Qué es procrastinar

 

Desde hace seis años, La Fundación del Español Urgente escoge la palabra del año entre aquellos términos que han estado más presentes en la actualidad informativa y que, además, tienen interés desde el punto de vista lingüístico. El año pasado, la palabra procrastinar estuvo en la lista de las candidatas; una palabra que muchos consideraron nueva pero que, de hecho, proviene del latín procrastināre y ya aparece en diccionarios de español del siglo XVIII.

Procrastinar significa aplazar y se utiliza a menudo en el ámbito de la gestión de empresas y de la psicología para referirse a un problema con el que se encuentran actualmente muchas personas: posponer tareas importantes que nos exigen un esfuerzo porque nos sentimos incapaces de gestionar el estado de ánimo negativo que nos generan.

 

Procastinar, un mecanismo de defensa de nuestro cerebro

 

Según los neurólogos, no procrastinamos por vagancia: se trata de un mecanismo de defensa del cerebro que intenta eliminar todo aquello que nos produce malestar; en este caso, porque dudamos de nuestras habilidades y/o tenemos miedo al fracaso. Es decir, procrastinar es, fundamentalmente, una decisión irracional. No obstante, es una decisión que nos produce mucha ansiedad y culpabilidad porque sabemos que estamos postergando algo que es ineludible y que ese aplazamiento no puede ser sine die.

Otro elemento clave ligado a la procrastinación es la sustitución. Cuando procrastinamos, sustituimos esa tarea que no queremos realizar por otra más placentera para nuestro cerebro. Por eso, para evitar la procrastinación, los neurólogos recomiendan encontrar recompensas que nuestro cerebro pueda aceptar a cambio de pedirle ese esfuerzo.

 
Procrastinar: qué es y cuál es su relación con la depresión_centro de Lateralidad y Psicomotricidad Joëlle Guitart
 

Procrastinación y depresión

 

Los psicólogos han investigado la relación entre el hábito de la procrastinación y la depresión, ya que la evitación y los pensamientos rumiativos son dos síntomas centrales de esta.

Tal como se explica en el artículo Cómo están relacionadas la procrastinación y la depresión, publicado en Psychology Today, las personas que sufren depresión pierden el interés en actividades que antes disfrutaban porque los sentimientos de inutilidad, tristeza e irritabilidad que experimentan les hacen temer que no puedan estar a la altura llegado el momento. Por eso evitan dichas situaciones.

Asimismo, el aislamiento social que también caracteriza a las personas con depresión puede llevar a la procrastinación cuando una tarea requiere realizar acciones como hacer una llamada a un extraño o conocer a alguien nuevo (desde llamar al fontanero para una reparación a planificar una reunión). Esta falta de autoestima y confianza en uno mismo puede provocar, a su vez, comportamientos que otros no entienden y dañar las relaciones sociales y profesionales, con lo cual la persona deprimida se siente cada vez más avergonzada y herida, afianzándose el círculo vicioso.

Otro punto de relación entre la procrastinación y la depresión es la dificultad que tienen estas personas para planificar tareas que requieren varios pasos o subtareas: iniciar estas secuencias se les hace tan inasumible que rechazan iniciarlas. Por este motivo, en su terapia, es fundamental trabajar para que se impliquen en actividades que les puedan generar una sensación de logro que contribuya a cambiar sus pensamientos deprimidos (activación conductual).

Por último, la tendencia a rumiar sobre lo que se está postergando en lugar de afrontarlo es una tendencia que agrava la depresión, del mismo modo que la depresión tiene efectos paralizantes (aquí, de nuevo, se da una retroalimentación entre ambas tendencias).