El cuerpo humano está diseñado para responder al contacto físico. Sin embargo, muchas personas llevan más de un año sin dar ni recibir ni siquiera un abrazo debido al distanciamiento social que estamos viviendo a causa de la actual pandemia. ¿Qué repercusiones tiene para la salud esta privación prolongada de cercanía física?

La neurocientífica Helena Wasling lleva más de una década estudiando la red de fibras nerviosas de nuestra piel que detectan y responden emocionalmente al tacto de otras personas. Se trata de unos nervios denominados aferentes C-táctiles o CT. Estos aferentes CT están presentes en casi cada centímetro de nuestra piel. De hecho, lo están en toda nuestra piel, salvo en la de las manos y  plantas de los pies; lo cual indica la importancia que biológicamente tiene el contacto físico para los seres humanos.

En un artículo de TED Ideas, la neuróloga explica que estos nervios son especialmente sensibles a tres cosas: los toques suaves, el movimiento delicado y la temperatura coincidente con la del cuerpo humano. Es decir, esta red de fibras nerviosas está programada especialmente para responder a las caricias.

Asimismo, cuando recibimos caricias o abrazos, los aferentes CT envían señales a una zona muy específica del cerebro: la corteza insular, que es una parte profunda de la corteza relacionada con el equilibrio emocional (una parte distinta a la zona del cerebro que procesa meramente las sensaciones físicas). Estas señales las traducimos como “me siento aceptado”, “me siento seguro», «alguien cuenta conmigo«, «soy importante para esta persona», etc. También llama la atención que los aferentes CT envíen señales hacia partes del cerebro que se ocupan de nuestra imagen social, de decirnosquiénes somos socialmente”. Teniendo en cuenta lo anterior, y que el contacto físico también puede reducir el dolor y el estrés, no es de extrañar que las personas que no lo están experimentando estén sufriendo, y que esta situación les pueda dejar secuelas duraderas.


Wasling también explica que, probablemente, lo que más estemos extrañando sean los abrazos, ya que un abrazo es un tipo de caricia que, emocionalmente, nos nutre especialmente. Cuando confiamos en una persona, sus abrazos representan seguridad y protección. Por esta razón, cuando necesitamos consuelo y nos abrazan, nos permitimos derrumbarnos y llorar.

El contacto físico es importante, incluso, para las personas que no se consideran muy toconas, ya que está incrustado en la estructura social. Por ejemplo, hasta que empezó la pandemia, cuando nos presentaban a alguien, el apretón de manos nos servía para realizar una primera evaluación de esa persona. Y al reencontrarnos con un amigo que hacía tiempo que no veíamos, ese abrazo de reencuentro estaba lleno de significado. Sin duda, el distanciamiento social nos ha arrebatado una forma fundamental de comunicación y expresión que formaba parte de nuestra manera de relacionarnos. Hemos crecido asociando el contacto físico a la cercanía emocional, por lo que asociamos su ausencia a la distancia emocional, como resume el psicólogo Guy Winch.


Cómo podemos paliar la ausencia de contacto físico


Hay  pautas que pueden ayudar a las personas que viven sin estas muestras de afecto (los demás podemos poner en práctica algunas de ellas para ayudarlas a sentirse mejor). Por ejemplo, la neuróloga cree que, aunque darse una ducha con agua tibia no provoca la misma respuesta fisiológica que una caricia, es muy probable que el movimiento lento del agua sobre la piel genere una respuesta aferente de la TC. También se han demostrado los beneficios terapéuticos de tener una mascota “peluda” cuando no se puede disfrutar de la interacción con otras personas: abrazar a estos animales e interaccionar con ellos reduce el estrés, la frecuencia cardiaca y la presión arterial. Otra cosa que puede ayudar mucho a estas personas es que cuando hablemos con ellas (presencialmente u online), estemos muy presentes: mirémoslas a los ojos, pongamos toda nuestra atención en ellas, escuchémoslas y no tengamos miedo de entablar conversaciones profundas o significativas.  Si notan que estamos realmente con ellas, lo que recibirán es que reconocemos su existencia, que no están solas y que forman parte de nuestro universo social (de eso se trata).