Por Susana Lladó

Los problemas de psicomotricidad pueden deberse a diversas causas, las cuales suelen estar interrelacionadas. En esta entrevista, la psicóloga Meritxell Pujol profundiza en los diversos aspectos implicados.


¿Por qué algunos niños necesitan realizar una terapia de psicomotricidad? 

En general, el desarrollo psicomotor es un proceso vivencial que cada niño va realizando sin que se le tenga que enseñar cómo. Por ejemplo: normalmente, no es necesario que tengamos que explicarle a un niño de 3-4 años en qué consiste saltar antes de que dé su primer salto. No hace falta detallarle previamente que saltar consiste en coger impulso y levantar la pierna derecha, luego la izquierda, etc. Un día, dará su primer salto.  Sin embargo, algunos niños experimentan dificultades durante su desarrollo psicomotor.

 

¿Lo puedes ilustrar siguiendo el mismo ejemplo?

Hay niños que no pueden saltar a edades en las que ya deberían hacerlo sin dificultad.

 

¿Por qué?

Porque saltar significa quedarse sin suelo bajo los pies. Es la pérdida del sostén, del contacto que da seguridad. Hay un gran componente simbólico.

 


Lo primero que hace un bebé es arrastrarse y gatear. Solamente se pone de pie una vez que se siente seguro. Es decir, pasa del plano horizontal al vertical cuando está preparado para contener la angustia.


 

¿Cuál es el componente simbólico?

En el caso del salto pero podríamos hablar de otros muchos ejemplos― es perder la seguridad que proporcionan la madre o el padre al sujetarnos cuando todavía somos pequeños.

 

Entiendo, ¿y cómo se trabaja esta problemática en la terapia de psicomotricidad?

En el caso del ejemplo que estamos dando, el terapeuta deberá reasegurar al niño mediante juegos de arrastre para que experimente el contacto cuerpo-suelo.

 

¿Con qué objetivo?

Lo primero que hace un bebé es arrastrarse y gatear. Solamente se pone de pie una vez que se siente seguro. Es decir, pasa del plano horizontal al vertical cuando está preparado para contener la angustia.

 

¿Es como esos niños que para lanzarse por el tobogán necesitan que su madre los espere abajo con los brazos abiertos o que les coja la mano mientras bajan?

Sí y no. Es decir, a ciertas edades es normal que el niño todavía necesite que le proporcionen esa seguridad. Incluso en terapia, hay niños que te piden que les des la mano al hacer algunos ejercicios. Ahora bien, si el niño depende siempre de la mano de un adulto es que algo está fallando. Y esto nos lleva a un punto importante.

 


Si el niño todavía no se ve capacitado, nunca hay que forzarle. Un niño no debería verse inmerso en una situación que le provoca miedo o angustia. Es fundamental que pueda conquistar él solo esos territorios nuevos. Por esto es crucial que el terapeuta sepa respetar sus ritmos y prepararlo emocionalmente.


 

¿Cuál?

Si el niño todavía no se ve capacitado, nunca hay que forzarle. Un niño no debería verse inmerso en una situación que le provoca miedo o angustia. Es fundamental que pueda conquistar él solo esos territorios nuevos. Por esto es crucial que un terapeuta de psicomotricidad sepa respetar sus ritmos y prepararlo emocionalmente. Algunos adultos lo entenderán muy bien si recuerdan cómo se sentían de niños cuando en clase de gimnasia los obligaban a saltar el potro.

 

¿Y cómo llega el niño a superar esas dificultades?

En el espacio de terapia ―que es un espacio que el niño percibe como un espacio lúdico―, si le vas poniendo las estructuras y componentes adecuados, lo irá haciendo.

