Clases de memoria y funcionamiento

 

Tenemos diferentes tipos de memoria o de sistemas de memoria. Estas memorias son redes neuronales autónomas que, a su vez, están interconectadas. Pero nuestro sistema neuronal no tiene una capacidad ilimitada de almacenamiento y, además, es dinámico; de tal manera que la mayoría de nuestros recuerdos se desdibujan o modifican con el tiempo.

Cuando se afirma que tenemos diferentes tipos de memoria, lo que se quiere expresar es que el sistema neuronal del que depende nuestra memoria sobre nosotros mismos (nuestra biografía) es diferente del sistema neuronal relacionado con el aprendizaje de las matemáticas y del que está implicado en la adquisición del lenguaje, por ejemplo.

Entre los diferentes tipos de memoria está la memoria de trabajo, la cual nos permite realizar actividades cognitivas básicas, como la comprensión, el razonamiento o la resolución de problemas; un tipo de memoria que utilizamos continuamente en nuestra vida cotidiana para almacenar, elaborar, reorganizar y recuperar información.

 

El estudio sobre la memoria de trabajo

 

Por otro lado, cada neurona de nuestro cerebro produce sus propias señales eléctricas. Estas señales combinadas generan oscilaciones conocidas como ondas cerebrales, que varían en cuanto a su frecuencia.

Pues bien, un equipo de neurocientíficos del MIT (Instituto Tecnológico de Massachussets) ha descubierto que en las tareas de memoria que requieren que la información se guarde en la memoria de trabajo por periodos cortos de tiempo, el cerebro usa ondas beta (ondas cerebrales de baja frecuencia) para cambiar conscientemente entre las diferentes partes de dicha información. La investigación respalda la hipótesis que tenían los investigadores de que los ritmos beta actúan como una puerta que determina cuándo se lee o se borra la información contenida en la memoria de trabajo para que podamos pensar en otra cosa. “El ritmo beta actúa controlando cuándo expresar la información almacenada en la memoria operativa o de trabajo, permitiéndole, asimismo, influir en el comportamiento”, explica Mikael Lundqvist, del Instituto Picower para el Aprendizaje y la Memoria del MIT y autor principal del estudio junto al profesor de Neurociencia del mismo Instituto, Earl Miller.

Un estudio revela cómo las ondas cerebrales controlan la memoria de trabajo

En 2016, Miller y Lundqvist descubrieron que los ritmos gamma están asociados con la codificación y recuperación de la información sensorial. También descubrieron que cuando los ritmos gamma suben, los ritmos beta bajan, y viceversa. Trabajos previos en su laboratorio habían demostrado que los ritmos beta están asociados con información “descendente” como, por ejemplo, cuál es el objetivo actual, cómo lograrlo y cuáles son las reglas de la tarea. Esta evidencia los llevó a teorizar que los ritmos beta actúan como un mecanismo de control que determina qué partes de la información se pueden leer de la memoria de trabajo; la función cerebral que permite controlar el pensamiento consciente.

La memoria de trabajo es el bloc de dibujo de la conciencia, y está bajo nuestro control. Elegimos qué pensar “, asegura Miller. “Elegimos cuándo borrar la memoria de trabajo y olvidar algunas cosas. Podemos mantener la información en nuestra mente y esperar a tomar una decisión hasta que dispongamos de más información “.

“La interacción entre beta y gamma actúa exactamente como se esperaría que actúe un mecanismo de control volitivo”, dice Miller. “Beta actúa como una señal que abre el acceso a la memoria de trabajo, que borra la memoria de trabajo y que puede actuar como un interruptor para pasar de un pensamiento a otro “.

 

Un nuevo modelo

 

Este estudio supone un nuevo modelo sobre la memoria de trabajo: los modelos previos, para explicarla, proponían que la información se retiene en la mente mediante disparos neuronales constantes.

“Cuando mantenemos las cosas en la memoria operativa (es decir, cuando tenemos algo en mente), tenemos la sensación de que son estables, como una bombilla que hemos encendido para representar algún pensamiento. Durante mucho tiempo, los neurocientíficos han pensado que esto debía significar que la forma en que el cerebro representa estos pensamientos es a través de la actividad constante. Este estudio muestra que este no es el caso, sino que nuestras memorias parpadean, explica Tim Buschman, profesor asistente de psicología en la Universidad de Princeton.

En un artículo reciente publicado en las Actas de la Academia Nacional de Ciencias, el equipo de Miller también difundió que las ondas beta son producidas por capas profundas de la corteza prefrontal, y los ritmos gamma son producidos por capas superficiales, que procesan información sensorial. También descubrieron que las ondas beta controlaban la interacción de los dos tipos de ritmos.

Los investigadores ahora están estudiando si estos tipos de ritmos controlan otras funciones del cerebro, como la atención. “Finalmente, nos gustaría ver cómo estos ritmos explican la capacidad limitada de la memoria operativa: por qué solo podemos tener en cuenta algunos pensamientos simultáneamente, y qué sucede cuando se supera la capacidad”, dice Miller. “Debemos tener un mecanismo que compense el hecho de que sobrecarguemos nuestra memoria de trabajo y tomemos decisiones sobre qué cosas son más importantes que otras”.

La investigación ha sido financiada por el Instituto Nacional de Salud Mental, la Oficina de Investigación Naval y la Beca Picower JFDP.