Por Susana Lladó

El estilo de crianza condiciona la vida de un niño. En esta entrevista, la psicóloga de nuestro centro Núria León nos explica cuáles son los diferentes estilos de crianza para que los padres puedan identificar en cuál de ellos están educando a sus hijos y, si es el caso, adoptar el que contribuya a un desarrollo más saludable del niño.

Empecemos por definir a qué nos referimos cuándo hablamos de estilos de crianza

El estilo de crianza hace referencia a la manera que tienen los padres de responder a las emociones de los hijos, así como al conjunto de actitudes y comportamientos que tienen ante sus respuestas. También incluye el conjunto de normas y valores, y cómo los padres van manejando y resolviendo los diferentes conflictos que se presentan.

 

¿Por qué es importante poder identificar el estilo de crianza?

Los padres tienen mucha influencia en la conducta y en el desarrollo general de los hijos. De hecho, aunque hay varios factores que afectan a la educación de un niño, el estilo de crianza es el pilar más importante en su futura evolución. Las investigaciones actuales también nos dicen que, desde edades muy tempranas, el estilo de crianza puede afectar a su desarrollo socioafectivo, tanto durante su niñez y adolescencia como en la edad adulta; es decir, al desarrollo de sus habilidades para crecer como persona y como ser social.

 

¿Del estilo de crianza depende el aprendizaje de la gestión de nuestras emociones?

Sí, también. El estilo de crianza repercute en cómo aprendemos a gestionar y controlar las emociones. Si es el adecuado, aprenderemos a ser asertivos, a tener en cuenta a los demás, tendremos una buena autoestima, adquiriremos habilidades sociales y aprenderemos a vivir en sociedad de una forma sana y positiva.

 

¿Con qué criterio se categorizan los estilos de crianza?

A la hora de clasificar estilos de crianza, partimos de dos factores: el primero es la sensibilidad o el grado de interés de los padres hacia las emociones del hijo y sus necesidades, si las tienen en cuenta y las atienden, si son cariñosos y se ocupan de su cuidado. El segundo factor es el nivel de exigencia y control. En función de en qué medida se den estos dos factores, tendremos un estilo de crianza u otro.

Los padres que utilizan el estilo de crianza autoritario buscan tener un control sobre el hijo y que este sea el que se adapte siempre a sus estándares. No hay afecto ni comunicación, se concentran en el comportamiento negativo, en el castigo

¿Es una clasificación rígida?

Aunque hay excepciones, lo habitual es que en una familia se puedan dar y mezclar diferentes estilos de crianza dependiendo del momento y las circunstancias. La utilidad de la clasificación reside en que nos permite saber si deberíamos utilizar más una que otra para mejorar así la educación de los hijos.  Además, hay que tener en cuenta que la crianza es bidireccional: los padres afectan a los hijos, y estos a los padres.

 

¿Cuántos estilos de crianza hay?

Fundamentalmente, tres. Aunque, recientemente, se ha añadido uno más.

 

¿Cuál es el primero?

El autoritario. Se caracteriza por un régimen muy estricto, en el que los padres valoran la obediencia y utilizan la disciplina basada en las órdenes y el castigo. Intentan imponer sus normas de manera inflexible sin tener en cuenta las necesidades y emociones del hijo. En estos casos, la firmeza es lo que predomina, y el interés hacia los intereses y emociones del niño es bajo o nulo. Es el caso de los padres que dicen «Esto se hace así porque lo digo yo», sin darle la oportunidad al niño de expresarse y, mucho menos, de negociar.

Los hijos que crecen en un estilo de crianza permisivo suelen ser muy egocéntricos y no saben manejar la frustración. De mayores, debido a esto, pueden tener comportamientos autodestructivos y, sobre todo, de adaptación social

¿Cómo influye en un niño la crianza autoritaria?

Le puede crear muchos problemas. La crianza autoritaria construye un ambiente inseguro y de miedo que hace que el niño viva en estado de alerta. Por otro lado, se crea una gran distancia entre padres e hijos. El niño no tendrá una buena autoestima y esta educación autoritaria repercutirá en su autonomía personal. Estos hijos suelen ser niños descontentos y reservados. Durante la adolescencia, por ejemplo, no les explicarán sus problemas a los progenitores, y se pueden mostrar rebeldes.

Los padres que utilizan el estilo de crianza autoritario buscan tener un control sobre el hijo y que este sea el que se adapte siempre a sus estándares. No hay afecto ni comunicación, se concentran en el comportamiento negativo, en el castigo. En muchos casos también se fomenta la agresividad.