 

Algunos padres pueden pensar que si se trata de un juego, su hijo puede hacerlo en casa, sin asistir a una terapia de psicomotricidad

Las personas construimos lo simbólico a través del cuerpo. Si hay problemas de psicomotricidad, los hay de conciencia corporal. El terapeuta está preparado para identificar en qué fase está el niño. Puede ser que tenga 7 años y tenga un desarrollo motor de 5. Asimismo, identificará qué necesita para ayudarle a avanzar en las diferentes etapas. Quizá sea necesario retroceder y revisar qué ha pasado en una etapa anterior, quizá haya un miedo cuyo origen se debe identificar o se trate de inseguridad, problemas de equilibrio físico, una coordinación motora deficiente o una desorganización en el movimiento.

 

¿Qué es una desorganización en el movimiento?

En la sala donde realizamos la terapia de psicomotricidad  tenemos una escalera triangular. Al llegar arriba, el niño tiene que darse la vuelta para bajar. Hay niños que, en lugar de darse la vuelta con normalidad, necesitan cogerse la pierna y pasársela al otro lado para quedar encarados correctamente y poder bajar. Este sería un ejemplo de esta dificultad de tipo psicomotor. Pero, como digo, las causas de los problemas psicomotores pueden estar relacionadas también con aspectos emocionales.

 

En función de la causa, enfocáis la terapia

Sí. Hay que detectar bien cuál es el problema subyacente. En el caso de los niños con lateralidad cruzada, por ejemplo, suelen llegar al centro muy machacados emocionalmente por todas sus dificultades de lectoescritura y/o abstracción, capacidad lógica, etc. Aquí, la mirada del terapeuta y la relación que establezca con el niño son fundamentales.

 


El movimiento no debe suponer angustia o sufrimiento; el movimiento debe poder realizarse con placer. Esto es esencial para que cada etapa del niño transcurra de forma idónea. De otro modo, si hay miedo o angustia es cuando puede darse un estancamiento en su psicomotricidad.


 

¿En qué sentido?

Porque la mirada de la que han sido objeto estos niños siempre se ha dirigido a la falta, a lo que no hacen bien, en lugar de a su potencialidad. En la intervención terapéutica se validan sus logros, se contienen sus frustraciones y, si han sido objeto de burlas o infravaloraciones, se trabaja también toda esta parte, además de la conciencia corporal y las habilidades motoras. Lo fundamental es que se trabaje la psicomotricidad para que en el movimiento haya placer.

 

¿A qué te refieres con que en el movimiento debe haber placer?

El movimiento no debe suponer angustia o sufrimiento; el movimiento debe poder realizarse con placer. Esto es esencial para que cada etapa del niño transcurra de forma idónea. De otro modo, si hay miedo o angustia es cuando puede darse un estancamiento en su psicomotricidad. Volviendo al ejemplo de antes: un terapeuta preparará la sesión colocando en la sala varios componentes, algunos de ellos pensados para que el niño salte, pero nunca le dirá al paciente “Salta”. Si el niño no lo hace, es cuando empieza la intervención terapéutica para promover que pueda llegar a hacerlo. Quizá necesite primero otro tipo de juegos que le den seguridad. En otras ocasiones, una frase o palabra del terapeuta provocan el cambio. La función del terapeuta de psicomotricidad es acompañar al niño e intervenir para que pueda avanzar en este proceso obteniendo sus propios recursos.

 

Por eso la terapia de psicomotricidad debe ser personalizada

Si. Podríamos decir que en terapia se reconstruye una historia. Esto significa que identificamos la falta del niño, conectamos con su necesidad y le ayudamos a que, en un ambiente seguro y ante la mirada del terapeuta que le valida como sujeto, se vaya reconstruyendo a sí mismo.  De esta manera, una vez identificada la dificultad que ha habido en su desarrollo psicomotor, y con una estrategia de intervención, el niño va a poder mejorar e ir conquistando etapas.

 

¿De qué manera están relacionados los problemas de lateralidad con las dificultades de aprendizaje?

Muchos niños llegan con problemas escolares, como dificultades en la lectoescritura o las matemáticas, aunque también tratamos aspectos motores como la hipotonía o la hipertonía. Estas afectaciones del tono muscular están muy ligadas a las emociones y su regulación.  En los niños con dificultades de lectura o lectoescritura, observamos que muchas veces son niños que no tiene adquirido el esquema corporal o que tienen un retraso de desarrollo psicomotor. Ayudarles en la base, significa ir a la dificultad en estadios anteriores para que ellos puedan llegar a desarrollar la capacidad y maduración necesaria para la adquisición del símbolo.

