¿Por qué un estudio sobre el éxito y el fracaso?

Michael Jordan ―considerado el mejor jugador de baloncesto de todos los tiempos― decía que había tenido éxito porque había pasado por muchos fracasos, como tantos otros deportistas de élite.  La acumulación de fracasos antes de alcanzar el éxito también es un punto en común en la biografía de numerosos científicos, artistas, escritores y empresarios célebres (y de muchas personas anónimas): Thomas Edison, Albert Einstein, Isaac Newton, Henry Ford, J.K, Rowling, Walt Disney, Charles Chaplin, Steven Spielberg, son algunos ejemplos. Sin embargo, las investigaciones psicológicas y conductuales sobre el éxito y el fracaso que se han realizado hasta ahora no son concluyentes debido a que los prejuicios humanos sobre estas experiencias alteran el recuerdo y la percepción sobre ellas. Por este motivo, porque se sabe muy poco sobre los mecanismos que rigen la dinámica del fracaso, un profesor de gestión de empresas, Dashung Wang, ha llevado a cabo un estudio cuyos interesantes resultados acaban de publicarse en la revista Nature.

Objetivos del estudio sobre el éxito y el fracaso

Es un hecho que los logros humanos suelen ir precedidos de repetidos intentos que fracasan, de la misma manera que también es un hecho que muchas personas que han fallado una y otra vez en sus objetivos no han conseguido alcanzar finalmente sus metas. Es decir, el éxito y el fracaso son dos situaciones que pueden estar separadas por una línea muy fina y, a veces, aparentemente incomprensible. El profesor Dashung Wang ha investigado cuál es ese punto de inflexión.

El punto de inflexión en la fina línea entre el éxito y el fracaso

Los resultados del estudio

Para llevar a cabo el estudio, Wang ha analizado conjuntos de datos a gran escala de empresarios, científicos, e incluso de organizaciones terroristas, con el propósito de detectar las señales subyacentes al fracaso y el éxito, y poder cuantificarlas.

Algunas de las conclusiones más interesantes, y que el profesor también explica en un podcast de Harvard Bussines Review, son:

  • Lo más habitual es que se fracase en repetidas ocasiones antes de lograr el éxito.
  • Las personas que viven fracasos tempranos suelen ser más exitosas que los que logran éxitos tempranos.
  • Un factor decisivo para lograr el éxito es la reacción que se tiene cuando se fracasa repetidamente en el proceso hacia un logro. De hecho, se podría dividir a las personas con similares características y estrategias en dos grandes grupos: el de las que se dan por vencidas y el de las que no cejan en el empeño. Y lo importante de esto es que muchas personas que se han rendido tras varios fracasos nunca han sabido lo cerca que estaban del éxito cuando abandonaron sus metas. Es decir, dependiendo de en qué lado del punto de inflexión se encuentre uno, el resultado puede ser completamente diferente.
  • En un lado del punto de inflexión encontramos a las personas que fallan una y otra vez, lo vuelven a intentar de nuevo y vuelven a fallar porque no están aprendiendo lo suficiente de los fallos como para diseñar un patrón inteligente de mejora. Esto es lo que Wang denomina estar en la región de estancamiento. Cuando se está en esta región, los reiterados fallos no conducen al éxito. Los datos del estudio muestran claramente que las personas que finalmente fracasan lo hacen porque no han conseguido ser más eficientes tras cada fracaso: se mantiene constante el tiempo (un factor clave) entre los fallos consecutivos.
  • En el otro lado del punto de inflexión se encuentran las personas que, fallando también una y otra vez, consiguen fallar cada vez más rápido hasta llegar al éxito. Cada fallo les sirve para mejorar sistemáticamente el tiempo entre dos intentos consecutivos hasta lograr su meta. En otras palabras, el ritmo del fracaso es un indicador del punto de inflexión entre el estancamiento y el éxito final, ya que la idea de fallar rápido no solo es prescriptiva, sino también diagnóstica.
  • De lo anterior se desprende que uno mismo puede diagnosticarse y saber en qué lado del punto de inflexión se encuentra: si los fallos no se producen en periodos cada vez más cortos, esto puede ser indicativo de que estamos en la región de estancamiento (aunque hayamos introducido mejoras, quizá no son productivas). Por el contrario, si disminuye el tiempo entre los fallos, probablemente será porque nos estamos centrando con éxito en mejorar los puntos necesarios.

Cómo se pasa de un lado del punto de inflexión al otro

El punto de inflexión en la fina línea entre el éxito y el fracaso

Parece que conseguir acortar este tiempo entre fracaso y fracaso es crucial, ya que es indicativo de que estamos trabajando de manera más inteligente (y no de una manera más difícil). También significa que tenemos la capacidad de escuchar las críticas de los demás y tomar nota de lo que hemos hecho bien y de lo que no para centrarnos en introducir cambios en lo que es necesario y mantener lo que hemos aprendido que funciona. En resumen: fallar debe servirnos para crear una dinámica en la que reutilicemos lo que hemos hecho bien y focalicemos en mejorar lo que sigue presentando fallos. Puede parecer obvio, pero según el estudio, este es el punto crítico en las personas que logran cruzar el punto de inflexión.

Tal como explica el profesor Wang, todas las empresas y todos los proyectos viven en algunos momentos un escenario en el que algo no funciona bien, pero esto no significa que la empresa o el proyecto haya fracasado: el éxito o el fracaso dependerán en gran medida de todo lo que hemos explicado. El fracaso es necesario para aprender, mejorar procesos y evolucionar, lo importante es ir reduciendo todo aquello que nos hace repetir los mismos fallos.