Hoy abordamos la lateralidad cruzada en adultos a través de esta entrevista a una paciente del centro que empezó su terapia de lateralidad hace dos años y que ahora la está prosiguiendo por Skype debido a la situación de confinamiento que estamos viviendo. En la entrevista, Carmen (nombre ficticio) nos explica con qué problemas de lateralidad llegó por primera vez a la consulta, cómo afectaban estos problemas a su vida laboral, cómo ha ido evolucionando desde que empezó el tratamiento y cómo está viviendo el cambio que supone realizar ahora las sesiones online.

El hecho de no poder retener la información es lo que más problemas me causaba. De hecho, mi trayectoria profesional ha estado marcada por esta dificultad. Cuando me hablaban en el trabajo, me resultaba muy difícil retener lo que me decían. Se me olvidaba. Y como eso que me decían es lo que se esperaba de mí que hiciera, pues perdí más de un trabajo

¿Cuándo empezaste la terapia de lateralidad en el centro?

Hace dos años y dos meses.

 

En tu caso, ¿cuáles eran los problemas de lateralidad?

Sobre todo, de atención, de retención, de comprensión y de orientación espacial y temporal.

 

¿Cómo repercutían estas dificultades en tu vida?

El hecho de no poder retener la información es lo que más problemas me causaba. De hecho, mi trayectoria profesional ha estado marcada por esta dificultad. Cuando me hablaban en el trabajo, me resultaba muy difícil retener lo que me decían. Se me olvidaba. Y como eso que me decían es lo que se esperaba de mí que hiciera, pues perdí más de un trabajo.

 

¿Te despedían?

Sí, me han despedido de varios trabajos a causa de mis problemas de lateralidad. He vivido situaciones complicadas porque me incomodaba mucho pedir que me repitieran lo que me habían dicho, no me atrevía.

 

¿Nunca les explicaste a tus compañeros o jefes que tenías dificultades a causa de tu lateralidad cruzada?

No, pensaba que eso me haría parecer vulnerable e incapaz. Además, como tampoco sabía que la causa era la lateralidad cruzada,  nunca compartí con nadie todo lo que me pasaba. Solo lo sabía mi hermana.

Antes me sentía en inferioridad de condiciones y eso hacía que me inhibiera, que evitara la interacción con los demás; sobre todo, con los compañeros de trabajo.

¿Había alguna otra dificultad que te impidiera hacer bien tu trabajo?

Sí, no solo no podía retener la información, tampoco la entendía. Me costaba comprender lo que me decían cuando me hablaban. No sabía de qué trataba eso que decían. Sé que es fuerte lo que estoy diciendo, pero era así. Y como tampoco podía retener eso que no entendía, era horrible. Me lo tenía que apuntar todo. Trabajar así es difícil, siempre estaba en tensión. Sentía mucha vergüenza. Llegué a pensar que no servía para trabajar. Ahora esto ya ha cambiado.

 

¿De qué manera? ¿En qué ha cambiado?

Ahora, cuando me hablan, lo visualizo.

 

Desde hace unas semanas, y debido al confinamiento, estás haciendo las sesiones por Skype

Sí, quiero seguir avanzando. Si interrumpiera la terapia ahora, el parón perjudicaría la evolución que he conseguido hasta ahora. Ya he hecho el cuarto test de control y quiero terminar mi tratamiento para acabar de estar bien lo antes posible.

 

Retrocedamos un poco ¿cómo supiste que tenías lateralidad cruzada?

Yo nunca había oído hablar de lateralidad. De hecho, no sabía por qué me pasaba todo lo que pasaba. Un día, leí una entrevista que le hizo La Vanguardia a Joëlle Guitart, la directora del centro. Recuerdo que a medida que iba leyendo, pensé «Esta soy yo». Decidí llamar a su consulta, Joëlle me hizo el test de lateralidad y, cuando me propuso empezar con la terapia, enseguida le dije que sí. En aquel momento no sabía si me iba a ir bien, pero no tenía nada que perder y sí mucho que ganar.

 

Debió ser un momento importante para ti cuando te viste reflejada por primera vez en esa entrevista

Sí, lo fue. Piensa que hasta entonces, no tenía ni idea de lo que provocaba mis dificultades, y que tuve muchísimos problemas en las diversas empresas en las que estuve trabajando. Fue duro porque, además, yo me daba cuenta de que mis jefes tenían razón cuando me llamaban la atención.

 

No te llamaban la atención porque sí

No. Aunque yo no podía identificar por qué me llamaban la atención, notaba que no hacía lo que esperaban de mí, que no podía hacer bien lo que me pedían que hiciera.

