Hace unos meses, un fotógrafo estadounidense de 29 años, Oliver Kmia, creó un vídeo con más de mil fotos subidas a Instagram en las que se ve a turistas de todo el mundo fotografiados en diversos lugares emblemáticos de varios continentes: en la Torre de Pisa (Italia), en el Machu Picchu (Perú), en el Taj Mahal (India), etc. El objetivo de este fotógrafo no fue criticar el turismo de masas, ni el hecho de que la gente siempre se hace el mismo tipo de fotos, sino poner de manifiesto el postureo en las redes sociales (el vídeo tuvo una gran repercusión en los medios de comunicación y ya lleva más de un millón de reproducciones en Vimeo).

Compararnos con los demás forma parte de nuestra naturaleza

 

Es un hecho que muchas personas necesitan reafirmar su identidad publicando imágenes en las redes sociales que hagan pensar a los demás que su vida es extraordinaria. Pero también es cierto que los seres humanos tenemos tendencia a lo que los psicólogos denominan “comparación social”: evaluamos nuestra vida comparándola con los logros y las posesiones de los otros. Este comportamiento, además, comienza a edades muy tempranas, lo que indica que forma parte de nuestra naturaleza. El neurocientífico cognitivo Christian Jarret lo explica muy bien en un artículo en el que cita un estudio reciente realizado con niños de siete años.

 

El estudio

 

A estos niños se les hizo hacer una serie de pruebas en pareja.  Después de cada prueba, se le comunicó a cada uno de ellos si la había pasado con éxito y cuál era la evaluación que había recibido su pareja en la misma prueba. Pues bien, los que mostraron más felicidad fueron los que se enteraron de que habían tenido éxito y de que su pareja había fracasado. Esto les provocó más satisfacción que saber que en algunas pruebas ambos lo habían hecho bien. ¿Cuándo se sintieron peor todos los niños? cuando recibieron la noticia de que ellos habían fallado en una prueba, pero que su pareja la había pasado con éxito (esto les provocó más malestar que saber que ambos habían fallado).

 ¿Ver el éxito de los demás en las redes sociales te produce ansiedad?

 

Para este neurocientífico, el mensaje que debemos extraer es que compararse con los amigos es natural, y que también lo es que nos produzca cierto malestar percibir que a los otros les va mejor que a nosotros (comparación ascendente). La cuestión es que la probabilidad de malestar aumenta en función de lo minada que está la autoestima de la persona y de la propensión al pesimismo que tenga. Si este malestar es profundo y provoca ansiedad, hay que considerarlo como un efecto secundario de algún otro malestar que no está resuelto: si solucionamos la causa subyacente, también se disipará la ansiedad que produce ver el supuesto éxito de los demás en las redes sociales.

 

La investigación también indica que deberíamos tratar de frenar una tendencia muy común: la de percibir como poco competentes a los amigos que, por lo que publican en las redes, percibimos como menos exitosos que nosotros. Alguien que extrae una conclusión así, y de esta forma, no merece que lo sigamos considerando como un amigo.

 

Si lo que sentimos es envidia benigna, es decir, admiración por los logros de nuestros amigos, esta emoción puede tener un efecto motivador a la hora de evaluar nuestra propia vida y ayudarnos a mejorar. No obstante, tal como advierte Christian Jarret, debemos evitar sobreestimar el supuesto éxito personal que muestran los amigos/conocidos en las redes sociales: los numerosos estudios sobre el tema concluyen que estas vidas idílicas (viajes fabulosos, cenas y fiestas estupendas, ropa de marca, etc.) pueden estar encubriendo un doloroso vacío que subestimamos: su vida real puede ser muy diferente a la que muestran al mundo a través de estas plataformas.

 ¿Ver el éxito de los demás en las redes sociales te produce ansiedad?

 

En el caso de los adolescentes, aunque es cierto que las redes sociales pueden ser muy positivas en esta etapa (la identidad se construye con el feedback de los otros), no podemos obviar los riesgos: durante esta etapa se está formando su personalidad y construyen la escala de valores que guiará su vida. Creer que impresionar a los demás es lo que les proporcionará bienestar, los hará infelices y no aprenderán a diferenciar la vida real y la virtual. El bienestar viene dado por la satisfacción que nos proporciona la consecución de nuestros objetivos personales y profesionales, y saber que vivimos siendo coherentes con nuestros valores.