Concluimos la serie de artículos que hemos publicado en las últimas semanas sobre las dificultades para mantener la atención haciendo un resumen de la interesante charla sobre este tema que el educador James M.Lang mantuvo en Aprendemos juntos, el proyecto de educación del BBVA en el que colabora el diario El País.

James M. Lang es autor de varios libros sobre el aprendizaje en el aula. El último de ellos se titula, precisamente, Distracted: Why Students Can’t Focus and What You Can Do About It (Distraídos: por qué los estudiantes no pueden focalizar y qué puedes hacer tú al respecto).

Por si no habéis leído los artículos anteriores, os facilitamos los enlaces:

Ideas principales de la charla sobre cómo mantener la atención

  • El uso de las tecnologías en el aula puede facilitar el aprendizaje al abrir ventanas al conocimiento, pero también puede distraer a los alumnos. La solución no es decantarse por instaurar siempre la tecnología en el aula o eliminarla de las clases: el profesorado debe poder aplicar su criterio y escoger, en función de cada aprendizaje, utilizarla o no. Por ejemplo: puede ser muy útil utilizar Google Maps para ubicarse virtualmente en un lugar que se esté estudiando, pero a la hora de reflexionar sobre el significado actual de una obra literaria clásica, lo mejor será el intercambio de ideas que se produce en un diálogo abierto.

 

  • Hay que entender que la distracción y la fatiga de la atención son normales. Nuestros cerebros se distraen fácilmente porque, biológicamente, hay razones de peso para ello: aunque necesitamos poder focalizar la atención en una tarea, también necesitamos ser conscientes del entorno. Evolutivamente, esto nos ha salvado de ser presas de otras especies.

 

  • Lo que ha cambiado actualmente es que la tecnología se ha vuelto realmente buena en robarnos la atención. Los dispositivos móviles nos bombardean constantemente diciéndonos que tienen algo superinteresante para nosotros.

 

  • A lo anterior hay que sumar que es propio de nuestra naturaleza sucumbir a la novedad. El cerebro humano siente pequeñas ráfagas de satisfacción al descubrir algo nuevo y estimulante en su entorno. Y el teléfono móvil es una fuente constante de información novedosa, de ideas que se propagan constantemente a través de las redes sociales, páginas web, newsletters, alertas de correo electrónico, etc. Los dispositivos se han vuelto sumamente eficaces en distraernos.

 

  • Aunque el profesorado hace todo lo posible para llamar la atención del alumnado y que esta no disminuya, hay que ser empáticos con los estudiantes y reconocer que la distracción ocurre.
Por qué cuesta tanto mantener la atención en el aula
  • William James, que es uno de los padres de muchas teorías psicológicas y de la educación, señaló que hay dos aspectos a tener en cuenta sobre la atención: uno es ejercer el control de la mente para prestar atención a un objeto o a una experiencia, o incluso a una línea de pensamiento. Pero la segunda parte es bloquear ciertas cosas. En realidad, son dos procesos separados que requieren diferentes partes de nuestro cerebro, la parte de enfoque y la parte de bloqueo.

 

  • Parece que, a medida que envejecemos, una de las cosas que sucede es que somos capaces de mantener la parte de enfoque, pero nuestra capacidad de bloquear otras cosas tiende a degradarse. La falta de atención no se debe a que no puedan concentrarse, sino a que les cuesta más bloquear todas esas otras cosas.

 

  • Es fundamental el espacio físico que ocupa un profesor en el aula. Si los profesores se mantienen detrás de su mesa o en el espacio de la pizarra, se crea una barrera invisible que los aleja de los estudiantes; sobre todo, de los de las últimas filas. Se mantiene mejor la atención en el aula si el profesor se mueve de un lado a otro por todo el aula (sin ser invasivos, llenando el espacio con su presencia e invitando a los alumnos a que participen de lo que está ocurriendo). La idea es que si yo te presto atención a ti, hay más probabilidades de que tú me las prestes a mí.

 

  • Se sabe que la atención está impulsada por la curiosidad. Por tanto, en lugar de convertir las clases en una serie de respuestas (sin preguntas previas), sería mucho más efectivo intrigar primero a los estudiantes con las preguntas y problemas más fascinantes de cada disciplina (como la mayéutica de Sócrates). Somos criaturas que buscan información. Sentimos curiosidad por las cosas y queremos satisfacer nuestra curiosidad. Si empezamos con esas preguntas, aprovecharemos la forma en que a nuestros cerebros les gusta aprender y la forma en que buscan información sobre lo que les interesa.

 

  • Dado que la atención se fatiga con el tiempo, hay que pensar bien cómo estructurar una clase para que no disminuya. Cada vez que haya un cambio de formato o de lo que se está haciendo en el aula, eso va a proporcionar una oportunidad para que la atención se renueve. Y esta estructura hay que comunicársela al alumnado al empezar la clase: dejar claro el tema, los puntos principales que se van a tratar, cuándo van a tener que participar (para que se preparen), etc. Esta estructura les ayuda a mantenerse ahí. Además, debe haber tiempos pasivos y tiempos activos (experiencias que les permitan descansar sus cerebros o hacer que sus cerebros se involucren de una manera diferente). En resumen, el cambio, la variedad y la estructura ayudan a mantener la atención.

 

  • Es posible convertir las aulas en refugios de atención: lugares donde parar todo el ruido e inputs externos, reducir la velocidad y, simplemente, participar de la alegría de aprender. El aprendizaje debe ser una alegría.

 

  • Podéis escuchar la charla completa de James. M. Lang en este enlace:

https://aprendemosjuntos.elpais.com/especial/por-que-nos-cuesta-tanto-mantener-la-atencion-james-m-lang/