Kevin vino por primera vez a nuestro centro hace dos años y medio porque sus problemas de lateralidad le impedían conservar sus puestos de trabajo y porque el trastorno de lateralidad había afectado también a todos los otros ámbitos de su vida. El diagnóstico, después de realizarle el test, fue de hipotonía con tres cruces de lateralidad: pierna estática-pierna dinámica, oído-motricidad facial y cervicales, y brazo/mano-ojo. Actualmente, está a punto de terminar la terapia de lateralidad (se le ha lateralizado a la derecha), ya que se ha recuperado en un 90 %. En esta entrevista nos explica, con una naturalidad que le agradecemos, cómo ha vivido todo este proceso, desde que era niño hasta ahora.

 

¿Cuándo supiste que tenías el trastorno de lateralidad?

Hace siete años, aproximadamente; cuando tenía 20.

 

¿Cómo lo supiste?

En aquel entonces estaba estudiando el Grado Superior de Educación Infantil y, durante un ejercicio grupal en el que teníamos que bailar, la profesora, que era psicóloga, se dio cuenta de las enormes dificultades de coordinación que tenía. Ella fue la primera persona que me dijo que tenía problemas de lateralidad.

 

¿Cómo reaccionaste?

En aquel momento no le di importancia, porque pensaba que no la tenía, y no hice nada para solucionarlo.

 

¿Qué pasó después?

Al terminar los estudios y ponerme a trabajar a jornada completa, me di cuenta de que necesitaba ayuda porque no podía hacer bien mi trabajo. De hecho, antes de esto, ya había tenido varios trabajos como camarero y nunca duré más de dos semanas porque no podía seguir la jornada laboral. No podía rendir como quería y como se esperaba de mí.

 

¿Qué es lo que no podías hacer?

Me costaba mucho aprender, acordarme de las cosas, concentrarme, prestar atención…

 

¿Cómo te sentías?

Tenía la autoestima por los suelos porque me daba cuenta de que no podía valerme por mí mismo. Al haber durado tan poco en los trabajos, me costaba mucho ir a dejar currículos. Me daba miedo que no me cogieran.

 

Cuándo trabajabas como camarero, ¿qué es lo que te costaba?

Me costaba todo: aprender a hacer un café, prestar atención, entender lo que se me decía, acordarme de lo que me habían pedido…Era un cúmulo de cosas que para la mayoría de las personas son muy fáciles de hacer y que para mí eran muy complicadas. Y eso me ponía muy nervioso.

 

¿Nunca notaste estas dificultades cuando eras pequeño?

Bueno, de pequeño siempre tuve problemas en el colegio para seguir las clases y aprender. Sobre todo, tenía problemas de atención y comprensión. Y también giraba los números al escribirlos. Suspendía mucho y repetí curso. Siempre fui diferente al resto de los niños de mi clase y ellos me lo hacían notar. Me sentía excluido. Además, siempre estaba como fatigado, en el colegio pensaban que quizá tenía anemia.

 

Y tú, ¿a qué atribuías tu bajo rendimiento escolar?

Yo lo atribuía a que tenía menos capacidad intelectual que ellos, a que era menos inteligente. Ahora sé que me inteligencia solo estaba bloqueada.

 
«En tres o cuatro meses empecé a notar la diferencia: me sentía mejor, hacía más cosas, aprendía más rápido y tenía más confianza. Estaba como más suelto, me desenvolvía mejor. Me quité muchos miedos y volví a trabajar»
 

¿Tus padres no te llevaron a algún especialista?

Mi madre, que es con la que vivía porque mis padres ya estaban separados, nunca tuvo la información que le pudiera hacer pensar que debía llevarme a un especialista en lateralidad. Sí me llevó a un especialista en dislexia, cuando yo tenía diez años, para solucionar el tema de los números. Estuve yendo unos dos años, aproximadamente, pero claro, aunque tenía un problema de dislexia, ahora sé que este problema se debía a otro más grande: el de lateralidad. Ir allí solo hizo que llegara a escribir bien los números, pero no cambió nada de todo lo demás. 

 

¿Cómo te hacía sentir creer que eras menos inteligente que los otros niños?

Me sentía muy frustrado. No tenía confianza en mí mismo y me costaba mucho socializar porque me costaba hablar.

 

¿Por qué te costaba hablar?

Porque pensaba que diría cosas sin demasiado sentido para los demás. 

 

¿Cuál era tu mayor temor?

No sentirme aceptado.

 

¿Cuándo te diagnostican el trastorno de lateralidad?

Después de las dificultades que te he explicado que tuve en el último trabajo, decidí buscar ayuda. Estuve mirando mucho en Internet y me di cuenta de que en España no hay estudios especializados sobre lateralidad y de que el único centro que estaba especializado en el tema era el de Joëlle Guitart. 

 

¿Cómo viviste el diagnóstico?

Bien, muy bien, porque pensé que se me había solucionado la vida.

 

¿Solo por el hecho de ser diagnosticado?

