Todos sabemos que la actitud es fundamental para llevar a cabo nuevos aprendizajes y levantarse cada mañana con ganas de afrontar nuevos retos. Sin embargo, a medida que envejecemos, esta motivación para aprender y ponerse en marcha disminuye en muchas personas. Un equipo de neurocientíficos del Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT) ha identificado un circuito cerebral que cumple una función esencial en el mantenimiento de esta motivación. El estudio acaba de publicarse en la revista Cell.

  • La investigación en ratones muestra que el envejecimiento afecta a un circuito cerebral que es fundamental para aprender a tomar las decisiones que requieren evaluar el costo y la recompensa asociadas a una acción en particular, un aprendizaje que se relaciona con la motivación para realizar tareas
  • Los investigadores han demostrado que pueden aumentar la motivación en ratones viejos para participar en este tipo de aprendizaje al reactivar este circuito, así como disminuir la motivación al suprimir el circuito
Los estriosomas desempeñan un papel principal en las decisiones que implican ponderar situaciones con aspectos tanto positivos como negativos como, por ejemplo, decidir si aceptamos un trabajo mejor remunerado pero que nos obligará a pasar menos tiempo con la familia y con los amigos.

Ann Graybiel, profesora del MIT y miembro del Instituto McGovern para la Investigación del Cerebro es la autora principal de este estudio. Esta investigadora fue la que descubrió hace años los estriosomas, unos grupos de células que están distribuidos por todo el cuerpo estriado de los ganglios basales; una serie de centros cerebrales relacionados con la formación de hábitos, las emociones, el control del movimiento voluntario y la adicción (en 2018, su trabajo sobre el funcionamiento de los ganglios basales le valió el Gruber Prize).

En su laboratorio, llevan años estudiando los estriosomas, ya que su función seguía siendo un misterio debido, en parte, a que es muy difícil obtener imágenes de ellos mediante resonancia magnética (fMRI) porque son muy pequeños y están ubicados en las áreas más profundas del cerebro.

Recientemente, el equipo ya descubrió que los estriosomas desempeñan un papel principal en las decisiones que implican ponderar situaciones con aspectos tanto positivos como negativos como, por ejemplo, decidir si aceptamos un trabajo mejor remunerado pero que nos obligará a pasar menos tiempo con la familia y con los amigos. Este tipo de decisiones se denominan “conflictos de aproximación-evitación” y provocan una gran ansiedad, puesto que suponen decidir si escogemos la parte positiva con la negativa o evitamos tanto la positiva como la negativa.

Asimismo, también descubrieron que los estriosomas se conectan a las células de uno de los principales productores de dopamina del cerebro, la sustancia negra (la dopamina es un neurotransmisor del que dependen funciones como el movimiento, la memoria, la atención, los sistemas de recompensa, la cognición, el comportamiento, el sueño y el aprendizaje). Estos hallazgos llevaron a los investigadores a postular que quizá los estriosomas actúan como una especie de guardián que absorbe la información sensorial y emocional que proviene de la corteza y la integra para producir una decisión sobre cómo actuar.

Actualmente, ya sabían que estas acciones pueden ser fortalecidas posteriormente por las células productoras de dopamina, así como que el estrés crónico tiene un gran impacto en este circuito y en este tipo de toma de decisiones emocionales: en 2017 demostraron que el estrés crónico favorece la toma de decisiones arriesgadas, y que podían bloquear este efecto manipulando el circuito (en ratones).

En el nuevo estudio, el objetivo de los neurocientíficos ha sido investigar qué les ocurre a los estriosomas cuando aprenden a tomar este tipo de decisiones, lo cual requiere asignar valor a cada costo y a cada recompensa. El resultado apunta a que los estriosomas son fundamentales a la hora de asignar un valor subjetivo a una acción en particular y, por tanto, decidir si merece la pena llevarla a cabo teniendo en cuenta los pros y los contras.

Los investigadores también comprobaron que en los ratones de más edad disminuyó el compromiso de aprendizaje de este tipo de análisis de costo-beneficio, y que su actividad estriosómica también disminuyó en comparación con la de los ratones más jóvenes

Asimismo, los investigadores también comprobaron que en los ratones de más edad disminuyó el compromiso de aprendizaje de este tipo de análisis de costo-beneficio, y que su actividad estriosómica disminuyó en comparación con la de los ratones más jóvenes (los ratones de más edad tenían entre 13 y 21 meses, lo cual equivale, aproximadamente, a los 60 años o más de los seres humanos). De hecho, encontraron una pérdida de motivación similar a la que se produce con la enfermedad de Huntington; un trastorno neurodegenerativo que afecta al cuerpo estriado y sus estriosomas. Cuando los neurocientíficos utilizaron fármacos para impulsar la actividad en los estriosomas, observaron que los ratones se involucraron más en el desempeño de la tarea. En cambio, al suprimir los fármacos, se suprimía el circuito y, por tanto, la motivación.

Ahora, los investigadores están trabajando en el desarrollo de tratamientos farmacológicos que estimulen este circuito, ya que el estudio no solo ayuda a explicar el deterioro relacionado con la edad: muchos trastornos de salud mental como la depresión, la ansiedad o el trastorno de estrés postraumático pueden sesgar la capacidad de evaluar los costos y las recompensas de una acción: por ejemplo, una persona deprimida puede subestimar las experiencias potencialmente gratificantes, mientras que alguien que sufre de adicción puede sobrevalorar las drogas pero subestimar otros aspectos como su trabajo o su familia.