 

¿Cuál es el segundo estilo de crianza?

El permisivo. Es el opuesto al que acabamos de ver. La firmeza y la exigencia son inexistentes, y la sensibilidad y el interés hacia el hijo son excesivamente altos. Son padres que se lo quieren dar todo a sus hijos, su objetivo es contentarles y evitar que estos se decepcionen; por lo que siempre tratan de adaptarse a ellos y nunca ponen normas ni los castigan, sin tener en cuenta que un niño necesita límites y aprender que hay que ponerles límites a los demás. Son familias en las que es el hijo el que tiene el control, pero estos niños tienen muy poco control sobre su propia conducta y no aprenden a respetar las figuras de autoridad.

 

Todo esto no educa

No, porque el niño debe aprender a tolerar las emociones negativas, a que no siempre puede salirse con la suya.  Los hijos que crecen en un estilo de crianza permisivo suelen ser muy egocéntricos y no saben manejar la frustración. De mayores, debido a esto, pueden tener comportamientos autodestructivos y, sobre todo, de adaptación social.

El estilo de crianza democrático no solo fomenta la asertividad, crea el espacio para practicarla, para aprender a negociar en la vida y saber cómo resolver conflictos en la vida adulta; lo cual es absolutamente necesario para poder tener una vida satisfactoria

¿Y el tercer estilo de crianza?

Es el democrático, y es el mejor de los tres. En este estilo de crianza hay un equilibrio entre la sensibilidad hacia las emociones y necesidades del niño, y la exigencia o firmeza que debe estar presente en la educación de los hijos. Son padres amorosos, que escuchan a sus hijos, favorecen el diálogo y validan las emociones del niño, pero se muestran firmes en lo que deben ser firmes. Si le dicen a su hijo que no puede hacer una cosa, le explicarán por qué no es bueno para él hacerla. Si el hijo les hace una demanda, lo escucharán y fomentarán la negociación. En resumen, los padres establecen normas y ponen límites con coherencia y lógica, pero también reconocen las necesidades de los hijos, y se fomenta el apoyo, la calidez y la independencia del hijo. La relación entre padres e hijos es respetuosa. Los padres exigen cosas a sus hijos, pero de manera razonable. Este estilo de crianza propicia una autoestima sana y que el niño desarrolle las habilidades necesarias para afrontar cualquier obstáculo.

 

Esta forma de educarles les enseñará también cómo vivir en sociedad

Claro. Así es cómo aprenderán habilidades sociales, a no ser agresivos, a ser asertivos, a tener autocontrol y a ser cooperativos. Incluso serán más creativos. Todas estas herramientas son imprescindibles para su futuro, para la vida en pareja, las relaciones laborales, etc. El estilo de crianza democrático no solo fomenta la asertividad, crea el espacio para practicarla, para aprender a negociar en la vida y saber cómo resolver conflictos en la vida adulta; lo cual es absolutamente necesario para poder tener una vida satisfactoria. De hecho, es el único estilo de crianza bidireccional: los padres afectan al hijo y el hijo a los padres. Gracias a la comunicación y a la negociación, ganan todos.

 

¿Y el cuarto estilo de crianza?

Es el negligente. Como indica la palabra, en estas familias, los padres no están. Hay una ausencia de disciplina y exigencia, per también hay una gran distancia emocional. La relación padres-hijo es casi inexistente.

 

¿Nos puedes poner un ejemplo de crianza negligente?

Cuando, por ejemplo, los padres trabajan todo el día y el niño siempre está solo. Podríamos decir que es el estilo de crianza más perjudicial para un hijo. El niño no aprende normas, crece sin referentes y sin que se recojan sus emociones. Estos padres se centran, básicamente, en sus propias necesidades, abandonando las de los hijos. No hay ningún tipo de dirección ni de relación.

 

¿Y cuando no hay coherencia en la crianza?

La crianza debería ser consistente y estable en el tiempo. Los niños necesitan que haya una coherencia. No puedes decirles a veces una cosa y otras la contraria, porque vas a dejar de ser su referente si actúas así. Para educar democráticamente, que es la mejor forma de criar a un hijo, se requiere coherencia, consistencia e integridad. Y hay que fomentar lo que más esfuerzo requiere, la comunicación, ya que implica explicarle las cosas al niño con paciencia y escucharle, en lugar de imponerlas por decreto. La inconsistencia en el estilo de crianza de los hijos puede generarles agresividad. Los niños lo observan todo. Lo que los padres les dicen debe quedar refrendado por sus acciones.

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