Hoy, 21 de septiembre, se celebra el Día Mundial del Alzheimer; una patología que, actualmente, sufren 50 millones de personas en el mundo y que se prevé que en 2050 afecte a 135 millones; ya que, según la organización Alzheimer’s Disease International (ADI), cada 3 segundos, alguien en el mundo desarrolla demencia y el Alzheimer representa el 70 % de los casos (de demencia).

 

 

En nuestro país, según la Sociedad Española de Neurología (SEN), hay 800.000 personas con Alzheimer y cada año se diagnostican 40.000 nuevos casos. Sin embargo, si tenemos en cuenta que esta enfermedad también afecta a los familiares y cuidadores de estas personas, la cifra de afectados por el Alzheimer en España se eleva a 4,5 millones, según la Confederación Española de Alzheimer (CEAFA).

Como sabemos, el Alzheimer provoca el deterioro de la memoria, el intelecto, el comportamiento y la capacidad para desenvolverse en la vida diaria, por lo que es la principal causa de discapacidad y dependencia entre las personas mayores, a pesar de que la demencia no constituye una consecuencia normal del envejecimiento.

 

El lema de este año: ‘Alzheimer ConCiencia Social’

 

 

Hoy, en el Día Mundial del Alzheimer, todas las organizaciones que trabajan de una u otra forma en este problema de salud pública hacen un llamamiento a los gobiernos de todo el mundo para que desarrollen planes más efectivos para abordar la enfermedad, y solicitan la implicación de toda la sociedad en la creación de conciencia sobre el impacto de la demencia: es imperativo dedicar más recursos a la investigación, a la información, a reducir los estigmas, a mejorar el acceso a un diagnóstico temprano y a la atención de las personas afectadas porque, a pesar de que la demencia puede empezar a desarrollarse en el cerebro hasta 20 años antes de su inicio, con frecuencia el diagnóstico se realiza demasiado tarde; lo que impide poder ofrecer una atención más efectiva, aunque la enfermedad siga sin tener cura. Tal como reclama la directora ejecutiva de ADI, Paola Barbarino, en ausencia de un tratamiento para la enfermedad, además de dedicar recursos a la investigación biomédica, deben dedicarse recursos a la investigación del cuidado de las personas que padecen demencia.

Asimismo, desde la SEN insisten en que, dado que aún no existe cura para esta enfermedad, mejorar los tiempos de diagnóstico y tomar medidas para lograr que la población envejezca de forma saludable, son actualmente las mejores medidas de las que disponemos para poner freno al Alzheimer. De hecho, se cree que llevar hábitos de vida saludables podría reducir hasta un 40% los casos. La doctora Sagrario Manzano, coordinadora del Grupo de Estudio de Conducta y Demencias de esta organización, señala: “Aunque la enfermedad no tenga cura, existen tratamientos que, al menos por un tiempo, consiguen detener o ralentizar la progresión de la enfermedad. Por lo tanto, un tratamiento precoz permitiría estabilizar al paciente en las fases más leves de la enfermedad y retrasar la evolución unos años, lo cual es fundamental para mejorar la calidad de vida de los pacientes”.