 

¿Puedes explicar un poco más lo de la adquisición del símbolo?

El bebé adquiere poco a poco conciencia del mundo que le rodea y va entendiendo que él y su madre no son una sola persona, pero que esta acude y le calma cuando él la demanda. Este proceso de adquisición del concepto de individualidad se construye a medida que el niño va creciendo. Pero primero, le cuesta mucho entender que su madre está aunque no la vea. Si no la ve, llora porque cree que la ha perdido. Hasta que el niño no cumple los 2-4años que es cuando empieza a hacer el proceso de simbolización al que llamamos descentración no es capaz de separarse de ella.

 


Los niños viven jugando. Su desarrollo como personas es mediante el juego.  A través de él adquieren la noción de orientación, de organización espacial y temporal. El juego es lo que les permite vivir su cuerpo y explorar sus capacidades. La terapia de psicomotricidad tiene como objetivo llevarlos del placer de moverse al placer de pensar. Esto significa que mediante la vivencia de su cuerpo luego van a ser capaces de poder representarse el mundo simbólicamente.


 

¿Proceso de descentración?

Sí, el proceso de descentración se da a medida que el niño puede adoptar el punto de vista del otro. Cuando esto sucede, empieza a jugar a juegos simbólicos: a hacer ver que es un lobo, un perrito y después un pirata o un policía porque entiende la diferencia entre él mismo y lo otro. Puede hacer ver que es un lobo porque en su mente sabe que no lo es, algo que no ocurre en fases más tempranas: por ejemplo, a los niños muy pequeños no les gusta dibujar, hacen unos garabatos y se van a jugar porque les interesa mucho más todo lo sensomotor, están en una etapa muy sensorial. Necesitan experimentar la separación del otro, la distinción. Todavía necesitan descubrir el cuerpo y sentirlo antes de centrarse en otras cosas. Este concepto de descentración es clave para que el niño pueda adquirir los aprendizajes escolares, que se construyen de manera simbólica. Nos construimos como sujetos a través de este proceso de separación y diferenciación. Pero para ello es imprescindible que el niño se vaya construyendo una imagen mental de sí mismo; es decir, que se simbolice. Esta imagen mental dependerá de la conciencia corporal que tenga de sí mismo, la cual está muy ligada a su biografía. Nuestra historia está grabada en el cuerpo.

 

¿Nuestra historia está grabada en el cuerpo?

Así es. Cuando digo que la historia de uno está grabada en su cuerpo me refiero a que cada uno aprende de su propio aprendizaje. Por eso las experiencias del sujeto con la familia, en la escuela, etc., son únicas. En una clase de 25 niños, cada uno tiene su propia historia grabada en su cuerpo, por eso no podemos exigirles a todos lo mismo en los mismos tiempos (el aprendizaje de la lectoescritura o cualquier otro aprendizaje) sin observar si están preparados.  Cada niño tiene su ritmo.

 

¿Y aquí es donde entra en relación el desarrollo del niño con el juego?

Así es. Los niños viven jugando. Su desarrollo como personas es mediante el juego.  A través de él adquieren la noción de orientación, de organización espacial y temporal. El juego es lo que les permite vivir su cuerpo y explorar sus capacidades. La terapia de psicomotricidad tiene como objetivo llevarlos del placer de moverse al placer de pensar. Esto significa que mediante la vivencia de su cuerpo luego van a ser capaces de poder representarse el mundo simbólicamente.

 


Alexia, de 6 años, era una paciente que mostraba dificultades escolares. Los dibujos que hacía de las personas eran desorganizados y más bien casi garabatos. Esta niña se dejaba por dibujar las orejas, el tronco, las manos, etc. Como no había adquirido su propio esquema corporal, tampoco podía representarlo.


