Por Susana Lladó

El psicólogo de nuestro centro Luis Elías nos explica cuándo se considera que una persona ha desarrollado una adicción a los videojuegos, cuáles son los síntomas de esta adicción, qué pautas pueden seguir las familias al detectar este problema en su hijo y cómo se trabaja en terapia este tipo de adicción.

La adicción a los videojuegos, de hecho, tiene la misma base psicopatológica que cualquier otra adicción.

Hace un par de años, la Organización Mundial de la Salud incluyó la adicción a los videojuegos en su nueva clasificación de trastornos mentales, una decisión que provocó polémica

Jugar a los videojuegos un rato y de vez en cuando no significa tener una adicción, es simplemente una actividad más de ocio que incluso puede ser buena para el cerebro. Hablamos de adicción cuando se dan ciertos patrones que provocan el deterioro de los diferentes ámbitos de la vida de una persona. La adicción a los videojuegos, de hecho, tiene la misma base psicopatológica que cualquier otra adicción.

 

¿Qué significa que tiene la misma base patológica que otras adicciones?

Fundamentalmente, que también provoca tolerancia y síndrome de abstinencia.

 

¿Por qué los videojuegos pueden generar una adicción?

Hay varios motivos. En primer lugar, estos juegos recrean un mundo irreal, que es el mundo en el que se adentra la persona cuando juega. Obviamente, resulta mucho más fácil vivir en este mundo irreal que hacerlo en el real, porque la realidad siempre es más dura y difícil. Si la persona se excede en el tiempo de juego y en la frecuencia, esto provoca que el cerebro se sobreestimule, volviéndose adicto a esta sobreestimulación.

Van perdiendo el interés por las otras actividades que formaban parte de su vida; actividades más sanas y productivas. Y también dejan de atender sus responsabilidades, ya que, a diferencia de los videojuegos, estas otras actividades requieren esfuerzo y nos les proporcionan una recompensa inmediata.

¿El cerebro empieza a necesitar esta sobreestimulación?

Sí, así es. Al cerebro le gustan los retos y también prefiere el placer al dolor. Estos juegos consisten en ir superando obstáculos o pruebas. A medida que el jugador va superando los retos que se le presentan, su cerebro va aumentando los niveles de dopamina y endorfinas, procurándole una gran sensación de placer. Por tanto, el cerebro va a querer repetir esa actividad que le causa tanto bienestar. Y cada vez con más frecuencia y durante más tiempo, a no ser que se intervenga para frenar el proceso.

 

¿Y si no se frena el proceso, qué ocurre?

Que, a causa de la adicción, la realidad deja de resultarles estimulante, se vuelve insípida para ellos, aburrida. Y esto, en sí mismo, ya es un gran problema.

 

¿Con qué consecuencias?

Van perdiendo el interés por las otras actividades que formaban parte de su vida; actividades más sanas y productivas. Y también dejan de atender sus responsabilidades, ya que, a diferencia de los videojuegos, estas otras actividades requieren esfuerzo y nos les proporcionan una recompensa inmediata.

 

Pero muchas de estas otras actividades también provocan placer

Es cierto y, como explicaré después, el hecho de que sea así es clave en la terapia que realizamos con estos pacientes. Sin embargo, es muy importante entender los elementos de esta adicción y me gustaría insistir en ello: cuando hablamos de adicción a los videojuegos, hablamos de una actividad que produce mucha más estimulación sin que la persona tenga que hacer ningún esfuerzo. En cambio, la mayoría de las actividades que realizamos en nuestro día a día, incluso las que nos resultan gratificantes, requieren que hagamos algún tipo de esfuerzo personal. Por esto se crea una indiferencia hacia estas otras actividades. Y hay otro punto fundamental en esta adicción que antes solo he apuntado.

Como todos los pensamientos, emociones y sentimientos están orientados a jugar, los sentimientos de tristeza, aburrimiento, frustración, etc., se asocian a no poder jugar. Y el placer también se asocia exclusivamente a la actividad del juego.

¿Cuál es?

Que provoca una desconexión de la realidad, ya que la fantasía o el mundo irreal de los videojuegos es más atractivo. Ahora mismo, por ejemplo, estamos viendo que el confinamiento ha provocado un aumento de la adicción a los videojuegos

 

¿Por qué el confinamiento ha provocado este incremento?

La adicción a los videojuegos existe desde que esta industria hizo su aparición en el mercado, pero desde que empezamos la cuarentena, algunos adultos y, sobre todo, muchos niños, adolescentes y jóvenes tienen más tiempo libre; un tiempo libre, y un aburrimiento, que no saben cómo gestionar.

 

¿Qué otras consecuencias tiene la adicción?

