En los dos artículos anteriores (Lo que necesitas saber para entender qué es el trastorno de lateralidad y Qué es el trastorno de lateralidad) vimos que la lateralidad es un proceso que organiza nuestro sistema nervioso de manera binaria (predominio del hemisferio derecho o predominio del hemisferio izquierdo). Y que este proceso finaliza alrededor de los 5 años de edad, quedando establecida una predominancia u otra (salvo cuando se produce el trastorno de lateralidad).

El hecho de tener una lateralidad bien definida (homogénea) es esencial para que el niño se desarrolle con una buena construcción de su esquema corporal e integre adecuadamente sus percepciones del mundo externo; es decir, para que pueda orientar su propio cuerpo en el espacio, su “yo” en el tiempo y los objetos externos respecto a su cuerpo.

Este proceso de lateralización es gradual: el recién nacido no tiene establecida la relación entre un lado del cuerpo y el otro y, hasta los cuatro años, suele utilizar indistintamente ambas manos. Sin embargo, a los 5-6 años la lateralidad debería estar bien definida: el niño debería ser capaz de localizar correctamente su derecha e izquierda, e identificar las diferentes partes de su cuerpo; a los 7-8 años, localizar derecha-izquierda también en el espacio; y a los 9, en los otros.

La lateralidad, como también vimos en los artículos anteriores, puede definirse con predominio derecho (diestros), predominio izquierdo (zurdos) o con el mismo predominio para la derecha  que para la izquierda (ambidiestros). En estos tres casos, la lateralidad se ha definido correctamente, de manera homogénea. Hablamos de trastorno de lateralidad o lateralidad heterogénea cuando las personas que son zurdas o diestras utilizan por presión social la mano o el pie contrario (lateralidad contrariada) o cuando la persona utiliza unas veces su lado derecho y otras su lado izquierdo (lateralidad indefinida o cruzada).

Hay una serie de síntomas que nos indican que la lateralización no se ha producido correctamente en la persona, ya que la patología provoca una disminución del rendimiento cognitivo al bloquearse parcialmente los influjos nerviosos en ciertas áreas cerebrales. Veamos cuáles son los más habituales.

Los síntomas más habituales del trastorno de lateralidad:

Dificultades en el lenguaje oral: fluidez, mecánica lectora, retención y comprensión lectora.

Dificultades en el lenguaje escrito: disgrafía, disortografía y sintaxis.

Deficiencias motoras y funcionales (es correcto?)

Dificultades para las matemáticas: aprendizaje mecánico y razonamiento.

Dificultades para la concentración.

Dificultades para la comprensión.

Problemas de comunicación y relación.

Hipotonía, apatía, lentitud.

Hipertonía e hipercinesia.

Inestabilidad

Inseguridad

Agresividad

Ansiedad y angustia

Desmotivación, predepresión y depresión.

 

El trastorno de lateralidad tiene cura

Como es de suponer, todos estos problemas de aprendidaje y emocionales, causan un gran sufrimiento a las personas con trastorno de lateralidad, y también a sus familiares. A menudo, los síntomas hacen pensar que el niño es perezoso o que, simplemente, no quiere estudiar; la integración en el colegio resulta complicada, produciendo fracaso escolar; muchos padres tratan de ayudar a sus hijos apuntándolos a clases de refuerzo que sobrecargan a los niños, o llevándoles al psicólogo. Del mismo modo, los adultos no tratados también sufren las consecuencias laborales y de inadaptación social propias del trastorno, lo cual les lleva a cuadros de predepresión o depresión. Sin embargo, todo este sufrimiento es evitable, ya que el trastorno de lateralidad se cura (generalmente, por completo y, al menos, en un 80 %,) mediante un buen diagnóstico pormenorizado y el tratamiento personalizado adecuado, y sin recaídas posteriores.

Leer el próximo artículo Diagnóstico y tratamiento del trastorno de lateralidad.