Qué es el aprendizaje observacional

Solemos decir que para aprender algo no hay nada como experimentarlo en primera persona. Sin embargo, observar la experiencia de otras personas delante de una situación puede enseñarnos incluso más, y sin que tengamos que exponernos a un riesgo. Por poner un ejemplo: si vemos a un perro atacando a un vecino, aprenderemos a mantenernos alejados de ese perro. Este tipo de aprendizaje es el que conocemos como aprendizaje observacional y supone una gran ventaja evolutiva porque favorece nuestra supervivencia. De hecho, gran parte de lo que aprendemos diariamente es gracias a este tipo de aprendizaje.

 

Lo que se sabía hasta ahora y lo que no

Estudios anteriores de exploración en humanos ya habían sugerido que hay dos partes del cerebro que están activas cuando se produce el aprendizaje observacional: la corteza cingulada anterior (ACC) y la amígdala basolateral (BLA). La ACC está involucrada en la evaluación de la información social y la BLA juega un papel clave en el procesamiento de las emociones. Lo que no se sabía hasta ahora es cómo interactúan estas dos regiones para aprender de los demás.

 

El estudio

Un estudio del MIT desvela cómo se produce el aprendizaje observacional

Imagen: Chelsea Turner/MIT.

Para averiguar cómo interactúan estas dos partes del cerebro en el aprendizaje observacional, el equipo del MIT investigó qué sucede en el cerebro de ratones cuando observan a otro ratón recibiendo descargas eléctricas combinadas con una señal (un tono o una luz). Obviamente, los ratones que recibieron las descargas aprendieron a temer la señal y se quedaron en shock al escucharla más tarde, pero los ratones que habían visto lo ocurrido, también se quedaron paralizados de miedo al escuchar la señal un día después (a pesar de no haber sufrido descarga alguna). Es decir, los ratones que habían actuado como observadores habían aprendido a conectar la señal y el shock. Los investigadores fueron un paso más allá para descubrir qué sucedía en la ACC y la BLA cuando los ratones observadores aprendieron a establecer la asociación. Repitieron el experimento y registraron la actividad eléctrica en ambas regiones cuando los ratones aprendieron a hacer la asociación y después realizaron un análisis de la trayectoria neuronal: un análisis que muestra cómo las neuronas cambian sus tasas de activación a medida que se aprende un comportamiento. El resultado reveló que la ACC se volvía mucho más activa a medida que los ratones observadores presenciaban la experiencia de los otros ratones y que luego la ACC transmitía esta experiencia a la BLA, la cual la utilizaba para formar una asociación entre la señal y el shock. En resumen: los dos sistemas trabajan juntos para hacer posible el aprendizaje social. Tal como explica una de las autoras del estudio, Kay Tye: “El cíngulo anterior transmite que hay información relevante para extraer de lo observado. Se trata de traducir información socialmente derivada y enviarla al BLA para asignar allí valor predictivo”.

Podéis leer el artículo sobre la investigación en la web del MIT (en inglés).