Sí. En ese momento, por fin sabía lo que me pasaba, por qué me pasaba y que tenía solución. Tuve una gran alegría al saber que lo que me pasaba no duraría toda la vida. Y así ha sido. 

 

¿Cuándo empezaste la terapia?

Hace algo más de dos años y medio. He estado yendo una vez a la semana.

 

Y estás a punto de terminarla porque ya te has recuperado

Sí, solo me quedan unas semanas más.

 

¿Cómo afrontaste el inicio de la terapia?

Con mucha ilusión. Tenía muchas ganas de trabajar duro para recuperarme personalmente, intelectualmente, emocionalmente y como persona. Aunque supuso un gran esfuerzo.

 

¿En qué sentido?

La terapia tenía un coste económico que era elevado para mí porque en aquel momento yo no trabajaba. Pero sabía que necesitaba ayuda muy especializada para curarme; una ayuda que no me podían ofrecer en otros sitios. Además, como vivo a 40 kilómetros de Barcelona, también suponía un coste en transporte. 

 

¿Cómo ha sido tu evolución durante la terapia?

En tres o cuatro meses empecé a notar la diferencia:  me sentía mejor, hacía más cosas, aprendía más rápido y tenía más confianza. Estaba como más suelto, me desenvolvía mejor. Me quité muchos miedos y volví a trabajar. Empecé a sentirme autónomo.

 

¿Hay algún aspecto de la terapia que te haya resultado difícil?

No voy a decir que algunas cosas no me han costado, pero es normal: si no costaran, no habría cambios. Pero yo creo que, si te la tomas sin ser demasiado autocrítico, el esfuerzo que requiere no lo vives como un gran esfuerzo. Lo que es muy importante es asistir a todas las sesiones, ser constante y hacer un seguimiento. Y me han sido de gran ayuda los consejos de los terapeutas.

 

¿En qué sentido?

Ellos saben lo que te pasa y cómo te sientes. Todo lo que me han dicho para ayudarme cuando me ha preocupado algo o me ha pasado cualquier cosa me ha servido mucho.

 

Ahora que vas a terminar la terapia, ¿cómo te sientes?

Siento que voy a dejar atrás el trastorno de lateralidad y que voy a poder mirar hacia el futuro, y con más recursos. Con la terapia, cambia tu vida. Voy a poder tener una vida muy diferente a la que tenía antes. Lo peor ya ha pasado, ahora viene lo mejor.

 

¿Qué les dirías a las personas que tienen el trastorno y que todavía no han iniciado la terapia o la están empezando?

¡Que, si me volviera a pasar lo mismo, volvería a hacer la terapia porque ha valido la pena! Que el sacrificio y el esfuerzo acaban compensando, con creces.

 

Acabas de escribir un libro

Sí, es una novela; no es sobre el trastorno, aunque no descarto hacerlo.

 

 
«Ahora, después del tratamiento, me siento capaz de hacer cualquier cosa porque me veo capacitado»
 

¿Te gustaría compartir tu experiencia?

Sí, porque ha sido un proceso muy importante para mí que ha cambiado mi vida radicalmente. Ha sido como pasar de la noche a la mañana. Soy otra persona.  Noto que mi mente de ahora es muy diferente a la de hace tres años.

 

¿A qué te refieres?

Ahora tengo mucha más agilidad mental. Antes me bloqueaba con todo. Ahora, no. Ahora tengo más facilidad para pensar, para escoger la mejor opción cuando pienso en algo, para tomar decisiones. Es como si hubiera cambiado algo en mí, y lo noto constantemente.

 

Actualmente, ¿estás trabajando?

Sí, desde hace un año, y me va muy bien.

 

¿A qué te dedicas?

Trabajo en un supermercado. Y, a veces, me ponen en la caja porque se me da bien. Puedo devolver el cambio haciendo el cálculo mentalmente, sin mirar la pantalla, y con rapidez. ¡Antes hubiera sido imposible! También noto que ahora puedo buscar soluciones cuando pasa cualquier cosa: no necesito llamar a nadie para que me ayude.

 

¿Ya no quieres ser maestro?

No lo descarto, pero lo que quiero es ser es escritor. Me gustaría seguir escribiendo. Y me estoy sacando el carnet de conducir, ya estoy haciendo las prácticas, y tomando clases de baile.

 

¿Crees que hace unos años te hubieras podido sacar el carnet de conducir?

No, seguro que no. No hubiera podido estudiar los temas y me hubiera sentido incapacitado delante del volante. ¡Ahora voy con el coche por todas partes! Estoy haciendo todo lo que antes no podía hacer.

 

¿Quieres añadir algo más?

Sí, que antes tenía muchos límites que ya no tengo. Y eso hacía que yo también me pusiera más límites. Tenía barreras en casi todo. Ahora, después del tratamiento, me siento capaz de hacer cualquier cosa porque me veo capacitado. Y como ya no me veo inferior a los demás, me relaciono con cualquier persona sin problema. Además, he ganado en inteligencia emocional: soy más empático y tengo más herramientas, y esto también ha contribuido a mejorar mis relaciones interpersonales.