La persona se vuelve irritable, se presentan trastornos en la conducta, va disminuyendo la comunicación familiar, suele haber jaquecas o dolores de cabeza y, como decía anteriormente, se pierde el interés por las otras actividades y se abandonan las responsabilidades. La adicción va afectando a todos los ámbitos de la vida: la familiar, la social, educativa, personal y laboral, si se trata de un adulto.

 

¿A qué síntomas debería estar atenta la familia?

Hay algunos síntomas que suelen presentarse cuando ya se ha creado la adicción y que también son indicativos de que la persona está empezando a desarrollarla.

 

Bien, empecemos por uno de ellos

Los videojuegos pasan a ser el centro de la vida de la persona: solo piensa en ello, su discurso diario está enfocado al juego o solo habla de un juego en concreto, cuando se le pregunta por sus deseos o expectativas las respuestas siempre tienen que ver con este interés, a veces sueña con el juego al que está jugando durante ese periodo…Es decir, el juego se apodera de la persona, de sus pensamientos, de sus emociones y de sus sentimientos, aunque no siempre se dan todas las respuestas que he citado a la vez.

En lugar de desentendernos, hay que ver si el contenido es adecuado a la edad, que incluya el mínimo de violencia posible, sustituir los juegos que son violentos por otros que incorporen valores educativos, creativos, productivos o relacionados con el deporte.

Sigamos

Como todos los pensamientos, emociones y sentimientos están orientados a jugar, los sentimientos de tristeza, aburrimiento, frustración, etc., se asocian a no poder jugar. Y el placer también se asocia exclusivamente a la actividad del juego. Esta focalización invade la vida de la persona, ya sea un niño, adolescente (los más vulnerables), joven o adulto. Se produce una inestabilidad en el ánimo, de modo que los cambios en este son frecuentes: pueden experimentar euforia y excitación al jugar, pero también rabia y frustración, en función de los resultados obtenidos en el juego.

 

El estado de ánimo queda determinado por cómo vaya la partida

Sí. Es muy habitual, por ejemplo, que un niño haya tenido un día tranquilo, desarrollando sus actividades cotidianas con normalidad, y que por la tarde, al ponerse a jugar, acabe gritando, rompiendo el mando o el teclado, o pegando puñetazos a la mesa si la partida va mal.

 

¿Y si se le impide jugar?

Si por algún motivo la persona no puede jugar -bien porque se lo prohíban, bien porque se vaya la luz, por ejemplo-  se presenta otro de los síntomas, la abstinencia. Y la abstinencia tendrá consecuencias en su comportamiento, ya que no podrá experimentar la sensación generadora de placer inmediato.

 

Familiarmente, también debe ser una situación muy compleja

Para muchas familias es una situación muy complicada de abordar porque no tienen la información para saber cómo gestionar estos comportamientos. Además, hay que tener en cuenta que en muchas de ellas, desde que el niño era pequeño, han utilizado los videojuegos como sistema de recompensa: “Si haces los deberes, después te dejaré jugar”, “Ahora deja a papá y a mamá tranquilos y vete a jugar un rato”, etc. Y con el tiempo, esta actividad que parecía inocua se ha terminado convirtiendo para el hijo en una adicción ante la cual los padres no saben cómo actuar.

Hay que marcar muy bien estos horarios, no ampliar nunca el tiempo estipulado para los videojuegos y aplicar la norma de que si no realiza las actividades alternativas no podrá jugar.

¿Hay otros síntomas indicativos?

Sí, la tolerancia y el individualismo.

 

Cada vez necesitan jugar más

Sí, para igualar la sensación experimentada en sesiones anteriores, para experimentarla en el mismo grado.

 

¿Y el individualismo?

Cada vez hay una escucha menor de lo que necesitan o quieren porque el juego les va absorbiendo por completo. La adicción a los videojuegos puede llegar a causar la pérdida de las relaciones interpersonales, la disminución de actividades sanas como la práctica del deporte, el abandono escolar, etc.

 

¿Qué pueden hacer las familias?

Para los que no saben cómo orientar el tema, hay algunas pautas esenciales que se pueden establecer en casa. Yo se las doy a los padres de mis pacientes y les resultan muy útiles.

 

¿Cuál es la primera?

Examinar el contenido de los juegos. En lugar de desentendernos, hay que ver si el contenido es adecuado a la edad, que incluya el mínimo de violencia posible, sustituir los juegos que son violentos por otros que incorporen valores educativos, creativos, productivos o relacionados con el deporte. En el mercado hay numerosos juegos de este tipo que también tienen el componente de reto: juegos sobre arquitectura e historia, para ponernos en forma, para aprender a gestionar una ciudad, para adquirir diferentes tipos de destrezas y habilidades…Es decir, dentro de la actividad disfuncional, se puede introducir una actividad funcional que transmita y fomente valores y habilidades más sanas.

