Por Susana Lladó

El psicólogo de nuestro centro Luis Elías nos explica en esta entrevista qué es la hipocondría, cómo afecta este trastorno a la vida de las personas que lo sufren, la diferencia entre hipocondría y ser aprensivo, por qué han aumentado los casos de hipocondría desde el inicio de la pandemia de Covid-19 y cómo se trabaja en terapia con estos pacientes.

¿Qué se entiende por hipocondría?

La hipocondría es un trastorno psicológico-psiquiátrico. Las personas que lo padecen creen que tienen una enfermedad ―a menudo, grave― o viven con el miedo a contraerla, lo que les impide tener una buena calidad de vida porque hay una rumiación constante y sostenida en el tiempo de estos pensamientos de temor, además de una interpretación errónea de cualquier síntoma que puedan presentar.

 

Hasta el punto de que pueden llegar a somatizar los síntomas de la enfermedad que temen contraer

Sí, pueden llegar a somatizarlos o, ante cualquier signo que no debería preocuparles, creen que es un síntoma de la manifestación de una enfermedad leve, grave o mortal.

Cuando el médico nos dice que no tenemos nada importante, la mayoría de las personas nos tranquilizamos. Sin embargo, las personas hipocondríacas, no: la información objetiva del médico sobre su buen estado de salud no disipa sus temores. Piensan que el médico no ha hecho un buen diagnóstico, que ha habido un error al hacer los análisis, etc. Hay una preocupación disfuncional.

Cuando hay un síntoma anómalo, todos nos preocupamos. Hasta aquí es normal, ¿no?

Sí, preocuparnos por nuestra salud dentro de unos límites lógicos es algo normal y positivo: ante cualquier síntoma anómalo hay que ir al médico para saber si estamos enfermos o para descartar un problema de salud. Cuando el médico nos dice que no tenemos nada importante, la mayoría de las personas nos tranquilizamos. Sin embargo, las personas hipocondríacas, no: la información objetiva del médico sobre su buen estado de salud no disipa sus temores. Piensan que el médico no ha hecho un buen diagnóstico, que ha habido un error al hacer los análisis, etc. Hay una preocupación disfuncional.

Los casos de hipocondría han aumentado significativamente desde el inicio de la pandemia, aunque no hay que confundirlos con los casos de las personas que son aprensivas y muy sugestionables que en algún momento han achacado un síntoma al virus o han hecho alguna somatización.

¿Qué consecuencias tiene esta preocupación disfuncional?

Estas personas viven en un estado permanente de estrés, ansiedad y angustia, con la autoestima afectada y el ánimo muy bajo. Además, se observan continuamente, están constantemente pendientes de cualquier anomalía en su cuerpo, en su organismo. Cualquier signo puede llegar a obsesionarles y preocuparles, lo que les puede desencadenar síntomas como diarreas, vómitos, tos, dolor de cabeza, etc.; síntomas que interpretarán como señales de una enfermedad. Es decir, hay una retroalimentación y esta dinámica puede ocasionar otros problemas añadidos, como aislamiento, dificultades laborales y de interrelación con los demás.

 

Achacan cualquier signo a un síntoma de enfermedad, como si el síntoma viniera a confirmar su peor temor

Sí, aunque es necesario diferenciar entre la hipocondría y ser aprensivo, porque la distinción es importante.

 

¿Cuál es la diferencia?

En algún momento de nuestra vida, todos hemos sido aprensivos. Si, por ejemplo, hemos vivido un hecho traumático, como el fallecimiento de un familiar por un cáncer, es normal que esta experiencia nos despierte temor por nuestra propia salud durante un tiempo. Pero tras realizar el periodo de duelo y hacernos el chequeo médico correspondiente, si todo ha ido bien, el miedo desaparecerá.

 

¿Y si el miedo persiste?

Si a pesar de los criterios médicos, el miedo persiste durante más de seis meses, lo más probable es que la persona haya desarrollado hipocondría.

Se podría pensar que, precisamente por su miedo a estar enferma, la persona hipocondríaca rehúye buscar información, pero no es así: siempre está buscando información que confirme lo que teme porque, de hecho, somatiza, e interpreta esta somatización como síntomas de una enfermedad.

¿Estáis viendo más casos de hipocondría desde que ha empezado la pandemia de Covid-19?

Sí, los casos de hipocondría han aumentado significativamente desde el inicio de la pandemia, aunque no hay que confundirlos con los casos de las personas que son aprensivas y muy sugestionables que en algún momento han achacado un síntoma al virus o han hecho alguna somatización. La sobreinformación, las fake news y el temor natural a una situación tan insólita como la que hemos vivido contribuyen a que las personas fácilmente sugestionables pueden vivir episodios de preocupación que, no obstante, cesan cuando el médico les confirma que no hay motivo para ello.  Ahora bien, si a pesar del diagnóstico médico, una persona siguiera obsesionada con el virus, tomándose la temperatura a diario, realizándose nuevas pruebas de PCR sin haber tenido conductas de riesgo, etc., entonces estaríamos hablando de hipocondría. Es este miedo infundado el que trabajamos en terapia.

 

¿Y cómo tratáis estos miedos que no tienen una base objetiva?

El trabajo es diferente con cada paciente porque la raíz del miedo también lo es, aunque la ansiedad se trabaja con todos y el objetivo de la terapia es el mismo en todos los casos: que el paciente afronte sus miedos, que aprenda a conectar de otro modo con su cuerpo, que deje de observarse continuamente, pierda el miedo infundado a las reacciones de su organismo, deje de atribuir de manera subjetiva un significado a estas manifestaciones,  no necesite consultar con tanta frecuencia al médico, no esté hablando constantemente de enfermedades, y también que acepte que las personas padecemos enfermedades leves que nuestro organismo supera. Es decir, si uno tiene tos, lo más probable es que se haya refriado y que al cabo de tres días ya esté mucho mejor, aunque haya enfermedades graves que incluyan la tos como síntoma.

 

Si ponemos en Google “síntoma tos”, la lista de enfermedades asociadas es extensa

Claro, y el problema es que las personas hipocondríacas realizan estas consultas a menudo porque forman parte de su comportamiento compulsivo de indagar, contrastar información, etc. Al autodiagnosticarse, los pensamientos recurrentes e intrusivos aumentan y las sensaciones de angustia que experimentan son muy intensas.

 

Atienden a la información de Internet que puede confirmar sus miedos, pero no a la del médico que les dice que su miedo es infundado

Así es. Se podría pensar que, precisamente por su miedo a estar enferma, la persona hipocondríaca rehúye buscar información, pero no es así: siempre está buscando información que confirme lo que teme porque, de hecho, somatiza, e interpreta esta somatización como síntomas de una enfermedad. No es de extrañar, por tanto, que haya muchas personas hipocondríacas o muy aprensivas que lo hayan pasado o lo estén pasando muy mal con la pandemia: la situación ha provocado que centren su atención emocional en su cuerpo, llegando a provocarse reacciones psicosomáticas leves, pero reales, debido a los pensamientos recurrentes de preocupación.

 

 

 

 

El pasado 11 de mayo reabrimos el centro para las terapias presenciales individuales. Por favor, si vas a pedir cita, lee las medidas sanitarias y protocolos de higiene y seguridad que hemos implementado en el centro para evitar la transmisión cruzada de Covid-19 entre nuestro personal y los pacientes. Si quieres hacernos una consulta, puedes ponerte en contacto con el centro.