Por Susana Lladó

 

La directora-fundadora de nuestro centro, Joëlle Guitart, nos explica en esta entrevista el caso de Elena, una niña con 3 cruces de lateralidad e hipotonía. Aunque los resultados del primer test de WISC que se le realizó al iniciar la terapia mostraron un cociente intelectual normal, estos resultaron de CI aumentaron significativamente cuando se le realizó un segundo test de WISC al finalizar la terapia de lateralidad.

Elena tenía muchas dificultades con las matemáticas y, a causa de una ligera dislexia, omitía sílabas y dejaba palabras sin terminar al escribir. También presentaba problemas de concentración, lentitud, bloqueos y disortografía. La mecánica lectora estaba bien, pero la comprensión lectora no era buena, motivo por el que les costaba recordar lo que leía de cualquier asignatura.

¿Qué caso nos va a exponer hoy? 

El de una niña con lateralidad cruzada, a la que llamaré Elena, que llegó al centro hace tres años, cuando tenía 9 años y 11 meses. Estaba cursando cuarto de Primaria. 

 

¿Cuáles fueron los resultados del test de lateralidad? 

Presentaba tres cruces de lateralidad e hipotonía en miembros superiores e inferiores. Los resultados del test de lateralidad fueron los siguientes: lateralidad de mano, 65 % derecha, 35 % izquierda; lateralidad del ojo, izquierda; lateralidad de pierna estática, 55 % derecha, 45 % izquierda; lateralidad de pierna dinámica, derecha; lateralidad de oído, 40 % derecho, 60 % izquierdo, y lateralidad de la motricidad facial, 35 % derecha, 65 % izquierda. Decidí lateralizarla a la derecha, como diestra. 

 

¿Cuáles son las particularidades del caso? 

Elena tenía muchas dificultades con las matemáticas y, a causa de una ligera dislexia, omitía sílabas y dejaba palabras sin terminar al escribir. También presentaba problemas de concentración, lentitud, bloqueos y disortografía. La mecánica lectora estaba bien, pero la comprensión lectora no era buena, motivo por el que les costaba recordar lo que leía de cualquier asignatura.

 

¿Su CI era normal? 

Antes de iniciar la terapia, le realizamos el test WISC para saber en qué aspectos cognitivos necesitaba más ayuda. Los resultados mostraron un cociente intelectual normal, de 102. No obstante, cuando lo repetimos un año y medio después, el resultado aumentó a 107. Esta diferencia se debe a que la lateralidad cruzada estanca el CI de las personas. Lo vemos en todos los casos. Es decir, no es que el rendimiento académico de estos niños sea bajo porque no sean inteligentes, sino que su CI está frenado por sus cruces de lateralidad. En cuanto su lateralidad queda bien definida a la derecha o a la izquierda al finalizar la terapia, alcanzan todo su potencial intelectual. Es muy importante aclarar este punto, ya que en alguna ocasión hemos tenido pacientes que llegaron al centro con un diagnóstico de deficiencia mental y tras hacerles de nuevo el test meses después de iniciar el tratamiento, los resultados indicaron un CI dentro del rango de lo normal.

La madre también tenía lateralidad cruzada. Todavía recuerdo sus palabras. Me dijo: «Venimos porque no queremos que le pase lo mismo que a mí. Yo quería estudiar y no pude porque no comprendía bien las materias».

¿Qué dificultades tenía en las matemáticas? 

No las comprendía. No entendía la lógica de las matemáticas porque su capacidad de abstracción era deficitaria. Por ejemplo, no entendía cómo se hace una división de dos cifras. 

 

¿Y su carácter? 

Lo más destacable es que era una niña muy autoexigente, un rasgo que suele estar presente en las personas con lateralidad cruzada: sustituyen sus déficits cognitivos con una gran fuerza de voluntad y autoexigencia. Esta es la razón por la que, en algunos casos, como el de Elena, van siguiendo el ritmo de clase hasta que, de repente, el rendimiento cae en picado. 

 

¿El de Elena también cayó? 

Sí, fue cuando pasó de cuarto a quinto de Primaria. 

