En todas las personas, el proceso de lateralización finaliza a los 4 o 5 años. Es decir, a esta edad ya se ha establecido una dominancia del hemisferio izquierdo o derecho. Esta preferencia o prevalencia determina el lado del cuerpo con el que realizamos las funciones y actividades cotidianas principales. Si la lateralización es claramente de dominio derecho, hablamos de personas diestras; si es de dominio izquierdo, hablamos de personas zurdas. Lo importante es que la lateralidad esté bien y claramente establecida; es decir, tener una lateralidad homogénea u homolateral (derecha o izquierda), ya que es lo que nos va a permitir un buen desarrollo neurofisiológico, mental y emocional. Cuando hablamos de “lateralidad bien establecida” no solo nos referimos a con qué mano escribimos, comemos, asimos los objetos, etc.: la lateralidad queda establecida asimismo para el ojo, el oído, el pie, la pierna estática y la pierna dinámica.

Debido a causas genéticas (hereditarias), en algunas personas este proceso de lateralización no se produce adecuadamente: el predominio de la mano, ojo, oído, pie y pierna se establece en diferentes lados del cuerpo: por ejemplo, una persona puede ser zurda de mano y diestra de ojo o de pie. En estos casos, hablamos de lateralidad cruzada, lateralidad heterogénea o trastorno de lateralidad. Tal como recalcamos habitualmente, la causa o etiología de este trastorno no es una lesión cerebral, una deficiencia mental ni un problema de desestructuración de la personalidad. No estamos delante de un problema psicológico o psiquiátrico, sino delante de un trastorno neurofisiológico heredado en el momento de la concepción (puede heredarse del padre o de la madre, y no todos los hermanos lo heredan) que tiene cura.

 

La tartamudez como síntoma de lateralidad cruzada

La tartamudez como síntoma de lateralidad cruzada

En las personas con lateralidad cruzada los impulsos nerviosos que estimulan las neuronas del cerebro no efectúan de manera adecuada el recorrido hacia los lóbulos cerebrales (no lo hacen de manera homolateral), motivo por el quedan entrecortados o bloqueados parcialmente. Dependiendo del lóbulo o lóbulos afectados, la persona presentará unos síntomas u otros: entre ellos, dislexia, dificultades de cálculo y abstracción, enuresis, tics, hiperactividad, torpeza motriz o tartamudez (En España, 467 mil personas tartamudean). En otras palabras: la tartamudez es un síntoma de lateralidad cruzada, si bien no todas las personas con lateralidad heterogénea presentan tartamudez (de la misma forma que no todas tienen dislexia u otro síntoma de una lateralidad mal establecida). Del mismo modo, también hay que precisar que la tartamudez suele manifestarse cuando la persona presenta un síntoma añadido, ya sea psicológico u orgánico: en el centro hemos tratado pacientes con tartamudez en los que confluía el trastorno de lateralidad y un problema relacional, de introversión o de crisis de oposición con el padre (desacuerdo emocional con el progenitor), por citar tres casos relativamente habituales.

 

La tartamudez tiene tratamiento eficaz

La tartamudez como síntoma de lateralidad cruzada

Como hemos apuntado, la causa de la tartamudez, o disfluencia en el habla, es una lateralidad mal establecida, aunque suela requerir un factor externo para manifestarse. Por lo tanto, el tratamiento debe ser un tratamiento de lateralidad; no un tratamiento de logopedia.

En primer lugar, será necesario realizarle al paciente un test completo de lateralidad (mano, ojo, pie, etc.) para determinar cómo ha establecido su lateralidad cruzada y en qué grado. Los resultados de esta batería de pruebas determinarán la terapia a seguir, la cual siempre es personalizada. Asimismo, cabe puntualizar que, al inicio del tratamiento, nunca abordamos el síntoma directamente, ya que podría ser contraproducente para el lóbulo afectado:  empezamos la terapia trabajando la base; es decir, lateralizando al paciente de manera homolateral y después, teniendo en cuenta los resultados de los test de control, seguimos fase a fase hasta su recuperación (esta se produce, como mínimo, en un 80 % y, en algunos casos, por completo).

Otro aspecto a destacar de la terapia para la tartamudez como síntoma de lateralidad es la importancia del transfer paciente-terapeuta (la forma en la que paciente y terapeuta se relacionan, la cual funciona como herramienta diagnóstica y también de curación). En nuestra experiencia de más de 40 años tratando a personas con el trastorno, hemos observado que en los pacientes con tartamudez que establecen una buena transferencia, la recuperación se realiza antes y en un grado superior al 80 %.  Por último, señalar que al igual que cualquier otro paciente, cuando una persona con tartamudez termina el tratamiento, no solo no presenta recaídas en el futuro: tampoco transmitirá el trastorno a sus hijos si tiene descendencia.