 

Ahondemos un poco más con un ejemplo de un caso real

Por ejemplo, Alexia, de 6 años, era una paciente que mostraba dificultades escolares. Los dibujos que hacía de las personas eran desorganizados y más bien casi garabatos. Esta niña se dejaba por dibujar las orejas, el tronco, las manos, etc. Como no había adquirido su propio esquema corporal, tampoco podía representarlo. Un día, después de varias sesiones de psicomotricidad en las que jugamos a saltar y arrastrarnos con diferentes materiales hasta alcanzar algún juego de carácter más simbólico en el que ella hacía de lobo, le propuse cierto material para que dibujáramos juntas. Sin que yo le diera ninguna consigna, ella empezó a dibujar. Dibujó una persona y este dibujo era bastante más completo que los que realizaba al inicio de la terapia. Las partes del cuerpo estaban mucho más organizadas y bien colocadas, no omitió ninguna parte ni extremidad. Hay que destacar que a esta paciente no le gustaba dibujar y, debido a s u dificultad, no solía dibujar personas.  Además, era consciente de que tenía esta dificultad, por lo que veía la diferencia entre los dibujos de los otros niños y los suyos.; lo cual hacía que intentara defenderse negándose a dibujar o a enseñar sus dibujos. Este ejemplo ilustra que mediante la vivencia de uno mismo la persona es capaz de adquirir la representación y el símbolo. Lo que sería el placer de pensar.

 

Resumamos, entonces, la idea principal

Hay niños de edades avanzadas que, aunque ya leen y escriben, tienen dificultades escolares. Y observamos que, aunque ya están en el estadio simbólico, no han hecho el proceso de descentración correctamente, ya que siguen mostrando dificultades de aprendizaje. La propia lateralización del cuerpo se da en edades muy tempranas y una mala lateralización conlleva dificultades en estadios del desarrollo más avanzados, como la de la construcción del pensamiento simbólico, esencial para esos futuros aprendizajes. Y algo más.

 

Adelante

El movimiento del cuerpo también permite la regulación de las emociones. A veces vienen niños que en clase no se concentran o a los que les cuesta quedarse quietos haciendo una tarea. Como comentaba anteriormente, podríamos pensar en niños hipertónicos. Las sesiones de psicomotricidad les ayudan a que puedan regularse emocionalmente.

 

Ponnos un ejemplo

Recuerdo el caso de un niño de 10 años que durante las sesiones de terapia mostraba mucha dificultad para realizar las actividades que le proponía. Se dispersaba hablando de otras cosas, quizás ante la dificultad y el reto que le suponían las actividades, lo que hacía que no acabara de entender la mecánica de los juegos y que para él resultara todo muy pesado. Adoptamos una metodología en la que antes de jugar a ese tipo de juegos (juegos de mesa) dedicábamos un tiempo para “trabajar con el cuerpo”. En ese espacio, él jugaba con libertad, utilizando los materiales previamente elegidos por mí.  Nos dimos cuenta de que ese espacio de juego le ayudaba a regularse y que, después de jugar, podía concentrarse mucho mejor en las actividades. Entendía los juegos y éramos capaces de hacer actividades que no habíamos podido hacer hasta ese momento. Con el tiempo, a veces no necesitaba este espacio de “trabajo del cuerpo” y trabajábamos más a un nivel mental, pero él aprendió a reconocer cuando lo necesitaba. En este espacio de “cuerpo”, a veces surgían peleas de cojines a través de las cuales podía expresar su agresividad, frustración o enfado, porque no siempre es fácil gestionar las emociones. Los adultos, en algunas ocasiones, también funcionamos así. Si tenemos un mal día porque nos hemos enfadado en el trabajo con alguien, salimos a correr y volvemos a casa con la sensación de que el enfado ya no ocupa el mismo espacio en nuestra cabeza. En todo caso, los adultos tenemos más estrategias que los niños y podemos contener y tolerar mejor el enfado. Se trata de que los niños vayan adquiriendo estas herramientas.

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