Damos abrazos para celebrar los momentos más felices de nuestra vida y sobrellevar mejor los peores. Con ellos expresamos y compartimos la alegría, paliamos la tristeza, calmamos, protegemos y mostramos lo orgullosos que nos sentimos de alguien. Abrazamos en las despedidas antes de soltar al otro y en las bienvenidas para acogerlo y hacerle saber lo mucho que lo hemos añorado. Posiblemente, un buen abrazo sea la mejor manera de decirle a alguien que estamos ahí. ¿Hay algo más reconfortante que un abrazo?

Los efectos positivos de los abrazos en nuestra salud

Abrazar tiene efectos positivos en nuestra salud física y mental. Los científicos han comprobado que, cuando nos abrazamos, nuestro cerebro libera una gran cantidad de oxitocina; la hormona que nos vincula a otra persona. Por lo que abrazar a alguien profundiza, literalmente, nuestra relación con esa persona a nivel bioquímico.

Abrazarse también reduce el cortisol, la hormona del estrés. De modo que puede contribuir a reducir la inflamación y la presión arterial asociados a él, así como a mejorar la salud del corazón. Además, los efectos positivos de abrazar se dan tanto en la persona que recibe el abrazo como en la que lo da. Ahora bien, ¿todos los abrazos son igual de efectivos?

Así son los abrazos perfectos

Así son los abrazos perfectos, según la ciencia

¿La colocación de los brazos es importante? ¿Cuánto tiempo debería durar un abrazo? ¿Hay abrazos mejores que otros? Para responder a estas preguntas, un grupo de científicos ha llevado a cabo una investigación cuyos resultados se publicaron la semana pasada en la revista Science.

Si atendemos a la colocación de los brazos, hay dos tipos de abrazos: los entrecruzados (ambas personas ponen un brazo sobre el hombro de la otra y pasan el otro brazo por debajo del brazo de su pareja) y los de cuello-cintura (las dos personas pasan sus brazos por detrás del cuello o de la cintura de su pareja). Pues bien, los resultados mostraron que las personas percibimos como más seguros y agradables los abrazos entrecruzados y que hay una preferencia clara por este tipo de abrazos, incluso entre los hombres. De hecho, estudios anteriores ya habían indicado que las personas percibimos este tipo de abrazos como más igualitarios. «El entrecruzamiento transmite cercanía sin agregar un subcontexto romántico. El cuello y la cintura se asocian con algo más íntimo», explica la psicóloga de la Universidad de Londres Anna Düren, autora principal del estudio.

En cuanto a su duración, todo indica que preferimos los que se prolongan entre cinco y diez segundos. ¿Te parecen mucho 10 segundos? A los investigadores también (quizá es que necesitamos abrazos más que nunca).

La preferencia lateral al abrazar no depende exclusivamente de la lateralidad

Los abrazos son un comportamiento en la intersección de las redes motoras y las redes emocionales del cerebro. Esto implica que pueden verse influenciados por ambas redes neuronales. Cuando nos abrazamos, suele haber un brazo guía que inicia el abrazo. Alrededor del 90 % de los humanos son diestros, lo que significa que prefieren usar la mano derecha para actividades como escribir o dibujar, y también para abrazar. Así lo demostró un estudio sobre abrazos realizado en la sala de llegadas de un aeropuerto internacional: el 59 % de los viajeros observados abrazaron con el brazo derecho y el 41 % con el izquierdo. Estos resultados se validaron en estudios posteriores con otros grupos y en otras circunstancias. Pero en ninguno de estos estudios se evaluaron las emociones, algo que sí hizo el neurocientífico alemán Julian Packheiser en un estudio de 2018.

Al estudiar los abrazos en situaciones emocionalmente positivas, en situaciones emocionalmente negativas y en situaciones neutras, los resultados cambiaron. Si bien la mayoría de la gente mostró preferencia por los abrazos del lado derecho en las tres situaciones, se dieron con más frecuencia los abrazos del lado izquierdo en situaciones cargadas de mucha emoción, sin importar si estas emociones eran negativas o positivas. «El lado izquierdo del cuerpo está controlado por el lado derecho del cerebro, que está muy involucrado en el procesamiento de las emociones tanto positivas como negativas. Por tanto, esta deriva hacia la izquierda puede mostrar una interacción entre las redes emocionales y las preferencias motoras», explica el neurocientífico.