Por Susana Lladó

En algunos casos cuando los pacientes son zurdos contrariadoses conveniente que la terapia de lateralidad vaya dirigida a lateralizar a la persona a la izquierda, en lugar de a la derecha. En esta entrevista, la directora de nuestro centro, Joëlle Guitart, expone el caso de un niño que ha sido lateralizado como zurdo; es decir, homolateralmente a la izquierda.

¿Qué caso va a exponer hoy? 

El de un niño que llegó a la consulta cuando tenía cuatro años y cinco meses, y al que llamaré Alain.

 

¿Cuáles son las particularidades de este caso? 

En aquel entonces, junio de 2016, Alain estudiaba en el Liceo Francés. Estaba en parvulario. Sus padres, que son ingenieros, lo trajeron al centro porque tenía muchas dificultades de aprendizaje; sobre todo, para hablar en francés y en la lectoescritura. Presentaba un gran bloqueo, así como un rechazo absoluto al colegio.

Alain invertía tanto las letras como los números y, como lo hacían escribir con la derecha, su grafía era ilegible. Escribía de izquierda a derecha, omitía letras, su sintaxis era deficiente y no tenía bien adquirida la noción de temporalidad ni la de espacio.

¿El francés era su lengua materna? 

No, era el catalán; que es la lengua en la que hablaba con su madre. Dadas las dificultades que presentaba como consecuencia de su lateralidad mal configurada, estudiar en castellano, catalán y francés era demasiado para él.

 

En concreto, ¿cuáles eran sus problemas de aprendizaje? 

Alain invertía tanto las letras como los números y, como lo hacían escribir con la derecha, su grafía era ilegible. Escribía de izquierda a derecha, omitía letras, su sintaxis era deficiente y no tenía bien adquirida la noción de temporalidad ni la de espacio; razón por la que también tuvo que dejar las clases de piano que recibía. No podía seguirlas. Además, era daltónico, aunque era muy bueno en todo lo relacionado con la creatividad y los colores. De hecho, les recomendé a los padres un centro para que pudiera desarrollar esta creatividad. También rechazaba dibujar la figura humana.

 

¿Y su carácter? 

Era muy introvertido, pero líder (no es contradictorio), y presentaba una gran ansiedad e inseguridad. No quería hacer nada sin su madre. No obstante, no había nada alarmante desde el punto de vista psicológico o psiquiátrico.

 

¿Cuáles fueron los resultados del test de lateralidad? 

El test mostró una hipertonía notable tanto en miembros superiores como inferiores. Respecto a la lateralidad, la de la mano era 40 % izquierda, 60 % derecha; la del ojo era derecha, la de la pierna estática era izquierda, la de la pierna dinámica era 65 % izquierda y 35 % derecha; la del oído, 40 % izquierda y 60 % derecha, y la motricidad facial era prácticamente 50 % izquierda, 50 % derecha.

Normalmente, se lateraliza a la persona a la derecha, como diestra, ya que el porcentaje de personas diestras entre la población es mucho mayor que el de zurdas (95-5 %). Sin embargo, cuando la lateralidad de una persona, a nivel general, está más dirigida a la izquierda es conveniente lateralizarla homolateralmente a la izquierda.

¿Cómo decidió lateralizarlo? 

Homolateralmente a la izquierda.

 

No es muy común la lateralización a la izquierda, ¿no?

No, no lo es. Normalmente, se lateraliza a la persona a la derecha, como diestra, ya que el porcentaje de personas diestras entre la población es mucho mayor que el de zurdas (95-5 %). Sin embargo, cuando la lateralidad de una persona, a nivel general, está más dirigida a la izquierda es conveniente lateralizarla homolateralmente a la izquierda. Es importante hacer hincapié en que, por desconocimiento, a muchos de estos niños se les fuerza en la escuela a la derecha.

 

¿Por qué?

Por desconocimiento. Pero es muy contraproducente. A los niños que son zurdos contrariados siempre hay que lateralizarlos de manera homogénea a la izquierda. Alain ha terminado la terapia con éxito. Es zurdo de brazo y mano, de pierna dinámica y estática, de ojo y de oído y cervicales.