 

¿Había más rasgos o dificultades remarcables? 

Era muy introvertida e irritable y, como presentaba hipotonía, era muy patosa. Iba a clases de natación, pero solía nadar por debajo del agua, ya que le costaba menos, como a todos los hipotónicos. También iba a clases de música.  

 

¿Cómo era la dinámica familiar? 

Elena contaba con una familia muy sana emocionalmente y que entendía muy bien la función de la terapia, algo que no todos los padres comprenden. Este punto contribuyó positivamente a su recuperación porque contamos con toda su colaboración, al igual que con la de su maestra del colegio. Además, como en cualquier terapia, también fue fundamental que el transfer con su terapeuta fuera muy bueno. Todo ello posibilitó que la evolución de Elena fuera muy rápida. 

 

¿Cuál fue el relato de los padres en la primera visita? 

La madre también tenía lateralidad cruzada. Todavía recuerdo sus palabras. Me dijo: «Venimos porque no queremos que le pase lo mismo que a mí. Yo quería estudiar y no pude porque no comprendía bien las materias». En cambio, el padre, estaba más preocupado porque Elena fuera feliz. Dijo que la parte escolar no era lo que más les preocupaba. 

El paciente hace ejercicios de seriación, como contar de dos en dos hasta 100 y, después, hacer lo mismo en orden decreciente (100-98-96-94, etc.). A Elena le costaba la estrategia mental, que es la habilidad mental numérica; hacer operaciones mentalmente, como sumar llevando, pero enseguida empezó a mejorar en las matemáticas porque fue adquiriendo esta agilidad mental.

¿Elena no era una niña feliz? 

No. Antes de acudir a nuestro centro, estuvo yendo tres años a terapia por una depresión. Aunque este problema ya se había resuelto, Elena hablaba poco. Era una niña que estaba triste.  

 

 ¿Qué mejoras cabe destacar  del primer test de control, tras iniciar la terapia? 

La terapeuta de Elena reporta que la niña va a terapia a gusto. Están trabajando la abstracción y la comprensión lectora y, paralelamente, va introduciendo ejercicios de respiración y relajación para que se vaya sintiendo más relajada y no tenga tantos bloqueos en el colegio. En las últimas sesiones la ha observado más participativa y sonriente. En la entrevista con los padres, me hacen saber que su hija está contenta con la terapeuta y que confía mucho en ella. La ven más motivada, aunque preocupada porque el horario de las sesiones de terapia le iba a coincidir con el de las fiestas que se iban a celebrar en su pueblo. Llegamos a un acuerdo para que Elena no se las perdiera, pues era importante para ella. 

 

¿Qué otros aspectos se empezaron a trabajar en terapia? 

La coordinación oculomanual, la coordinación ideomotriz ―como deletrear palabras mentalmente― y el razonamiento. Su profesora me llamó y me comentó que estaba de acuerdo en que era importante que Elena aprendiera a pensar, en lugar de que estudiara de memoria. Aunque la paciente leía mucho en casa debido a su autoexigencia, recomendé que bajara el tiempo de lectura a 8 minutos y dedicara cada día 3 minutos a comentar lo que hubiese leído. Más adelante, también recomendé que empezara a hacer esquemas sinópticos para trabajar la lógica entre conceptos e ideas. 

 

¿Algún aspecto más? 

Sí, se la estimuló para que adquiriera fluidez numérica mentalmente. 

 

¿Por ejemplo? 

El paciente hace ejercicios de seriación, como contar de dos en dos hasta 100 y, después, hacer lo mismo en orden decreciente (100-98-96-94, etc.). A Elena le costaba la estrategia mental, que es la habilidad mental numérica; hacer operaciones mentalmente, como sumar llevando, pero enseguida empezó a mejorar en las matemáticas porque fue adquiriendo esta agilidad mental.  

 

¿Hubo más avances en esta etapa? 

Ella misma empezó a repasar sus deberes y exámenes para evitar errores que antes se le pasaban por alto, comenzó a disfrutar de la lectura (ya no leía solo por obligación) y también observé que había adquirido más soltura corporal gracias a los ejercicios de estiramientos que introdujimos en la terapia. La concentración también empezó a mejorar. 

