Saber escuchar conscientemente siempre crea entendimiento. Sin embargo, nos hemos vuelto tan impacientes y hay tanto ruido a nuestro alrededor que estamos perdiendo la capacidad de escucha. Y esto afecta a la calidad de nuestras relaciones. No obstante, como toda habilidad, la escucha activa se puede entrenar.

¿Cuándo fue la última vez que te sentiste escuchado?

Llamas a un amigo, a tu madre o a tu pareja porque sientes la necesidad de compartir algo que te ha ocurrido o a lo que le estás dando vueltas en la cabeza. En cuanto empiezas a entrar en el tema, la otra persona te interrumpe. Tú, que estabas haciendo un esfuerzo para encontrar las palabras que te permitieran ordenar tus pensamientos y emociones, sientes que te acaban de cerrar ese espacio para elaborar lo que te ocurre. Y no solo eso: con la interrupción, también se ha cerrado la posibilidad de mostrarte vulnerable, de poder expresar tus dudas y mostrarte como eres. Y esto último es mucho más importante de lo que parece.

La vulnerabilidad, según la doctora Brené Brown   ̶ que lleva 20 años estudiando el coraje, la vulnerabilidad, la vergüenza y la empatía ̶   no es un signo de debilidad, sino la medida más precisa de valentía. De la vulnerabilidad nace la innovación, la creatividad y el cambio. ¿Por qué? porque crear significa hacer algo que hasta ese momento no existía, y no hay nada que implique más vulnerabilidad que eso. Cuando nos permitimos ser vulnerables, nos dejamos ver, podemos ser nosotros. Correr este riesgo emocional, exponerse y moverse temporalmente en la incertidumbre son situaciones imprescindibles para que se puedan producir cambios en nuestra vida.  Te recomiendo escuchar a la doctora Brown en la charla del vídeo de abajo, rebosante de humor, que dio en Ted Talks (está transcrita al español).

La escucha consciente siempre crea entendimiento

Además, el hecho de no saber escuchar con atención daña nuestras relaciones interpersonales porque mina la confianza que la otra persona tiene en nosotros, disminuyendo la calidad de la comunicación.

El filósofo Ángel Gabilondo escribió hace años lo siguiente en una columna que tenía en El País: «Escuchar no es abrir los oídos mientras mantenemos clausuradas y a buen recaudo las decisiones, adoptadas con independencia de lo que se nos diga. No es un ejercicio misericordioso o de condescendencia para atender a quien habla, a fin de poder decir que ya se ha cumplido el requisito de hacerlo. No es una cortesía, es un elemento fundamental para el reconocimiento del otro y para que haya realmente diálogo. Es estar dispuesto a cuestionar lo que uno propone, defiende, o ya piensa».

Las personas necesitamos espacio para traspasar los pensamientos a palabras. Ese espacio es la escucha activa del otro, el silencio atento que nos invita a ir desarrollando aquello que queremos expresar hasta el final, sin juicios y sin que el que escucha aproveche la oportunidad para contarnos lo suyo o ponerse de ejemplo. Sin embargo, nos hemos vuelto impacientes. Estamos perdiendo la capacidad de escucha. Y esto, como dice otro experto en este tema, Julian Treasure, no es algo trivial. «Un mundo en el que no nos escuchamos unos a otros es, de hecho, un lugar tenebroso. En cambio, la escucha consciente siempre crea entendimiento», afirma es especialista.

Las 10 cosas que hacen las personas que saben escuchar

Así podemos entrenar la escucha activa

Aprender a escuchar es una habilidad, por lo que, como toda habilidad, se puede entrenar. ¡Conversar con otra persona debería constituir uno de los mayores placeres de la vida!

Para aprender a escuchar mejor, practica estas 10 cosas:

  1. Cuando alguien te explique algo, espera varios segundos antes de empezar a hablar tú. Descubrirás, seguramente, que la otra persona tenía más cosas que decir, que no había terminado.
  2. En una conversación, respeta siempre los turnos de palabra, deja que el otro termine antes de intervenir tú.
  3. Mientras la otra persona habla, no estés pensando en tu respuesta: escúchala.
  4. Si la conversación es “cara a cara”, mantén el contacto visual durante la conversación para que la otra persona perciba que estás en la conversación.
  5. No hagas otra cosa mientras la otra persona habla, aunque creas que puedes escuchar y estar pendiente de algo más. Dedícale toda tu atención a la otra persona.
  6. No te agarres literalmente a las palabras del otro: piensa qué es lo que quiere expresar con esas palabras.
  7. Hazle saber a la otra persona que, aunque no digas nada porque la estás escuchando, la estás siguiendo: emite sonidos y palabras que no interrumpen, como mmm, , etc. Si la conversación es presencial o por videoconferencia, asiente cada tanto y mantén una expresión facial que la acoja.
  8. Tras escuchar y pensar sobre lo que el otro está diciendo, haz una reflexión que recoja lo que ha expresado, incluyendo lo que crees que siente y necesita. De este modo, el otro sabrá si le has entendido.
  9. No emitas juicios sobre el otro, no lo juzgues. No conviertas la conversación en algo personal, limítate a hablar sobre el objeto de la conversación.
  10. Haz preguntas abiertas que estimulen a la otra persona a seguir adentrándose en el tema. Por ejemplo: no es lo mismo preguntar «¿Te ha ido bien la reunión?» que decir: «Explícame cómo te ha ido la reunión». Y si tienes dudas sobre lo que está diciendo, en lugar de sacar conclusiones precipitadas, pregúntale qué quiere decir.
Las 10 cosas que hacen las personas que saben escuchar

¿Te cuesta guardar silencio? practícalo

Si te cuesta guardar silencio, Julian Treasure propone varios ejercicios que ayudan a desarrollar las habilidades de la escucha consciente:

  • Practica el silencio durante 3 minutos al día. Esto ayuda a recalibrar los oídos en un mundo ruidoso como en el que vivimos.
  • En cualquier lugar, haz el ejercicio de intentar distinguir los diferentes canales de sonido que escuchas. Puedes practicarlo incluso si estás en la naturaleza: ¿se mueven las hojas de los árboles? ¿Dónde están los pájaros que oyes? ¿Y ese murmullo a lo lejos?
  • Concéntrate en cualquier sonido mundano de los que nos rodean continuamente y disfrútalo (Julian Treasure, por ejemplo, ha descubierto el ritmo del vals en su secadora: un, dos tres, un dos tres…).
  • Aprecia el hecho de que la otra persona ha decidido compartir algo contigo.

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