Cuando hay una mala comunicación entre padres e hijos adolescentes

En algunas familias, la nula o mala comunicación entre padres e hijos adolescentes es un problema de base que impide la resolución de otros conflictos entre ambas partes. Este problema llega a impregnar su relación de tal manera que desencadena actitudes de oposición, problemas de convivencia, que no se respeten los acuerdos y pactos establecidos y, a menudo, que los padres adopten el castigo como supuesta única vía de solución. ¿Cómo se llega a este punto? ¿Qué es lo que causa esta mala comunicación entre padres e hijos adolescentes?

Por qué se produce la mala comunicación

«Lo más importante es ser consciente de la nueva etapa psicoevolutiva por la que atraviesa un adolescente: el hijo pasa de ser un niño a experimentar un cambio brusco en el cuerpo, a disponer de una mayor capacidad de pensar por sí mismo y a tener necesidades sociales que le proporcionen el reconocimiento afectivo y el reconocimiento como sujeto que ahora piensa de forma autónoma. Es decir, un adolescente pasa a disponer de mayor capacidad intelectual que cuando era niño, pero con muchas ideas equivocadas porque todavía no ha podido contrastar a través de la experiencia ese nuevo potencial», nos explica el psicólogo de nuestro centro Luis Elías.

En la adolescencia uno se redescubre a sí mismo, con todas sus nuevas aptitudes. No obstante, como todavía no hay ningún bagaje, formula hipótesis y extrae conclusiones de forma precipitada. Es propio de la adolescencia sentirse imbatible, creer que se tiene razón en todo. Se podría decir aquello de que la juventud es muy osada. «Si cuando el hijo llega a esta etapa madurativa los padres no han logrado crear previamente una buena comunicación con él, los problemas de relación y de convivencia se enquistarán y aumentarán», prosigue el psicólogo.

Por qué se produce la mala comunicación entre padres e hijos adolescentes

Consecuencias de una mala comunicación

«Son muchas las posibles consecuencias. Una de las más habituales es el aislamiento del adolescente: deja de hablar con sus padres, no participa de la vida familiar y, cuando llega a casa, se encierra en su habitación. Esta actitud, además, contrasta fuertemente con el comportamiento que el hijo tenía antes de llegar a la adolescencia, cuando les explicaba a sus padres todo lo que había hecho en el colegio, con quién había quedado, etc., porque ellos eran su único gran referente. Asimismo, el aumento del uso de las nuevas tecnologías en los adolescentes está directamente relacionado con este aislamiento, ya que buscan en sus iguales ese reconocimiento que tanto ansían o inhibirse de su realidad familiar a través de los videojuegos, por ejemplo. Tengamos en cuenta que un adolescente no se siente comprendido por sus padres y que cree ya no necesita su consejo porque gracias a su nueva capacidad de razonar va a redescubrir cómo son las cosas.

«Cuando el adolescente toma conciencia de que posee una nueva inteligencia, se desmarca de los progenitores si la comunicación entre ellos ya no era buena. Y con una mala comunicación no me refiero exclusivamente a que se llegue a esta etapa del hijo arrastrando problemas no resueltos, sino a no haberle dedicado el tiempo necesario para hablar con él de todo aquello que, de lo contrario, puede quedar ahí como una omisión. El problema es que muchos padres tienen grandes dificultades para conciliar la vida laboral y familiar, por lo que no disponen de mucho tiempo ni energía cuando llegan a casa para establecer los puentes adecuados y una relación de confianza antes de que el hijo alcance esta etapa», señala Elías.

Otra consecuencia de la mala comunicación entre padres e hijos adolescentes es la pérdida parcial de referentes delante de decisiones que son relativamente importantes en la vida de un hijo, pero que para él son muy importantes (para las decisiones vitales y trascendentales, los padres sí siguen siendo su referente, aunque la comunicación no sea buena). «El adolescente deja de consultar con sus padres todo aquello que tiene que ver con decisiones que podríamos denominar de rango medio. Toma estas decisiones por sí mismo o hablando con sus amigos. El problema es que aunque sean decisiones sobre temas relativamente importantes, estas decisiones pueden causar complicaciones posteriores», nos dice el especialista.

Por último, otra de las consecuencias es el desafío a las normas establecidas en casa.

Consejos y pautas para construir una buena comunicación

Consejos y pautas para construir una buena comunicación entre padres e hijos adolescentes

Hay una serie de pautas que los padres pueden seguir para establecer una buena comunicación con sus hijos o para mejorarla o restablecerla cuando se ha perdido.

  • Ser conscientes de las características del pensamiento adolescente.
  • Darse cuenta de que a pesar de la prepotencia del adolescente, este es inexperto y todavía necesita desarrollar sus capacidades, validarlas y pasar por toda esta fase. Esta actitud nos ayudará a relativizar muchas situaciones.
  • Reconocimiento: empezar el diálogo con el hijo validando las partes de su/s argumento/s que sí están dentro de la realidad, en lugar de centrarnos únicamente en la parte de su discurso que no tiene sentido y en rebatirlo. Por ejemplo: “Me parece muy interesante lo que dices y te entiendo, pero…” (y aquí introducimos las ideas que queremos establecer, normas, etc.). Es decir, la fórmula sería: escucha activa + validar + corregir.
  • Recuperar la confianza del hijo: en vez de hacerle un interrogatorio sobre lo que ha hecho durante el día para ver si nos explica algo, compartir con él/ella lo que hemos hecho nosotros, explicar si hemos tenido un conflicto con un amigo, etc., para abrir espacios de comunicación y crear vínculos de confianza en un entorno que pueda hacerle sentir protegido. Una vez se haya creado la confianza y este tipo de conversaciones sean habituales en casa (no antes), también podemos compartir experiencias nuestras de cuando teníamos su edad.
  • Mostrarnos indecisos en cuestiones puntuales y concretas, y preguntarle su opinión al respecto, qué haría en nuestro lugar. Esto propiciará que se implique en la conversación. Además, si profundiza en el tema, tendrá que echar mano de lo que piensa para poder explicarse. Con el tiempo, esta dinámica creará una apertura y receptividad.
  • Si hay faltas de respeto, no deben tolerarse y deben reestablecerse los límites. Ahora bien, siempre mediante una buena comunicación. Si a pesar de ello el hijo persiste, habrá que subir un nivel la autoridad, poner límites más rígidos y aplicar pequeñas restricciones, como privarle de algo que le guste hasta que cambie de actitud.
  • Establecer momentos/espacios que propicien la comunicación: por ejemplo, instaurar que se cena a tal hora en familia o se desayuna los domingos todos juntos. También se puede definir un sitio de la casa (una caja, un jarrón) donde cada uno puede depositar un papel con el conflicto/dificultad que ha observado o está viviendo y establecer un día a la semana para abrir los papeles y comentar los temas entre todos y hacer una reflexión en común.
  • Realizar actividades juntos: estos espacios lúdicos (sobre todo, al aire libre), ayudan a derribar las barreras, a establecer vínculos y a que fluya la comunicación de forma más distendida.

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