 

¿Hay otros datos relevantes en el caso? 

Al ser hipertónico, era un niño muy ágil, pero lento en las tareas, y muy ansioso. Al igual que los padres, tenía un nivel de autoexigencia sumamente alto. Además, la relación con su madre era de extrema dependencia. Alain estaba siempre agotado, se iba a dormir cada día a las 18 h porque se sentía exhausto, y se levantaba a las 7.30 de la mañana. Es decir, necesitaba dormir casi catorce horas al día y, aun así, le costaba levantarse. También presentaba claustrofobia, fundamentalmente, en los ascensores, y onicofagia (se comía la uñas de las manos).

 

Tras empezar la terapia, ¿cuándo le hace el primer test de control? 

En enero de 2017. En su informe, la terapeuta expone que si siguen trabajando la temporalidad ―las nociones de ahora, antes, después― y toda la parte espacial ―arriba, abajo, derecha, izquierda― Alain progresará bien. Y recalca que, aunque lo ve más sonriente y menos triste, deberán seguir trabajando su autoexigencia y su capacidad para disfrutar de lo que sí hace bien, ya que no tolera cometer errores, por ejemplo.  Recuerdo, además, que en este punto de la terapia pasó algo curioso.

 

¿Qué ocurrió? 

Habían transcurrido tan solo 6 meses desde que inició el tratamiento, pero Alain le dijo a su madre que ya había finalizado la terapia.

 

¿Y a la madre no le extrañó? 

No, porque le constaba que Alain tenía una buena relación con la terapeuta y que venía al centro voluntariamente. Así que se creyó que le habíamos dado el alta en seis meses.

 

La dinámica familiar es un aspecto que tiene un gran peso en los pacientes. En este caso, sin entrar en detalles, diré que Alain cargaba con la maleta de la ansiedad familiar.

¿Por qué Alain quiso dejar la terapia? 

Quería ir a fútbol, y las sesiones coincidían con el horario del entrenamiento. Hablamos con la madre, se resolvió la situación cambiando la hora de las sesiones y Alain prosiguió su tratamiento.

 

¿La primera entrevista con los padres cómo fue? 

Su valoración fue muy positiva. La maestra del Liceo Francés había reportado una evolución importante y, aunque todavía cometía errores, ya empezaba a hablar en francés. Además, lo veían mucho más suelto. Decidieron que lo apuntarían a natación y a clases de música en septiembre. Yo no estoy de acuerdo con que los niños hagan tantas actividades extraescolares, como he comentado en alguna ocasión. Actualmente, muchos padres proyectan una gran exigencia en este sentido en sus hijos, cuando los niños deberían tener más tiempo para jugar. Pero no me opuse.

 

¿Hay algo más a destacar?

Los padres también me comentaron que cuando Alain aplaudía, lo hacía como diestro. Les hice notar que en seis meses de terapia, que son 24 sesiones, no podía haber más progresos de los que ya había habido. Lo entendieron.

 

¿Cuándo fue el segundo test de control? 

En junio de 2017.  La hipertonía de miembros superiores e inferiores había disminuido, tenía más interiorizado el esquema corporal, su pupila estaba menos dilatada, se quejaba menos del dolor en los ojos que solía comentar y ya chutaba mejor la pelota, aunque, a veces, todavía confundía derecha e izquierda, le costaba saltar a la pata coja y seguía con la ansiedad, a pesar de que había cierta mejoría en este sentido.

 

¿Por qué sentía tanta ansiedad?

Como he explicado en alguna entrevista anterior, la dinámica familiar es un aspecto que tiene un gran peso en los pacientes. En este caso, sin entrar en detalles, diré que Alain cargaba con la maleta de la ansiedad familiar.

Alain había hecho grandes progresos en la organización espacial y temporal. Pero el cambio
más destacable fue en su comportamiento: se mostraba mucho más extrovertido, cada vez menos ansioso, más maduro y se notaba que había ganado confianza en sí mismo.

¿Algún progreso más o dato destacable?

