una vez tratado, no es como un constipado: no hay recaídas»

 
¿Cómo y cuándo se dieron cuenta de que Pau tiene el trastorno de lateralidad?

El pasado mes de diciembre tuvimos una reunión con su maestra: nos dijo que Pau se distraía, pero que, como es el más pequeño de su clase (entonces, faltaba poco para que cumpliera cinco años), debía tratarse de un problema de maduración. Y nos recomendó llevarle al oftalmólogo y al otorrino. Pero yo no me quedé conforme con esa explicación, aunque le llevamos al oftalmólogo y resultó ser una buena decisión.

 

¿Por qué no se quedó conforme?

Al haber tenido yo misma el trastorno hace años, desde que nació Pau — y a pesar de que yo me curé y no podía transmitírselo— he estado siempre muy pendiente de cualquier posible síntoma. Antes de esperar a que “madurara”, preferí llamar al centro y que le hicieran el test.

 

¿No comentaron con la maestra la posibilidad de que Pau tuviera el trastorno?

Sí, pero ella lo descartó porque tiene una hija con dislexia, a la que habían tratado en otro centro, y decía que Pau no tenía los mismos síntomas que ella. Pero entonces, un día la profesora hizo un comentario que me puso en alerta.

 

¿Qué comentario?

Me dijo que el terapeuta de su hija le había comentado que, si la niña tenía una recaída, podía volver. El trastorno de lateralidad, una vez tratado, no es como un constipado: no hay recaídas.

 

¿Por qué le llevaron al oftalmólogo?

Tanto su padre como yo llevamos gafas. Tuvimos suerte porque el oftalmólogo le dio un diagnóstico preciso de falta de maduración en un ojo. La mayoría de especialistas le hubieran derivado a un optometrista.

 

¿En el colegio no habían detectado ningún otro síntoma?

El profesor de inglés del colegio también nos había comentado que le costaba mucho cambiar de una actividad a otra. Pero salvo que se distraía y esto último, no habían detectado nada más. Y ambos síntomas los atribuían a que es el más pequeño de su clase.

 

¿Qué otros síntomas presenta Pau?

Le cuesta aguantar la postura, debido al tema de la hipotonía.

 

¿Él sabe que sufre trastorno de lateralidad?

La verdad es que no ha hecho falta explicarle nada. Después de la primera prueba que le hicieron en el centro, Joëlle Guitart, la directora, le pidió que saltara a la pata coja por el pasillo y le costó. Pau, simplemente, comentó: “Me trabajarán el equilibrio”. Él se ha dado sus explicaciones.

 

¿Cómo lo vive?

Externamente, no muestra signos de que suponga un problema para él. No obstante, cuando profundizamos un poco en las charlas, sí que comenta que nota las diferencias respecto a otros niños. Lo que ocurre es que Pau es muy cabezón y, con mucha constancia, termina por hacer lo que se propone. Es cierto que no tiene las mismas habilidades que los otros niños, pero eso no le impide hacer nada.

 

¿Es un intrépido?

No, no es eso: Pau no se lanza. Es consciente de que hay cosas que les cuestan, pero mira, observa y piensa cómo lo puede hacer. Es muy persistente. Por ejemplo, se empeñó en jugar a fútbol, aunque para él es difícil. Lo decidió por un tema social, quiere estar allí, jugando con y como los otros niños porque tiene un carácter muy abierto.

 

¿Qué diferencias percibe Pau?

Delante de casa hay un parque. Hasta hace poco, no quería ir porque los niños de su edad ya van en bicis de 2 ruedas y él todavía utiliza cuatro. La falta de equilibrio es uno de los síntomas del trastorno de lateralidad.

 

Como padres, ¿Qué hacen ustedes ante este tipo de situaciones?

Tienes que ir observando. El tema del equilibrio, también era un problema, por ejemplo, para que fuera en patinete. Cuando tenía dos años, le regalamos uno, y siempre se iba hacia la pared porque los patinetes de ahora tienen 2 ruedas delante y una detrás. Le hemos encontrado uno de los de antes.

 

Pau lleva cinco meses en tratamiento, ¿cómo fue su primer contacto con el centro?

Fantástico. Como yo ya había sido paciente del centro hace algo más de veinte años, le pude explicar lo que haría allí. Está encantado con Luis Elías, el terapeuta que le han asignado. Un día, Luis tuvo que cancelar la sesión y Pau preguntó por qué no podía ir al tratamiento. No le gusta que le “quiten” un día de terapia. Se queda muy a gusto en el centro. Cuando le dejamos allí, ¡ni se despide de nosotros!

 

¿Cómo está siendo la evolución de Pau con el tratamiento?

Muy buena. Ahora está mucho más tranquilo y relajado porque se siente más seguro. El equilibrio, por ejemplo, ha mejorado muchísimo. Cuando solo llevaba un mes y medio de terapia —y se suponía que todavía estaba en periodo de adaptación—, un día empezó a dar más de 30 saltos seguidos a la pata coja sin poner el pie en el suelo (antes daba, como mucho, tres). Todo indica que la recuperación será muy rápida. No solo lo notamos en casa, las evaluaciones del centro y las del colegio coinciden. Y la maestra dice que ya no está tan “out” en clase. Incluso ha vuelto a hacer teatro.

 

¿Lo había dejado?

Sí, los tres estábamos en un grupo de teatro, pero Pau lo había dejado porque empezó a tener miedo a equivocarse con los textos, como se equivocaba en el colegio. Ahora lo ha superado.

 

¿Qué tanto por ciento de lateralidad cruzada tiene Pau?

Un 36 %. La recuperación mínima es un 80 % de ese 36. Cuando lleguemos a esa meta, seguiremos trabajando. El cruce que pueda quedar, si queda, será mínimo. Pero nosotros no tenemos el objetivo de que sea el mejor en nada, queremos que sea feliz.

 

¿Qué les diría a los padres de otros niños con trastorno de lateralidad?

Como madre, les diría que vale la pena que vayan a hacer la primera entrevista y el test, y cuanto antes mejor porque la detección temprana es fundamental para la que la recuperación sea más rápida. Si el test de Pau hubiera dado negativo, yo hubiera “tirado” ese dinero gustosamente.

 

Su marido supo que tiene el trastorno de lateralidad a raíz de la evaluación de Pau

Sí, mi marido desconocía los síntomas del trastorno. Cuando la directora del centro describió los de Pau, él se dio cuenta de que esa descripción también le describía a él. Le hicieron las pruebas y el test confirmó sus sospechas.

 

En los próximos días, publicaremos la entrevista con Jordi, el marido de Laia.