Tenía el cuerpo muy bloqueado, lo cual era un reflejo de cómo se sentía. Por ejemplo, al principio, estaba muy angustiada porque siempre creía que le faltaba tiempo para estudiar. Si se iban de fin de semana o de puente, le entraba una gran ansiedad. El desbloqueo corporal la ayudó mucho a desbloquearse mentalmente

¿Por qué  integraron estos ejercicios en las sesiones? 

Porque tenía el cuerpo muy bloqueado, lo cual era un reflejo de cómo se sentía. Por ejemplo, al principio, estaba muy angustiada porque siempre creía que le faltaba tiempo para estudiar. Si se iban de fin de semana o de puente, le entraba una gran ansiedad. El desbloqueo corporal la ayudó mucho a desbloquearse mentalmente. Esto se reflejaba en los ejercicios de las sesiones: al gestionar mejor sus emociones y coger confianza, cada vez se equivocaba menos al hacerlos. Además, empezó a sentirse más vital, con el cuerpo más despierto. 

 

¿Cuál es la evolución en el segundo test de control? 

Entre cada test de control transcurren 5-6 meses. Algo que no he mencionado es que Elena no tenía amigos. Pero no los tenía porque no se atrevía a establecer relación con otros niños, no los invitaba a su casa, no les proponía planes, etc. Es decir, era ella quien tenía problemas de relación social. Sufría mucho por este tema. En cambio, cuando venía a mi despacho y durante las sesiones se relajaba porque sentía el centro como un entorno seguro.  

 

La inseguridad y la baja autoestima son comunes en las personas con lateralidad cruzada 

Sí, todas sus dificultades de aprendizaje hacen mella en su identidad. Elena, antes de empezar sexto de Primaria, ya estaba sufriendo por si sería capaz de aprobar las asignaturas de ese nivel superior. 

 

Estábamos en el segundo test de control 

Lo más destacable es que en esta etapa ya no hay signos de la dislexia perceptiva, pero sigue teniendo dificultades para hacer una síntesis y la sintaxis todavía no es buena. Cuando se equivoca, normalmente es porque se precipita mucho.   

En la entrevista con los padres, recomiendo que la apunten a clases de teatro para seguir reforzando todo el trabajo corporal y de desbloqueo. Elena es una niña muy perfeccionista, podríamos decir que demasiado perfecta. Como terapeuta, cuando veo a estos niños tan poco niños, tan modélicos en su comportamiento, sé que no se permiten el error, que tienen poca tolerancia a la frustración. 

Les comunico a los padres que en el cuarto test calcularé el porcentaje de recuperación de lateralidad. 

 

 

La onicofagia está relacionada con la ansiedad y, en algunos casos, con el autocastigo y el autocontrol. Se suelen morder las uñas o arrancar la piel de alrededor. Lo observo desde hace 50 años, de la misma manera que observo que esta compulsión deja de estar presente al finalizar la terapia.

Pasemos al tercer test de control 

La evolución es buena, aunque todavía le cuesta recordar lo que lee y el perfeccionismo sigue estando presente. En el colegio, hay evolución en todas las asignaturas, salvo en la gramática del inglés. La disortografía va mejor, ya no confunde tanto la fonética de algunas letras (confundía la j con la g, por ejemplo), mezcla menos el catalán y el castellano, sigue mejorando en las mates y se la ve con más energía, con más reflejos y más despierta en los ejercicios que requieren rapidez y agilidad.  

Elena se encuentra mejor en su piel, la ansiedad se ha reducido, empieza a hacer amigos, decide voluntariamente, por primera vez, que se va a ir unos días de colonias y expresa que va a querer estudiar una carrera que le permita ayudar después a la gente.  

En este test también observo que la lateralidad de la pierna estática ya es ambivalente y Elena me dice que ahora es consciente de lo que le cuesta más o menos, tanto en el aspecto cognitivo como en el emocional. 

