Las personas que no tienen bien definida la lateralidad presentan problemas de coordinación corporal que se manifiestan desde edades muy tempranas: recordemos que a los cinco años la lateralidad de un niño ya debería estar configurada homolateralmente a la derecha o a la izquierda.

 

Las dificultades de coordinación en el deporte y sus consecuencias

 

Lateralidad: las dificultades de coordinación en el deporte

Estas dificultades relacionadas con la motricidad afectan a la adquisición de importantes y diversos aprendizajes que se realizan durante las primeras etapas de la vida, como la lectoescritura. Pero los problemas de coordinación corporal propios del trastorno de lateralidad también causan dificultades en la práctica de actividades como el deporte, aprender a ir en bicicleta o bailar; dificultades que provocan consecuencias secundarias en los pacientes, ya que son actividades mediante las que las personas socializamos.

“La mayoría de los pacientes que tratamos tienen dañada su autoestima porque, en mayor o menor medida, han sentido el rechazo de su entorno social debido a estas dificultades. Este rechazo provoca inseguridad, frustración, aislamiento, ansiedad y, en algunos casos, cuando es grave, incluso acoso escolar.  Es fundamental detectar estas dificultades de coordinación cuanto antes porque trabajándolas en terapia le evitaremos al niño un sufrimiento innecesario en el futuro. Pensemos que todas estas experiencias negativas marcan las líneas de la futura personalidad del niño y de cómo se va a desenvolver socialmente”, explica Luis Elías, psicólogo de nuestro centro.

 

Motricidad gruesa y motricidad fina

 

Los problemas de coordinación son una consecuencia de las dificultades en el desarrollo de las destrezas motoras. Estas destrezas pueden implicar movimientos simples o diversos movimientos que se realizan simultáneamente, como la destreza oculomanual: una habilidad compleja que requiere que los ojos focalicen en un objeto mientras la mano ejecuta una tarea.

Lateralidad: las dificultades de coordinación en el deporte

Asimismo, los problemas de coordinación (sobre todo, cuando nos referimos a la motricidad) pueden estar relacionados con la motricidad gruesa o con la motricidad fina. De la primera dependen los movimientos motrices complejos, como saltar a la comba, lanzar objetos o chutar una pelota. De la segunda dependen las actividades que requieren coordinación oculomanual y coordinación de los músculos cortos, como recortar, dibujar, etc.

En terapia se trabajan simultáneamente los dos tipos de motricidad, así como la coordinación en general, mediante ejercicios específicos que se adaptan a cada niño en función de los resultados del test de lateralidad. Estos ejercicios, además, se llevan a cabo bajo la supervisión de un terapeuta especializado. “Es muy raro que a un niño no le guste la actividad física. Cuando un niño se niega a hacer deporte no es porque no le gusta, sino porque teme que se burlen de él. A medida que el paciente es consciente de su progreso, los miedos y la inseguridad también disminuyen. Cada vez se atreven a hacer más cosas y van mejorando sus relaciones sociales”, añade Elías.

 

Las dificultades de coordinación en adultos

 

Al no haber tratado su lateralidad cruzada prematuramente, las personas con dificultades de coordinación que inician la terapia de lateralidad en la edad adulta han desarrollado capas de protección y sistemas de evitación para gestionar su miedo al rechazo. Este blindaje emocional requiere llevar a cabo un trabajo terapéutico más intenso con estos pacientes, por lo que su evolución puede ser más lenta que la de un niño o un adolescente.

“Con ellos también hay que trabajar los aspectos emocionales que les van a permitir implicarse en la terapia: los ejercicios requieren constancia y, por lo tanto, voluntad y una determinada actitud. Muchos de ellos llegan con una motivación muy baja a causa de sus malas experiencias vitales. La intervención terapéutica les ayuda a ir superando los bloqueos. En cuanto superan esta fase, la recuperación empieza a ser paulatina, como en los niños, o incluso más rápida.  Recuerdo el caso de un paciente al que le gustaba mucho bailar, pero era incapaz de dar dos pasos coordinados cuando llegó al centro: estaba completamente bloqueado, mental y físicamente. Sin embargo, su motivación para apuntarse a clases de salsa era tan grande que abordó la terapia con una actitud excelente. Al ir constatando la evolución que iba experimentando, fue adquiriendo confianza en sí mismo. Actualmente, va a clases de baile tres veces por semana.  Menciono este caso porque la motricidad es clave para que una persona pueda integrarse socialmente y no se sienta excluida”, concluye el especialista.