Nuestro lenguaje corporal habla de nosotros

Todos hemos oído que el lenguaje corporal nos da mucha información sobre una persona: sobre cómo es y sobre qué está pensando y sintiendo. Es un tema interesante porque vivimos interaccionando con los otros, comunicándonos, y el lenguaje corporal es comunicación.

Hacemos juicios e inferencias a partir del lenguaje corporal de alguien; el cual incluye la postura, los movimientos corporales, las expresiones faciales, el tono de voz y el volumen. Hay estudios que revelan que el lenguaje corporal es decisivo a la hora de contratar a alguien, promocionarlo, invitarlo a salir o votar a un candidato político (Alex Todorov, de la Universidad de Princeton demostró que el juicio que hacemos en un solo segundo de los rostros de los candidatos políticos predice el 70 % de los resultados). Incluso registramos, aunque no seamos conscientes, las microexpresiones en la cara de alguien: los leves movimientos faciales involuntarios y no controlados que hacemos según las emociones que sentimos. Estos movimientos casi imperceptibles duran apenas unos microsegundos y no se pueden esconder. Los  estudió por primera vez el doctor en Psicología Paul Ekman de la Universidad de California (la serie Miénteme está inspirada en su trabajo y en los casos policiales que ayudó a resolver aplicando sus conocimientos).

Expresamos corporalmente lo que sentimos, y el cuerpo no miente. Hay muy pocos especialistas que puedan hacerlo. Algunos ejemplos: si tras decir algo, cruzamos los brazos, nos estamos protegiendo. Si nos tocamos el cuello, nos sentimos en peligro; si nos encorvamos con los hombros hacia delante, queremos pasar desapercibidos porque nos sentimos poca cosa, y si unimos las yemas de los dedos de las dos manos al hablar, estamos mostrando una alta confianza en lo que decimos.

Cómo se modifica nuestro cerebro cuando cambia el lenguaje corporal

Ahora bien, el lenguaje corporal no solo es la expresión de cómo nos sentimos y de lo que somos. Es mucho más poderoso: si lo modificamos, podemos cambiar lo que pensamos y sentimos acerca de nosotros mismos. Es decir, actúa en ambos sentidos. Lo explica la psicóloga social y profesora de Harvard Amy Cuddy en su libro El poder de la presencia, en el que aborda la relación entre la postura del cuerpo y el poder personal de nuestra presencia, entendida como la capacidad de expresar los propios pensamientos, sentimientos, valor y potencial de manera que resuenen y conecten con los demás (no como dominio sobre los otros o intimidación).

Como profesora de una escuela de negocios muy competitiva, Amy Cuddy está especialmente interesada en las dinámicas de poder y, concretamente, en las expresiones no verbales de poder y dominio. Cuando alguien se siente empoderado, se expande. Ocurre en todo el reino animal. Se hace grande, se abre, se estira, ocupa espacio. Cuando uno se siente impotente, hace lo contrario: se cierra y se hace pequeño porque no quiere toparse con el que tiene al lado. Y si alguien se muestra poderoso con nosotros, tendemos a hacernos más pequeños.

En sus clases, la especialista había observado dos cuestiones que no la sorprendieron: las mujeres suelen hacerse más diminutas que los chicos. Se sienten “crónicamente menos poderosas que los hombres” y, además, participan mucho menos en el aula. Entonces se preguntó si falsificar la postura corporal podría llevar a cambios de conducta. Y la respuesta es que sí. Lo corroboró haciendo una serie de estudios con una especialista de la Universidad de Berkeley, Dana Carney. Tan cierto es que nuestras mentes cambian nuestros cuerpos como que nuestros cuerpos cambian nuestras mentes. Si uno adopta una postura de seguridad es más probable que se sienta más seguro. La cuestión es fingirlo (en el sentido de adoptarla, aunque no salga de manera natural) hasta que se logra el cambio.

El papel de las hormonas en todo esto

Las personas poderosas tienden a ser más asertivas, optimistas y seguras. Además, piensan de manera más abstracta y toman más riesgos. Fisiológicamente, también presentan diferencias importantes respecto a las que se sienten impotentes: aunque solemos asociar el poder únicamente a la testosterona (dominio) los auténticos líderes tienen la testosterona alta y el cortisol bajo (la hormona del estrés) porque el poder está muy vinculado a la forma no reactiva y calmada de responder al estrés. En las jerarquías de primates ocurre lo mismo: si un macho alfa necesita asumir el control, no solo aumentará significativamente su testosterona en unos días, sus niveles de cortisol también irán disminuyendo.

En su investigación, las especialistas hicieron una prueba en laboratorio con un grupo de personas: les hicieron adoptar durante dos minutos posturas de alto y bajo poder, y tomaron muestras de su saliva en ambos casos. Al adoptar las de alto poder, sus niveles de testosterona aumentaron un 20 %, aproximadamente; al adoptar las de bajo poder, los niveles disminuyeron un 10 %. Respecto al cortisol, este disminuyó un 25 % tras las posturas de alto poder y aumentó un 15 % con las de bajo poder.

Conclusiones

En resumen, con solo dos minutos de práctica se producen cambios hormonales que configuran nuestro cerebro para que sea más asertivo, se sienta más seguro y sea menos reactivo al estrés. No se trata de fingir lo que no somos, si no de entrenar nuestros cuerpos hasta que nuestras mentes consoliden la percepción que tenemos de nosotros mismos y se produzca el cambio. En el primer vídeo de arriba, podéis ver las posturas y escuchar el testimonio de Amy Cuddy sobre su propio caso. La especialista tuvo un grave accidente de coche cuando era joven que disminuyó su cociente intelectual. Le dijeron que no podría terminar sus estudios universitarios, pero no se rindió. Fingió su seguridad en cada charla que tuvo que dar en Princeton como parte de su formación. Hoy enseña en Harvard.

Además de los recursos incluidos en el libro y en el vídeo de la charla de Amy Cuddy en TEDTalks, hay muchas otras fuentes para aprender a expandir el cuerpo: técnicas de respiración y posturas de yoga para la apertura de pecho, como las que incluye la clase que imparte Xuan Lan en el vídeo de arriba.