Esta semana, Harvard Business Review ha publicado un artículo en el que se explica una interesante investigación sobre los efectos de la pandemia en nuestra red de contactos, tanto personales como profesionales. Sintetizamos las conclusiones más relevantes:

  • Antes de la pandemia, interactuábamos con 11-16 personas al día (de media), ya fueran extraños o conocidos. Estas interacciones aumentaban nuestra calidad de vida porque incrementaban nuestro sentido de pertenencia a un grupo o red.
  • Durante la pandemia, nuestras redes profesionales y personales se han reducido un 16 %, aproximadamente.
  • Antes de la pandemia, lo habitual era que si perdíamos amigos por un cambio de residencia, de trabajo o por cualquier otra circunstancia, fuéramos estableciendo nuevas relaciones para reemplazar a los antiguos. Ahora, precisamente cuando más lo necesitamos, no estamos supliendo esas relaciones por otras nuevas. Los autores del estudio aconsejan que seamos proactivos y establezcamos conexión con las personas con las que casualmente entramos en contacto en nuestro día a día.
Estudio: cómo la pandemia está menguando nuestra red de contactos
  • La escasez de oportunidades para interactuar con extraños está provocando una reducción de nuestra red. Desde el punto de vista laboral, la disminución de nuestra red profesional puede hacer que nos sea más difícil encontrar trabajo, que nos sintamos menos vinculados a nuestra empresa, obstaculizar nuestro progreso profesional, disminuir nuestra creatividad y dejar de trabajar en equipo con la actitud que lo hacíamos antes.
  • Durante la pandemia, hemos abandonado la interacción con desconocidos en favor de las relaciones con la familia, amigos y colegas más cercanos.
  • Los investigadores explican que nuestra red de contactos es como una serie de 6 círculos concéntricos que van disminuyendo en intensidad emocional a medida que avanza hacia los anillos exteriores más grandes. En el círculo más interno, normalmente, solo hay unas cinco personas: aquellas con las que verdaderamente podemos contar cuando tenemos un problema serio. En cambio, el anillo más externo puede estar formado por 1500 conocidos (aquellas personas a las que conocemos de vista). Este anillo externo es el que hemos reducido significativamente. Y, aunque sea el de las relaciones más débiles, es importante que no disminuya.
  • Sorprendentemente, el estudio afirma que los hombres han reducido mucho más sus redes de contactos que las mujeres. ¿Cuál es la explicación? No es que las mujeres dediquen más tiempo a establecer contactos o a consolidar los que ya tenían (ahora, en general, tienen mucho menos tiempo que antes), la clave está en la forma natural de comunicación propia de las mujeres: para mantener la cercanía emocional, hablan. En cambio, los hombres hacen cosas juntos, pero hablan mucho menos al realizar estas actividades.
Estudio: cómo la pandemia está menguando nuestra red de contactos
  • El punto anterior es fundamental, ya que si no mantenemos una comunicación de calidad, los vínculos se deterioran y nos distanciamos emocionalmente de los amigos, familiares y compañeros de trabajo a los que apreciamos. De hecho, según el estudio, tras cinco meses de distanciamiento, los sentimientos de cercanía entre amigos se desploman un 80 %.
  • ¿Por qué nos estamos concentrando en las personas más cercanas y abandonando a todas las demás? Los investigadores creen que se debe a que la situación de la pandemia nos hace sentir como si hubiéramos perdido el control. Enfocar nuestra atención al núcleo más cercano nos proporciona sensación de seguridad y comodidad.
  • Como todo indica que el distanciamiento social y el trabajo desde casa se van a prolongar, deberíamos ponernos como objetivo reconectar, y hacerlo activamente (con los círculos más alejados de nuestro núcleo, los amigos que han quedado relegados y estableciendo nuevas relaciones). A algunas personas les cuesta porque no saben cómo hacerlo o porque temen que el otro no esté receptivo. Sin embargo, es tan sencillo como hacer una llamada para agradecer algo del pasado, para ofrecer ayuda o pedirla o, simplemente, compartir un pensamiento o una idea. Lo más probable es que la otra persona se alegre de nuestra iniciativa. Ahora bien, la investigación asegura que las videollamadas no son efectivas para este propósito: no ayudan a mantener la conexión social debido a que no es posible mirar a cámara y leer en los ojos de la otra persona al mismo tiempo. Por el contrario, somos más empáticos cuando nos concentramos exclusivamente en la voz de alguien.

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