Por Susana Lladó

 

El psicólogo de nuestro centro Luis Elías nos explica en esta entrevista qué es el mutismo selectivo y cómo se trata en terapia.

¿Qué es el mutismo selectivo?

Es la inhibición del habla en circunstancias concretas.

 

No en todas

No. A diferencia del mutismo general, cuando un niño presenta mutismo selectivo solamente deja de hablar en ciertas situaciones, no en todas.

 

¿En qué circunstancias deja de hablar?

En aquellas que percibe como amenazantes: cuando cree que va a ser juzgado, criticado, etiquetado, que se van a burlar de él, delante de extraños, en algunos contextos escolares, sociales, etc. En cambio, hablará con normalidad cuando se sienta cómodo con las personas con las que esté o en situaciones a las que esté más habituado. Seguramente, no tendrá ningún problema con su mejor amigo, en familia, etc.

 

¿Qué es lo que ocurre para que se inhiba el habla?

El niño se bloquea.

No es que el niño se diga «Ahora no hablo». Normalmente, lo que ocurre es que se siente sobrepasado por una situación determinada y se bloquea directamente

¿No es una inhibición voluntaria?

No, no es que el niño se diga «Ahora no hablo». Normalmente, lo que ocurre es que se siente sobrepasado por una situación determinada y se bloquea directamente. No obstante, puede ser que para evitarse el sufrimiento que le pudiera ocasionar esa situación decida voluntariamente no hablar o que intente hablar y no pueda, aunque lo más habitual es lo primero.

 

Entonces, no hay una causa orgánica

No, si el origen es orgánico, no hablamos de mutismo selectivo. Lo cual no quiere decir que si, por ejemplo, un niño sesea y se ríen de él a causa de ello, con el tiempo llegue a presentar mutismo selectivo por lo mal que lo pasa cuando se producen las mofas.

 

Entiendo, tiene un componente social

Sí, los niños con mutismo selectivo se sienten amenazados por alguna razón, eso les hace sufrir, les provoca una gran ansiedad y, como consecuencia, se produce un bloqueo que inhibe el habla.

 

¿El origen es la ansiedad?

Suele tener su origen en la ansiedad, en un trastorno de ansiedad. Ahora bien, el hecho de que el niño sí tenga capacidad de habla en situaciones que no percibe como amenazantes es una pista que nos indica que en el niño no sufre mutismo general, sino selectivo. Y esta capacidad de habla es clave para la terapia porque nos podemos valer de ella para realizar actividades, hacer psicoterapia, etc. 

Fundamentalmente, trabajamos en cuatro aspectos, ya que los cuatro están interrelacionados: la parte psicoterapéutica, la conductual, la cognitiva y la de expresión

¿Qué situaciones pueden provocar en un niño el mutismo selectivo?

Son muy variadas. Puede ser que el niño tenga un tic, una cicatriz en la cara, que proyecte una inseguridad suya que los demás ni perciben, como creer que está gordo, etc. Lo importante es cómo el niño percibe y vive esos comentarios, ya que puede haber niños con las mismas características que nunca presenten por ello mutismo selectivo. Por esta razón, hay una serie de aspectos que los terapeutas debemos tener en cuenta a la hora de realizar una evaluación.

 

Bien, ¿Cuáles son estos aspectos?

Para que haya una evaluación de mutismo selectivo, el niño debe presentar los síntomas durante más de un mes. Es decir, el mutismo no puede coincidir con el primer mes de un cambio de colegio, del inicio de una actividad nueva o un cambio de país, de cultura o de idioma, ya que todas estas situaciones pueden provocarle ansiedad. Entraría dentro de lo normal que la problemática asociada a un cambio de idioma pueda influir en el habla del niño.

 

¿Qué otros aspectos evalúan?

Son niños que ya tienden a ser ansiosos, tímidos, inseguros e inhibidos, y suelen tener miedos y fobias, como a hablar en público, a sentirse observados, a ser juzgados por los demás, etc. Como no saben canalizar la ansiedad y el sufrimiento que esto les supone, su respuesta es el mutismo.

 

Deben sufrir mucho para llegar a inhibir el habla

Sí, detrás del mutismo selectivo puede haber niveles muy altos de sufrimiento. Además, este mutismo puede entorpecer su evolución escolar y personal, debido a que afecta a su desarrollo afectivo y emocional, el cual queda afectado por el propio sufrimiento y por la ansiedad.

 

¿Cómo se trata el mutismo selectivo?

Fundamentalmente, trabajamos en cuatro aspectos, ya que los cuatro están interrelacionados: la parte psicoterapéutica, la conductual, la cognitiva y la de expresión.

Debemos mostrarle al niño que el camino de la comunicación es mucho más positivo y productivo que el de la inhibición del habla. Tiene que poder ver la utilidad de la comunicación, los beneficios que le reportará

Vamos por partes, con la psicoterapéutica

Se trata de trabajar con el niño el origen de la ansiedad que provoca su mutismo. Normalmente, esto es lo más fácil de identificar para el terapeuta, pero hay que trabajar su miedo a ser juzgado buscando las oportunidades para hablar sobre ello con naturalidad, sin forzarlo, y utilizando un lenguaje nada formal, sino acorde a su edad. Muchas veces, la percepción que tiene de los otros como jueces es errónea; en otros casos, habrá que ver si ha tenido una mala experiencia y desmitificar el poder que le otorga a los otros, a sus valoraciones. De cualquier modo, el objetivo es que tome conciencia de que a través de la comunicación puede lograr expresar y solucionar sus dificultades, además de conseguir otros objetivos que le interesan. Debemos mostrarle al niño que el camino de la comunicación es mucho más positivo y productivo que el de la inhibición del habla. Tiene que poder ver la utilidad de la comunicación, los beneficios que le reportará. Y todo esto con un refuerzo conductual y evitando por completo juzgar, criticar o burlarse de la conducta del niño en sesión. Hay que dejarle espacio.