 

Segunda pauta

Llegar a consensos. Si un niño o adolescente nos pide que le compremos un juego que no cumple los requisitos, no debemos ni comprárselo ni prohibírselo. Hay que hablar con él, crear una interacción con el niño, tener una escucha activa que le permita expresar cómo se siente y propiciar una comunicación que facilite el consenso y que nos deje descubrir si hay alguna dificultad que explique su adicción.

Hay que tener presente que la clave para no desarrollar la adicción y para poder tratarla es limitar el tiempo de juego a una hora como máximo. Si la persona sobrepasa este tiempo, es cuando su cerebro produce un exceso de cortisol, dopamina y endorfinas, y se reduce su capacidad para tomar la decisión de dejar de jugar y controlar la voluntad.

¿Puedes explicar esto último?

Sí. Puede ser que la adicción siga un patrón normal o que se deba a una sensación de fracaso o frustración relacionada con alguna experiencia que ha tenido. Estas vivencias también pueden provocar una conducta compulsiva de consumo de los videojuegos como forma de intentar paliar esa experiencia que se ha vivido como un fracaso o como una frustración. Es decir, la adicción a los videojuegos puede ser un síntoma de otro problema.

 

Tercera

Hay que fomentar en el niño o adolescente otros intereses que no estén relacionados con la realidad virtual. O que recupere aficiones que tenía previamente. Esto es clave. Y aquí sí que debe haber una negociación: se le permitirá jugar a los videojuegos durante un tiempo y unos días determinados (preferiblemente durante el fin de semana) siempre y cuando lleve a cabo estas otras actividades fuera de la realidad virtual. Esto debe ser un requisito para permitirle jugar.

Y a no ser que el niño proponga como actividad algo productivo o saludable, son los padres quienes deben decidir cuáles serán estas actividades que realizará en el mundo real (leer, juegos de mesa, hacer ejercicio, etc.). Hay que marcar muy bien estos horarios, no ampliar nunca el tiempo estipulado para los videojuegos y aplicar la norma de que si no realiza las actividades alternativas no podrá jugar.

 

Cuarta

La cuarta también es importantísima. Deben establecer ciertos límites relacionados con la conducta. Hay cambios de humor y faltas de educación que no deben permitirse jamás. El niño no debe traspasar ciertos límites y debemos hacerle saber cuáles son, establecerlos muy bien.

 

Quinta

Fomentar, dentro de cierta permisividad, que juegue de forma grupal para evitar el aislamiento social. En algunos juegos el nivel de fantasía o de no realidad es tan alto que la persona deja de estar en contacto con la realidad y se aísla por completo de las otras personas. Hay que vigilar que no se llegue a este aislamiento social.

 

Sexta

Si no cumple las condiciones que hemos establecido, se le deberá retirar durante un tiempo prolongado la videoconsola, el ordenador o el dispositivo que utilice para jugar. Es decir, habrá que marcarle un límite fuerte para poder volver a enfocar y replantear la situación.

 

¿Cómo es la terapia para tratar la adicción a los videojuegos?

En terapia trabajamos con todas las pautas que he ido mencionado. Yo, con mis pacientes, trabajo especialmente el estimular en ellos otras actividades que sean más saludables y productivas. Y lo hago porque es muy difícil luchar contra los videojuegos en sí, ya que vivimos en una sociedad que los promueve por diversas razones en las que ahora sería complicado entrar y que, a su vez, no vamos a poder eliminar. Los niños nacen en un entorno en el que es casi imposible que se queden al margen de este tipo de juegos. De hecho, en España, como en otros países, el número de personas que ha desarrollado adicción a los videojuegos se ha triplicado en los últimos cinco años y este dato tan alarmante no ha impulsado ninguna medida significativa para evitar que sigan aumentando.

En otras palabras, como es muy complicado intentar eliminar una conducta tan normalizada socialmente, se trata de reconducirla limitándola y pautándola, al mismo tiempo que fomentamos en la persona su interés por otras actividades más saludables que también le pueden proporcionar placer. Hay que tener presente que la clave para no desarrollar la adicción y para poder tratarla es limitar el tiempo de juego a una hora como máximo. Si la persona sobrepasa este tiempo, es cuando su cerebro produce un exceso de cortisol, dopamina y endorfinas,  y se reduce su capacidad para tomar la decisión de dejar de jugar y controlar la voluntad. Ahora bien, para poder ir disminuyendo los tiempos de juego y reconducir el deseo del paciente hacia otras actividades es necesario trabajar también aspectos de la personalidad de cada paciente y llevar a cabo todo este proceso con la colaboración de su familia.

 

Solicitud de cita durante la desescalada

El pasado 11 de mayo reabrimos el centro para las terapias presenciales individuales. Por favor, si vas a pedir cita, lee las medidas sanitarias y protocolos de higiene y seguridad que hemos implementado en el centro para evitar la transmisión cruzada de Covid-19 entre nuestro personal y los pacientes. Si quieres hacernos una consulta, puedes ponerte en contacto con el centro.