• Nuestras emociones impactan la salud de nuestros corazones, provocando que cambien de forma en respuesta al dolor, al miedo o la angustia. Este conocimiento pide un cambio en la forma de cuidar de nuestro órgano más vital

 

Cuando tenía 7 años, una profesora del colegio nos hizo hacer a toda la clase un dibujo que expresara el concepto de amor. La mayoría de nosotros dibujamos un corazón o incluimos varios de ellos en nuestros dibujos. Al terminar, ella escogió algunos trabajos, los colgó en un mural de la clase y los comentó. No recuerdo la valoración que hizo de cada uno de ellos, pero sí recuerdo perfectamente uno de sus comentarios. Grosso modo, vino a decir que le parecía absurda la relación que la gente establecía entre el amor y la representación de este a través de la forma de un corazón, ya que, según dijo, el amor no reside en este órgano. Hizo este comentario sin dar ninguna explicación más y pasó a otro tema como si tal cosa.

Recuerdo que me quedé dándole vueltas a sus palabras porque me suscitaron muchas preguntas y, además, me impactó la seguridad con la que las pronunció. Creo que, dentro de lo que cabe en una niña de siete años, entendí el significado materialista de su comentario, pero de alguna forma algo me dijo que aquello no era cierto del todo o, por lo menos, que ambos conceptos no eran tan indisociables. Quizá por esto me ha parecido tan interesante la conferencia Cómo tus emociones cambian la forma de tu corazón, que el cardiólogo Sandeep Jauhar (nada reduccionista) impartió hace poco en una de las sesiones de TEDTalks.

Por qué el corazón se ha relacionado históricamente con las emociones


En la conferencia, primero explica el motivo por el que el corazón, como órgano, ha sido objeto de tantas metáforas a lo largo de la historia y ha simbolizado la vida emocional de las personas al ser considerado el asiento del alma. No incluiré todos sus ejemplos (podéis leer la transcripción de la conferencia al español en este enlace), pero sí un par, por lo ilustrativos que son. Por ejemplo, es curioso saber que la palabra emoción proviene en parte del verbo francés émouvoir que significa agitar, lo que dota de lógica a la relación que establecemos entre las emociones y un órgano que se caracteriza por su movimiento agitado.

Nuestras emociones modifican la forma de nuestro corazón

También es interesante cuando explica que la forma cardioide del corazón es una forma que está muy presente en la naturaleza: es la forma de las hojas, de muchas flores y de semillas de plantas, incluyendo el silfio, que se utilizaba en la Edad Media para el control de la natalidad y como afrodisíaco; de ahí, probablemente, que se asociara esta forma al sexo y al amor romántico.

Ahora bien, la cuestión es si hay un vínculo real entre el órgano del corazón y las emociones o si ese vínculo es simplemente metafórico. Y aquí es donde este cardiólogo afirma claramente que el vínculo es muy real, ya que las emociones tienen un efecto físico directo en el corazón humano.

El trastorno cardíaco denominado miocardiopatía de Takot-Subo


Nuestras emociones modifican la forma de nuestro corazón

En Japón, denominan takot-subo a un tipo de vasija de forma abombada y cuello estrecho utilizada tradicionalmente por los pescadores para atrapar pulpos. En 1990 se adoptó esta palabra para describir y reconocer por primera vez un trastorno cardíaco que se caracteriza por un gran debilitamiento del corazón como respuesta al estrés intenso o al dolor que provoca la pérdida de un ser querido, ya que las personas con miocardiopatía de Takot-Subo presentan un corazón con abombamientos. El trastorno también es conocido como el síndrome del corazón roto.

Los cardiólogos no saben exactamente por qué el corazón adopta esta forma abombada. No obstante, en la fase aguda del síndrome, este puede causar todos los signos de una insuficiencia cardíaca: dolor de pecho, falta de aire, arritmias potencialmente mortales, etc. Sin embargo, así como en un infarto de miocardio los síntomas se deben a un bloqueo de una arteria coronaria, en el caso del síndrome de Tako-Tsubo las arterias coronarias de los pacientes no están obstruidas, aunque cuando les hacen las pruebas de ultrasonido ven que el corazón se ha debilitado perdiendo significativamente su capacidad normal y que se ha abombado (el síndrome, generalmente, se soluciona en pocas semanas).

Tal como explica Sandeep Jauhar, «Hoy sabemos que el corazón per se no es la fuente del amor o de las emociones como pensaban los antiguos, pero también se sabe que la relación entre emociones y corazón es muy íntima, y que, aunque el corazón no origina los sentimientos, es muy sensible a ellos. Emociones como el miedo o la pena pueden causar una lesión cardíaca profunda y los nervios que controlan procesos inconscientes como el latido del corazón pueden desencadenar una respuesta que provoque la constricción de los vasos sanguíneos, una arritmia y una subida de la presión arterial. Es decir, nuestros corazones son extraordinariamente sensibles a nuestro sistema emocional».

Los corazones rotos son literal y metafóricamente mortales

Nuestras emociones modifican la forma de nuestro corazón_centro de lateralidad y psicomotricidad Joëlle Guitart

Asimismo, la literatura médica también describe otros casos en los que un trastorno emocional intenso en el corazón metafórico tiene consecuencias fatales para el corazón orgánico debido a la respuesta fisiológica causada. Del mismo modo, numerosos estudios en este campo han concluido que la dieta y el ejercicio físico, aunque son muy importantes, no son suficiente para propiciar la regresión de una enfermedad coronaria: parece que la gestión del estrés está más fuertemente correlacionada con la reversión de la enfermedad (en el vídeo, el cardiólogo explica estudios al respecto publicados en la revista Science y The Lancet).

Sandeep Jauhar concluye su exposición diciendo que aunque la conceptualización del corazón como máquina ha hecho posible avances médicos extraordinarios (estents, marcapasos, desfibriladores, trasplantes de corazón, etc.), estos avances deben ir acompañados de otro gran paso que nos cuesta dar: entender y aceptar que es necesaria la atención a la vida emocional, y que el nuevo paradigma de salud debe incluir los factores psicosociales (basta leer los estudios sobre la salud en la población que se siente sola, por ejemplo).