Los problemas de concentración, junto con la lentitud, son el motivo de consulta más frecuente entre las personas con trastorno de lateralidad. Esto se debe a que los problemas de concentración son un síntoma de lateralidad cruzada; es decir, constituyen un rasgo común a todas las personas afectadas por el trastorno, independientemente de su edad.

¿Por qué las personas con lateralidad cruzada tienen problemas de concentración?

Las personas con lateralidad cruzada tienen problemas de concentración porque esta requiere abstracción. Y la dificultad para concentrase es, precisamente, la que provoca su lentitud en la vida cotidiana.

Las actividades que realizamos en nuestro día a día requieren diversos y complejos procesos mentales que llevan a cabo las funciones cerebrales superiores controladas por los lóbulos cerebrales. En las personas que tienen una lateralidad heterogénea, los impulsos nerviosos no llegan correctamente al lóbulo occipital, que es el que regula la concentración; lo que compromete su capacidad para recibir, seleccionar, elaborar y recuperar la información externa que reciben y, por tanto, realizar adecuadamente las actividades motoras o mentales. Esta dificultad, que en ningún caso está relacionada con un bajo cociente intelectual, afecta incluso a otras funciones cognitivas. En cambio, estas personas presentan una gran memoria, tanto auditiva como visual, porque la memoria es mecánica. En la práctica clínica vemos que estos pacientes se han habituado a intentar compensar los problemas de concentración con su gran capacidad de memoria, hasta que se dan cuenta de que esta no les basta para hacer frente a las dificultades que viven constantemente.

Cómo afectan los problemas de concentración en la vida cotidiana

El relato de los pacientes sobre esta cuestión es siempre muy similar. Durante su etapa escolar y universitaria, los problemas de concentración les obligan a dedicar muchas más horas al estudio. Como suelen ser personas muy constantes, consiguen prepararse bien los exámenes, pero cuando llega el momento de hacerlos, se bloquean debido a que les falla la concentración inmediata y, por ejemplo, no consiguen entender los enunciados de las preguntas. Asimismo, la lentitud hace que necesiten más tiempo para responder, tiempo del que no disponen. El resultado son calificaciones que están muy por debajo de su capacidad cognitiva real.

Los problemas de concentración también hacen que no “registren” bien las consignas que se les dan. Si en casa se les pide que vayan a comprar varias cosas, volverán solo con algunas. Cuando los pacientes realizan el primer test en el centro, se equivocan en su fecha de nacimiento y al poner la fecha del día porque han recibido más de una consigna. En el trabajo, cuando les dan directrices, no las recuerdan bien. Si la persona tiene un cargo de responsabilidad y debe organizar reuniones con su equipo, lo más probable es que se quede en blanco o que pierda el hilo de lo que estaba diciendo. Los pacientes que han conseguido sacarse el permiso de conducir, relatan que les costó un gran esfuerzo aprobar la teoría y que su inseguridad les dificultó mucho la parte práctica. Además, como tienen problemas de orientación derecha-izquierda y les cuesta evaluar el tiempo (si hay un cambio de semáforo, por ejemplo), conducir se convierte en un gran problema (algunos pacientes explican que han dejado de conducir). Los problemas de concentración también van ligados a los problemas espaciotemporales: no recuerdan las fechas ni las horas, por lo que suelen llegar a los sitios tarde o con antelación, y su dificultad para comprender la noción de tiempo hace que también les haya costado mucho de pequeños restar minutos a una hora cuando se les enseñó a restar, por poner un ejemplo más.

Como es natural, todas estas dificultades repercuten en su autonomía y calidad de vida. Estas personas llegan a desarrollar una gran inseguridad que les produce mucha ansiedad. En general, suelen estar muy estresados porque se dan cuenta de que, pese a sus esfuerzos, no llegan a más. Su ritmo de vida cotidiano suele ser caótico. Son conscientes de que algo les pasa que invalida su rendimiento. La situación suele generar un cuadro de depresión, insomnio y/o problemas alimenticios.

Los problemas de concentración se solucionan con la terapia de lateralidad

Si hay otro rasgo común a todas las personas con trastorno de lateralidad, este es el sufrimiento que experimentan en su día a día. Este sufrimiento no solo está causado por los problemas que tienen que afrontar continuamente, sino porque no entienden qué les pasa. Saberse diferente provoca mucha angustia y desconocer la causa de esa diferencia genera una gran incertidumbre y afecta a la autoestima. Los pacientes con trastorno de lateralidad experimentan un gran alivio cuando se les explica la etiología de su problema y cuando se les dice, y experimentan en primera persona, que la terapia de lateralidad va a ir mejorando paulatinamente su capacidad de concentración. Como parte del tratamiento de lateralidad, mediante el que se va lateralizando homogéneamente a la persona, se realizan una serie de ejercicios motores que estimulan el lóbulo occipital, de tal manera que los impulsos nerviosos “aprenden” a realizar el recorrido adecuado. Al tratarse de una terapia neurofisiológica, una vez que la persona se ha lateralizado homolateralmente, los impulsos nerviosos ya no vuelven a cruzarse por sí mismos; es decir, no hay regresión ni recaídas. Cuando el paciente recibe el alta, únicamente se realizan tres controles posteriores, con un intervalo de cinco meses, para confirmar que el proceso de lateralización se ha llevado a cabo con éxito.

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