Iba a trabajar sin saber en qué consistía mi trabajo. No entendía lo que se suponía que eran mis funciones. Y como tengo más titulación que la mayoría de mis compañeros porque soy abogada, no entendía por qué ellos conseguían hacer las cosas mucho mejor que yo.

¿Alguna vez te dijeron algo que te hiriera?

Sí, algunas veces. Me preguntaban, por ejemplo, que dónde tenía la cabeza, ya que cuando me hablaban, yo me quedaba mirándolos como si estuviera out. También perdía el hilo muy a menudo cuando era yo la que explicaba algo.

 

¿No procesabas la información que recibías?

Exacto. Iba a trabajar sin saber en qué consistía mi trabajo. No entendía lo que se suponía que eran mis funciones. Y como tengo más titulación que la mayoría de mis compañeros porque soy abogada, no entendía por qué ellos conseguían hacer las cosas mucho mejor que yo. No es que pensara que fuera mejor que ellos, pero no entendía por qué, sin tener una licenciatura, se desempeñaban tan bien y, en cambio, yo tan mal. También era duro ver que a mis compañeros los iban ascendiendo y a mí no. Esto me hacía sufrir, pero por otra parte me tranquilizaba, ya que no me veía capaz de asumir más responsabilidades o de dirigir un grupo.

 

¿En qué sector trabajas?

Soy administrativa. Como hacía un desastre detrás de otro, recuerdo que pensaba «Menos mal que no estoy en el sector sanitario».

 

En cambio, conseguiste sacarte la carrera como abogada

Sí, porque tengo buena memoria. Estudiaba de memoria y me repetía los contenidos de las asignaturas una y otra vez hasta que se me quedaban.

 

Bien. Estábamos en cuando empezaste la terapia

Las primeras sesiones me sorprendieron un poco porque yo no sabía en qué consistía el tratamiento, ni que haríamos el tipo de ejercicios que hacemos, pero me pareció bien porque vi que, con un poco de voluntad, son ejercicios que, al final, consigues hacer. Y cuando ves que vas progresando y mejorando tus habilidades, estos avances motivan mucho para seguir esforzándote. Es una terapia larga, pero vale la pena.

 

¿En qué has notado la evolución desde que empezaste el tratamiento?

Además de en todo lo que te he explicado, en que ahora hago las cosas más rápido. Era muy lenta en todo. Ahora, lo soy mucho menos, y eso me ha hecho ganar confianza en mí misma. También empatizo mejor con los compañeros.

¡Ojalá hubiera hecho esta terapia 30 años antes! Mi vida hubiera sido distinta. Me hubiera ahorrado mucho sufrimiento y hubiera podido progresar más profesionalmente. También hubiera tenido mejores relaciones sociales, como las que tengo ahora.

¿A qué atribuyes esta mejora en la empatía?

Creo que como ahora me siento más a su nivel, me relaciono más de igual a igual con los demás. Antes me sentía en inferioridad de condiciones y eso hacía que me inhibiera, que evitara la interacción con los demás; sobre todo, con los compañeros de trabajo.

 

¿Cómo estás viviendo que las sesiones ahora sean por Skype?

Me están gustando. Yo hago terapia individual y he visto que podemos trabajar igual de bien que antes. El primer día trabajamos la atención sostenida y no noté diferencias respecto a la terapia presencial. En las otras dos sesiones que hemos hecho después, hemos trabajado la lógica y la orientación espacial. De todo lo que hacíamos antes, lo único que ahora no podemos hacer son los juegos de mesa, pero mi terapeuta ha sustituido estos ejercicios por otros para poder trabajar los mismos aspectos que antes trabajábamos con esos juegos.

 

¿Quieres compartir algo más con nosotros?

Sí. ¡Ojalá hubiera hecho esta terapia 30 años antes! Mi vida hubiera sido distinta. Me hubiera ahorrado mucho sufrimiento y hubiera podido progresar más profesionalmente. También hubiera tenido mejores relaciones sociales, como las que tengo ahora. He estado muchos años recluida. Mi problema de lateralidad cruzada me paralizó. Ahora es como si el mundo se hubiera abierto: tengo más interés por hacer cosas, por relacionarme con los otros, organizo comidas familiares, tengo iniciativa…

También os quiero agradecer que publiquéis otros casos de pacientes en el blog de vuestra web. Cuando leo sus testimonios me reconfortan: me doy cuenta de que no soy la única que he pasado por todo esto.