¿Qué es la anomia?

La anomia es la incapacidad de la estructura social para proveer a los individuos de lo necesario para lograr sus metas en el seno de su comunidad o sociedad. La anomia se caracteriza por un estado/Estado de desorganización social y aislamiento del individuo como consecuencia de la carencia, la incongruencia o la degradación de las normas sociales y las leyes.

El concepto de anomia aplica, por ejemplo, cuando se da una brecha significativa entre los valores que nos transmiten y su práctica en la vida diaria, o cuando hay una disociación entre los objetivos socioculturales y el acceso a los medios necesarios para poder alcanzar esos objetivos. El término lo introdujo por primera vez el sociólogo Émile Durkheim en sus obras La División del Trabajo Social y El suicidio y, desde entonces, se utiliza en sociología y ciencias sociales.

Cómo ‘navegar’ este periodo de incertidumbre

Las 4 reglas de la empatía que pueden salvarnos de la actual anomia

Me ha parecido interesante que una psicóloga y socióloga del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), Sherry Turkle, utilice este término para describir la situación actual de desorientación, incoherencia y ansiedad que estamos viviendo con la pandemia en un artículo publicado en Harvard Business Review.

En el artículo, la autora utiliza la siguiente definición de anomia: “Describe un estado desestabilizado y desestabilizador cuando las reglas y quienes las dictan pierden legitimidad”. Esta pérdida de legitimidad que se menciona es importante porque tiene consecuencias que son, asimismo, características de la anomia: la incoherencia de las normas vuelve inestables las relaciones de grupo impidiendo su cordial integración, estas normas incoherentes dejan de ser respetadas por la comunidad y, además, tal como explicó Durkheim en el libro El suicidio,  una situación de anomia promueve las conductas suicidas, ya que la sensación de pérdida de valores y de alienación conduce a las personas a un estado de incertidumbre, inseguridad, insatisfacción, miedo y angustia.

Las 4 reglas de la empatía que pueden salvarnos de la actual anomia

Nos estamos enfrentando a un panorama complejo y desgastante en estado de aislamiento social, cada uno como puede. Sin embargo, esta no es la mejor manera: ni es la más saludable, ni es la más efectiva. Sin duda, hay una posición valiente en describir lo que estamos viviendo mediante el concepto de anomia. No obstante, lo que me ha parecido más relevante del artículo de esta profesora es su propuesta para navegar este periodo con mejor salud emocional y sin hacerla depender de una gestión política e institucional que se muestra, cuando menos, incoherente.

La propuesta de Sherry Turkle es construir un sentido de comunidad que, entre otros beneficios, «nos ayude a superar las divisiones en nuestras vidas y a no sentirnos tan abandonados al aislamiento anómico». ¿Cómo? Entendiendo bien lo que es la empatía y aplicándola en todos los ámbitos de nuestra vida (el de pareja, el familiar, el laboral y el social). La empatía es clave en el bienestar emocional y social.

Las 4 reglas de la empatía de Sherry Turkle

Las 4 reglas de la empatía que pueden salvarnos de la actual anomia

Shery Turkle es autora, entre otros, del libro The Empathy Diaries, en el que trata en profundidad el tema de la empatía, pero en el artículo citado resume las cuatro reglas fundamentales para practicarla.

    1. La verdadera empatía no es acercarse al otro creyendo que le conocemos y que sabemos cómo se siente, aunque hayamos pasado alguna vez por una situación semejante a la suya: todo lo contrario, consiste en dar un paso hacia atrás y acercarse al otro con una humildad radical que nos permita decirle «No sé cómo te sientes, pero estoy aquí para escucharte».

Es imposible ponerse en el lugar del otro si tenemos ideas preconcebidas sobre él/ella. La estrategia del no saber es lo que nos abre la posibilidad de conocer la verdad de las cosas, y estar dispuestos a aprender es lo que deja el espacio que requiere la empatía.

2. Al contrario de lo que se suele pensar, la empatía acepta la fricción, e incluso la diferencia radical. No se trata de pensar igual que el vecino, el compañero de trabajo, nuestra madre o nuestros amigos. Esto no es ser empático, es querer evitar eventuales conflictos. «Para ser empáticos debemos estar dispuestos a adueñarnos del conflicto, participar y luchar de manera justa. La empatía exige un compromiso total, incluso cuando la situación es incómoda», explica Sherry Turkle.

3.Aceptemos el compromiso de ayudar al otro, sin reservas.

4.No nos confundamos cayendo en el buenismo: la empatía no es altruista, engrandece a quien la ofrece.

Estamos viviendo una crisis que no deberíamos atravesar solos. Utilicemos los recursos que dependen de nosotros para disminuir los efectos de la anomia.