Los padres lo habían llevado al médico porque Alain estaba siempre muy pálido y con mucha tos por las noches, pero no le encontró nada remarcable. En este paciente, como en otros, el porcentaje de somatización era alto. El padre viajaba mucho; es decir, estaba muy ausente y la madre debía levantarse varias veces cada noche para atender las demandas de Alain: a veces decía tener hambre; otras, pipí, o lloraba, o quería agua, etc. Esta situación se fue resolviendo. Asimismo, aunque en el centro trabajamos con técnicas de relajación, también empezó a ir a un osteópata para la cuestión de la ansiedad. El osteópata le fue muy bien.

 

¿Las demandas de Alain hacia su madre eran llamadas de atención?

Sí, producto de la dinámica familiar. De cualquier modo, en este punto de la terapia ya estaba habiendo una mejoría significativa de la autoexigencia y de la ansiedad.

 

Pasemos al tercer test de control

Fue en noviembre de 2017. En esta fase, Alain había hecho grandes progresos en la organización espacial y temporal. Pero el cambio

más destacable fue en su comportamiento: se mostraba mucho más extrovertido, cada vez menos ansioso, más maduro y se notaba que había ganado confianza en sí mismo. De hecho, al despedirse de mí, me dio espontáneamente un beso, lo cual hubiera sido impensable antes de todo este recorrido. Por lo demás, había tenido un eczema en la cara, pero se le curó, y su aspecto general también era mucho mejor, más saludable. Del mismo modo, había tenido algún problema de control de esfínteres cuando se le hacían cosquillas, pero este aspecto también se superó.

 

¿Cómo fue la reunión con los padres para comentar el resultado del tercer test?

Comentaron que Alain ya no sentía claustrofobia, ni siquiera en los ascensores; que gestionaba mucho mejor la frustración cuando se equivocaba en algo, que lo notaban con más seguridad en sí mismo y que ahora no se agotaba tanto: había empezado a acostarse dos horas más tarde, a las 20 h. Lo que sí persistía era la onicofagia, algunas dificultades en la motricidad fina (recortar, pintar, etc.) y su rechazo a dibujar. También me explicaron que tiempo atrás, y siempre coincidiendo con el fin de semana para no ir el lunes al colegio, decía tener otitis; es decir, seguía habiendo ahí un síntoma psicosomático de malestar. Esto también se había resuelto antes del tercer test de control.

En esta fase, la terapeuta reporta que Alain muestra interés en aprender, que ahora, cuando pide ayuda, lo hace para progresar en sus aprendizajes y no para que hagan las cosas por él. También es importante destacar que el paciente empieza a ser consciente de sus avances. En esta fase deja de invertir por primera vez las letras al escribir.

¿Los síntomas psicológicos estaban relacionados con su lateralidad cruzada?

Sí. Cuando una persona empieza a ser más feliz y aumenta su calidad de vida, la somatización va disminuyendo. Por eso en la terapia de lateralidad trabajamos en tres aspectos: con ejercicios que estimulan los ítems de la lateralidad y la psicomotricidad (la organización espaciotemporal, la comprensión, la concentración, etc.), la tensión del cuerpo que impide que el cerebro integre los nuevos conocimientos, y la parte emocional.

 

¿Cómo fue el cuarto test de control?

Este test fue en mayo de 2017. Alain estaba mucho menos hipercinético, la lateralización era más homogénea a la izquierda, la coordinación ideomotriz había mejorado mucho y había bajado considerablemente la ansiedad, lo cual también se notó en que ya casi no se iba a dormir con su mamá cuando el padre estaba de viaje. En esta fase, la terapeuta reporta que Alain muestra interés en aprender, que ahora, cuando pide ayuda, lo hace para progresar en sus aprendizajes y no para que hagan las cosas por él. También es importante destacar que el paciente empieza a ser consciente de sus avances. En esta fase deja de invertir por primera vez las letras al escribir, algo de lo que él mismo se sorprendió (si lo hizo es porque fue consciente de ello) y que representó una gran motivación. La terapeuta también reporta que está más atento y que se siente más seguro y cómodo en la relación con ella.  Coincidiendo con este cuarto test recibí una llamada de la maestra de Alain.