 

La parte psicoterapéutica nos ha conducido a la conductual

Sí, porque todo este trabajo siempre debe ir acompañado de un refuerzo positivo a los progresos que vaya haciendo el niño en todos los campos. Este refuerzo es el que le hará ser consciente de su evolución, aumentará su confianza y seguridad, y le animará a seguir introduciendo cambios. Ahora bien, para ello también hay que hacer un trabajo con la familia y la escuela.

 

El trabajo debe ser conjunto

Así es. A la familia hay que explicarle las pautas a seguir para que aprendan a dejarle al niño el espacio adecuado sin forzar la comunicación. Además, debemos realizar la psicoeducación correcta con ellos que les permita entender bien qué es el mutismo selectivo y cuál es su causa. Hay padres que creen que su hijo tiene un problema grave, y eso ya etiqueta erróneamente al niño, aunque no sea su intención. Si se les explica que no es así, que su hijo tiene ansiedad por algo que hace que se bloquee y que este problema se puede solucionar con la terapia, su miedo se disipa.

 

¿Qué más debería saber la familia?

La familia debería saber crear situaciones para conversar con el niño, situaciones en las que este pueda dialogar utilizando el lenguaje propio de su edad. Lo más aconsejable es hablar sobre cosas que le gusten o llamen su atención; es decir, sobre temas hacia los que haya mostrado una predisposición a hablar previamente y, luego, se puede ir redirigiendo la conversación, pero siempre sin forzar y respetando sus tiempos. Con estos niños todo debe ser siempre progresivo. También es importante que vayan promoviendo su socialización apuntándole a algún deporte o actividad en grupo.

Una vez que ya se han trabajado los aspectos que hemos comentado con el niño durante un cierto tiempo y se ha establecido un vínculo terapéutico, se le puede ir exponiendo gradualmente a situaciones que teme. Estas situaciones se programan aumentando poco a poco las experiencias comunicativas para que vaya ganando competencias y seguridad al hablar

¿En qué consiste la parte cognitiva?

En la terapia de lateralidad hay una parte dedicada a trabajar las habilidades cognitivas. Esta parte es importante porque, al ser más competentes, afrontan mejor las situaciones, van teniendo experiencias positivas y esto refuerza su autoestima. De manera que cuando e niño se tenga que exponer a una situación que le resulta amenazante, lo hará mucho más preparado, con más confianza. Pensemos que en el caso de niños con lateralidad cruzada, la mayoría tienen mucho miedo a equivocarse, a fracasar, a ser tildados de torpes, lentos, etc. Algo tan nimio como esto (desde el punto de vista terapéutico, no del niño) puede ser el origen de una problemática bastante grande. Por esto hay que desenquistar las falsas creencias de inutilidad, etc.

 

Bien, pasemos a la expresión

Cuando hablábamos antes de la socialización, este punto puede incluir que, llegados a un punto de la terapia, el niño la prosiga en grupo; lo cual le ayudará a socializar y nos permitirá trabajar la expresión, a nivel comunicativo, con otros niños y en un entorno controlado.

 

¿En un entorno controlado?

Sí, porque previamente, a los otros niños se les explica qué normas deben respetar (no burlarse, respetar la forma de comunicarse, etc.) y, además, ponemos especial cuidado en formar grupos adecuados que no incluyan, por ejemplo, a un niño desafiante. La terapia en estas condiciones les ayuda mucho porque el niño, entonces, puede tener la experiencia de una buena relación comunicativa. Dedicamos ¼ parte de la sesión a trabajar la expresión.

 

¿Trabajáis el tema comunicativo de alguna forma más?

Sí, con otras actividades y juegos muy específicos para fomentarla y desarrollarla, como el juego del tabú.

 

¿En qué consiste este juego?

Tienen que explicar un concepto sin utilizar la 5 palabras más recurrentes, lo que les obliga a pensar otra manera de hacerlo. También utilizamos el Scrabble para mejorar su vocabulario y el Dixit para trabajar las emociones a nivel expresivo.

 

Explícanos qué es el juego del Dixit

Es un juego que consiste en narrar y adivinar historias utilizando las imágenes de las cartas. El Dixit fomenta la cooperación y la creatividad y, además, suele ser bastante proyectivo; es decir, al crear historias hablan de ellos mismos.

 

¿Hay algún aspecto más importante en la terapia?

Es bueno que estos niños estén en ambientes estructurados, donde ya sepan lo que se van a encontrar. Si el niño ya sabe, por ejemplo, que vamos a dedicar 15-20 minutos de la sesión a hablar, que luego haremos una actividad de una ficha, luego una serie de juegos didácticos y al final un ejercicio más de motricidad, llega a la sesión más tranquilo. Una sesión de terapia no puede ser una sesión anárquica. Y algo más.

 

¿Sí?

Una vez que ya se han trabajado los aspectos que hemos comentado con el niño durante un cierto tiempo y se ha establecido un vínculo terapéutico, se le puede ir exponiendo gradualmente a situaciones que teme. Estas situaciones se programan aumentando poco a poco las experiencias comunicativas para que vaya ganando competencias y seguridad al hablar. También se hacen role playings en sesión con los pacientes más mayores: cada uno adopta un roll diferente para poder trabajar ciertos aspectos. Y todo este trabajo se refuerza positivamente. Asimismo, en paralelo, se sigue haciendo la psicoeducación con los padres y se establece una comunicación con la escuela en el mismo sentido.

 

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