Los padres deciden que van a cambiar a su hija de colegio el próximo curso, a una escuela de nivel pedagógico más alto. 

 

¿Cuál es la evolución en el cuarto test de control? 

Las observaciones más relevantes de la terapeuta son que ha aumentado su capacidad de razonamiento lógico-matemático y su concentración, y que ya no la ve triste: sonríe y se divierte, algo que es nuevo. La adaptación al nuevo colegio es buena y, a pesar de que la escuela está en otra población, bastante lejos de Barcelona, Elena quiere terminar la terapia. 

La terapeuta también recalca que ha mejorado mucho en reflejos y rapidez corporal, y que la propia paciente es consciente de que ha ganado musculatura y que ha disminuido notablemente su hipotonía. Ahora, Elena se atreve a preguntar en clase, cosa que nunca había hecho. Y, aunque todavía comete faltas de ortografía, ha mejorado en la redacción. También observa que ya no se come las uñas. 

 

La onicofagia es también muy común en los niños y adolescentes con lateralidad cruzada 

Sí, la onicofagia está relacionada con la ansiedad y, en algunos casos, con el autocastigo y el autocontrol. Se suelen morder las uñas o arrancar la piel de alrededor. Lo observo desde hace 50 años, de la misma manera que observo que esta compulsión deja de estar presente al finalizar la terapia. Precisamente, hoy ha terminado la terapia otra niña que se arrancaba la piel, sobre todo, de los pulgares y meñiques de ambas manos, y ha dejado de hacerlo. 

 

En este cuarto test calculó el porcentaje de recuperación, ¿no? 

Sí. Respecto a la lateralidad, la recuperación llegó al 78 %. Como no había estancamiento en ningún ítem de lateralidad, decidimos finalizar la terapia al cabo de 6 meses, momento en el que la recuperación alcanzó el 89 %. El caso de Elena es un caso de recuperación más rápida de lo habitual. La terapia duró dos años. Fue en este quinto test de control cuando repetimos el test de WISC y dio el resultado de 107, un cociente intelectual normal-alto. 

Los ejercicios posterapia sirven para afianzar todo el trabajo neurofisiológico realizado durante las sesiones de terapia. Estos ejercicios son muy importantes: cuando el paciente los realiza, el porcentaje de recuperación siempre aumenta un poco más. Lo observo en los tres controles más de seguimiento que les hago después en intervalos de 5 meses.

¿La terapia fue individual o en grupo? 

En grupo, con otros niños de edad y dificultades de lateralidad similares.  En muchos casos, la terapia de lateralidad en grupo tiene muchas ventajas respecto a la individual; sobre todo, en niños y adolescentes.

 

¿Elena tuvo que hacer en casa los ejercicios posterapia? 

Sí, como todos los pacientes. Los ejercicios posterapia sirven para afianzar todo el trabajo neurofisiológico realizado durante las sesiones de terapia. Estos ejercicios son muy importantes: cuando el paciente los realiza, el porcentaje de recuperación siempre aumenta un poco más. Lo observo en los tres controles más de seguimiento que les hago después en intervalos de 5 meses. En su caso, eran tan solo cinco minutos de ejercicios dos veces por semana. Llegamos a un 93 % de recuperación en el segundo test de control posterapia y la hipotonía se redujo de un 15 % a un 10 %.  

La paciente, cuando vino a realizar el tercer test posterapia, me comentó que se había apuntado a clases de baile moderno, lo cual, teniendo en cuenta la rigidez y falta de conciencia corporal con la llegó al centro, es muy significativo. Asimismo, en el nuevo colegio había empezado a estudiar alemán sin dificultad y había superado completamente sus problemas con las otras lenguas. La recuperación final de Elena fue de un 95 %, el máximo posible. 

 

¿Cuáles fueron los resultados del último test de lateralidad? 

Lateralidad de la mano, 90 % derecha, 10 % izquierda; la del ojo, derecha; pierna estática, 80 % derecha, 20 % izquierda; pierna dinámica, derecha; oído, 70 % derecho, 30 % izquierdo, y motricidad facial, 70 % derecha, 30 % izquierda. 

 

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