Todos sabemos que, para rendir en el trabajo, y en cualquier actividad intelectual, es importante tener desarrollada la habilidad de focalizar.  Aprender a concentrarnos en aquello que estamos haciendo, evitando distracciones, nos hace más eficientes y nos ahorra mucho tiempo. Sin embargo, para ser eficaz, nuestro cerebro necesita tanto focalizar como desfocalizar, tal como se explica en el artículo Tu cerebro solo puede focalizar hasta cierto punto (Your Brain Can Only Take So Much Focus ), publicado hace unas semanas en Harvard Business Review. Pero vamos por partes.

 

La importancia de focalizar

Vivimos en tiempos de infoxicación; es decir, intoxicados por un exceso de información. En un artículo sobre el tema publicado en Lladó Comunicación, se explica que se trata de «un fenómeno propio de la vida digital en la que estamos inmersos: al vivir hiperconectados, el volumen de información que recibimos supera con creces la capacidad de nuestro cerebro para gestionarlo. Como consecuencia, se produce una “sobrecarga en nuestro sistema” que aumenta nuestro nivel de estrés (Information Fatigue Síndrome) y disminuye nuestras facultades cognitivas: nos cuesta más concentrarnos, ser analíticos (hacemos lecturas más rápidas, pero más superficiales) y tomar decisiones (parálisis o decisiones precipitadas), y se reduce nuestra productividad. Simultáneamente, vamos acumulando frustración al ver que nuestra “lista de tareas pendientes” se va engrosando sin remedio».

 

El peligro de focalizar en exceso

Los expertos en productividad recomiendan algunas prácticas que resultan útiles para ayudarnos a focalizar: hacer listas de tareas, aprender a priorizar, aprender a gestionar el tiempo, aprender a reducir el nivel de estrés (el mayor enemigo de la productividad), etc. No obstante, hay que tener en cuenta que focalizar en exceso agota los circuitos de focalización de nuestro cerebro, lo que puede ir mermando nuestra energía, hacernos perder el autocontrol, volvernos más impulsivos, menos eficaces y colaborativos.

 

Por qué hay que desfocalizar

Investigaciones recientes muestran que es vital tanto focalizar como desfocalizar, ya que el cerebro funciona de manera óptima cuando pasa de un modo a otro. El desenfoque hace posible la actualización de la información en el cerebro, que accedamos a partes profundas de nosotros mismos, que aumente nuestra agilidad, así como la creatividad y la toma de decisiones.

 

Cómo desfocalizar

Según el artículo de Harvard Business Review, cuando desfocalizamos (o dejamos de concentrarnos), ponemos en marcha un circuito cerebral llamado “Red de modo predeterminado o por defecto” (DMN, por sus siglas en inglés Default Mode Network). Hasta ahora, se pensaba que este circuito no tenía ninguna actividad (que no “hacía nada”) porque solo se pone en marcha cuando dejamos de focalizar con esfuerzo. Sin embargo, no es así. En realidad, no estamos descansando: nuestro cerebro activa los viejos recuerdos, va y viene entre el pasado, el presente y el futuro, y recombina ideas utilizando todos estos datos nuevos, a los que antes no tenía acceso, para dar con soluciones creativas, por ejemplo. De hecho, cuando realizamos cualquier esfuerzo, utilizamos el 5 % de energía del cuerpo; en cambio, y aunque resulte sorprendente, cuando estamos en “modo reposo” este circuito utiliza el 20 % (el cerebro está haciendo cualquier cosa menos descansar).

Hay varias maneras simples y eficaces de activar este circuito en el transcurso del día:

 
Usar el sueño positivo constructivo (PCD)

El PCD es un tipo de divagación mental que, incorporado a nuestro día a día, aumenta nuestra creatividad, nos ayuda a explorar y conectar ideas y sentimientos, a recuperar recuerdos e información que creíamos perdidos, fortalece nuestra memoria, mejora la empatía y revitaliza nuestro cerebro.

 

Hacer siestas

Sí, aunque defenestrada por algunos, la siesta “actualiza” nuestro cerebro: durante el sueño, el cerebro establece asociaciones y recupera ideas que estaban en los recovecos de la memoria.

 

Cambiar de actividad, de entorno e incluso de personalidad

Cambiar de actividad intelectual durante unos minutos u horas (el tiempo depende de cada persona y situación), cambiar de entorno, realizar una actividad lúdica e incluso cambiar de personalidad jugando a ser otro para poder adoptar un punto de vista diferente, también nos ayudará a activar el circuito DMN.