 

¿Por qué motivo?

Quiso comunicarme que Alain estaba haciendo grandes progresos en la lectoescritura y que ya no era tan lento al hacer las tareas. Lo veía menos apocado y mucho más sociable. Había hecho amigos.

 

¿Qué destacaría de la reunión con los padres?

Me informan de que Alain ha empezado a asistir a un grupo de refuerzo en el colegio con otros cuatro niños que tienen dificultades con el lenguaje. También me hacen saber que han observado muchos progresos. El más destacable es que ya apenas confunde la orientación espacial de las letras. No obstante, sigue teniendo dificultad con las restas; una dificultad que fue superando posteriormente.

Los padres están muy satisfechos con la terapia, pero trasladan su propia autoexigencia a su hijo; lo cual veo a menudo en consulta. Vivimos en una sociedad que ejerce mucha presión y los niños reciben las consecuencias.  Aquí es cuando también intervengo como terapeuta  con los padres, ya que ellos también sufren esta autoexigencia.

Pasemos al quinto test de control

Fue en noviembre de 2017. En esta fase, Alain ya ha conseguido una armonía notable entre el rendimiento neurofisiológico (lateralidad) y el rendimiento mental y emocional. Les comunico a los padres que lo más probable es que finalice la terapia en diciembre, y están de acuerdo. Se muestran muy satisfechos con todos los avances de su hijo relacionados con la mecánica lectora, la retención lectora, la comprensión lectora y la organización espaciotemporal; avances que confirma la profesora particular que le pusieron unos meses antes. Sin embargo, me comentan que han llevado al niño a una logopeda por una pequeña dificultad de pronunciación con la b y la v que requeriría que siguiera yendo. Mi consejo es que, en todo caso, lo posterguen, ya que sus notas escolares están siendo buenas y ya realiza varias actividades extraescolares, además de venir a terapia. El niño necesita algo de respiro. Después de hablarlo con su profesora particular, la cual está de acuerdo conmigo, deciden no llevarlo a la logopeda. También me comentan que Alain sigue ampliando y consolidando su círculo de amigos.

 

La exigencia de los padres era alta…

Sí, los padres están muy satisfechos con la terapia, pero trasladan su propia autoexigencia a su hijo; lo cual veo a menudo en consulta. Vivimos en una sociedad que ejerce mucha presión y los niños reciben las consecuencias.  Aquí es cuando también intervengo como terapeuta  con los padres, ya que ellos también sufren esta autoexigencia.

 

En esta reunión, ¿comentan algún punto más importante?

El padre señala que, en casa, Alain sigue irascible, que responde mal, que sigue teniendo una actitud militar y que se pelea mucho con su hermano mayor. Comentamos que todavía hay que seguir trabajando para que mejore su capacidad de gestionar la frustración, así como el aspecto de la lentitud.

 

¿Cuándo le hace el sexto test de control?

En abril de 2018. En su caso, fue el último antes de darle el alta. Los resultados mostraron que Alain se había recuperado en un 91 %. Ya estaba dominando la comprensión lectora, lo cual significa que la mecánica y la retención lectoras son correctas. Recordemos que no puede haber comprensión lectora si el niño tiene serias dificultades para leer y, que si tiene estas dificultades, al leer no podrá retener lo que ha leído, ni comprenderlo.

 

Tras darle el alta, ¿aumentó todavía más la recuperación?

Sí, al hacerle los sucesivos test posterapia, se fue incrementando hasta un 97 %; un porcentaje que está muy bien. Recordemos tres cosas importantes: que ninguna persona tiene una lateralidad 100 % zurda o diestra, y que es fundamental que los pacientes realicen los ejercicios que se le dan para hacer en casa cuando terminan la terapia. Estos ejercicios acaban de afianzar la lateralidad que se ha trabajado durante todo el tratamiento. Cuando la terapia se lleva a cabo correctamente, la lateralidad ya no vuelve a cambiarse; es decir, no hay regresión o recaídas.

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