Aunque es un proceso natural, el proceso emocional de aceptación de una pérdida puede requerir, en algunos casos, iniciar una psicoterapia de duelo con un profesional.

Diferentes tipos de duelo

El duelo es el proceso emocional que vamos experimentando cuando perdemos a alguien o algo importante para nosotros. Es decir, es nuestra respuesta emocional a una pérdida: al fallecimiento de una persona a la que queríamos, al divorcio o separación de nuestra pareja, al hecho de quedarnos sin trabajo, a un cambio de situación vital, de rol, de libertades, etc.

Todo proceso de duelo consta de varias etapas por las que es necesario pasar hasta que aceptamos la pérdida sufrida, ya que esta aceptación es la que nos permite seguir adelante con nuestras vidas de forma saludable.

Asimismo, cada persona vive de diferente manera un proceso de duelo, aunque haya emociones, conductas, reacciones físicas y pensamientos comunes a todos ellos. Dependiendo de cuál sea el objeto de pérdida del duelo, del lugar que ocupaba en nuestra vida y de los recursos y forma de ser cada uno, el duelo puede vivirse con una intensidad de dolor mayor o menor, y extenderse más o menos en el tiempo: puede durar días, semanas, meses o años.

Los duelos relacionados con la pandemia de Covid-19

Cuándo es necesaria la psicoterapia de duelo
Duelo por el fallecimiento de un ser querido

Desde que empezó la pandemia de Covid -19, son muchas las personas que han perdido a un familiar o a un amigo sin poder despedirse, asistir a su velatorio ni celebrar un funeral.

Por tanto, al sufrimiento por la pérdida de ese ser querido han visto sumadas muchas más emociones relacionadas con no poder llevar a cabo los ritos que habitualmente nos ayudan a despedirnos de una persona y poder empezar el duelo por su pérdida. Un sentimiento muy común en estos casos es la sensación de irrealidad, la cual dificulta iniciar el proceso. Para salir de ella, es muy recomendable que estas personas encuentren alternativas a estos ritos sociales que no han podido realizar: por ejemplo, pueden celebrar una despedida en casa acompañados de otros familiares, si su situación de confinamiento se lo permite, hacerlo online o incluso solos. Se trata de dedicar un espacio para llevar a cabo la despedida en el presente, aunque exista la posibilidad en un futuro de realizar otra ceremonia en mejores condiciones.

Lo importante es aceptar que uno está sintiendo las emociones que experimenta y poder expresarlas, acompañado o solo. Una manera podría ser escribir lo que se le quiere decir a la persona que ha fallecido o buscar un poema que lo exprese. Lo que no hay que hacer es intentar reprimir las emociones.

Del mismo modo, las personas cercanas a la que ha sufrido la pérdida deben evitar hacer comentarios que puedan inhibir esas emociones. Frases como «No estés triste», «Tú puedes con todo», «Sé fuerte», etc., deben sustituirse por otras que muestren apoyo, como «Estoy aquí para lo que necesites», «No estás solo/a» o «Tienes una familia que te apoya». Y hay que tener presente que lo más importante es escuchar, escuchar qué es lo que necesita esa persona. Quizá, en este momento, lo que más la ayude sea que respetemos su silencio y simplemente estemos allí, acompañándola.

Duelo por otras pérdidas relacionadas con la pandemia

El confinamiento por el coronavirus también nos está enfrentando a otro tipo de pérdidas, como la pérdida de libertades, de las expectativas personales y profesionales que teníamos antes de que se iniciara la pandemia, de la posibilidad de estar con las personas que queremos, la pérdida del puesto de trabajo, etc. Podríamos decir que, en mayor o menor medida, todos estamos pasando un proceso de duelo por alguna pérdida.

Algunas personas, después de casi ocho semanas de confinamiento, quizá ya hayan superado o avanzado en su propio proceso de duelo por la pérdida de su rutina habitual, pero otras, dependiendo de su situación específica, quizá no. Las etapas de un duelo, como veremos ahora, además, no constituyen un proceso lineal: ocurre con bastante frecuencia que uno puede volver a experimentar emociones que creía haber dejado atrás.

Las fases de un duelo

Cuándo es necesaria la psicoterapia de duelo

1)La primera fase por la que se pasa ante una perdida es la de negación: la persona tiene dificultades para creer que lo que le está pasando es cierto. Esta negación es un sistema de defensa propio de nuestra psique cuya función es amortiguar el impacto de la pérdida. No obstante, se trata de un mecanismo transitorio: posteriormente, la noticia es aceptada parcialmente.

2)La segunda fase es la de ira y colera. Se da cuando ya no se puede mantener más tiempo la fase de negación y esta se sustituye por sentimientos de rabia, resentimiento, envidia, etc. La persona puede preguntarse, por ejemplo, «¿Por qué yo?». Esta rabia puede ser proyectada en diferentes direcciones:  hacia uno mismo, hacia otra persona en particular, hacia los familiares o hacia todo el entorno. Como a los otros les puede resultar difícil comprender por qué la persona está tan enfadada con ellos, es posible que reaccionen con hostilidad y, en consecuencia, crearse una dinámica difícil de romper, pues el enfado se va retroalimentando con la respuesta hostil de los demás.

3)La fase de negociación es una fase en la que la persona se plantea «Qué habría pasado si». Debido al deseo de posponer la aceptación de los hechos, la persona fantasea con otras posibilidades distintas a la situación real imaginando lo que habría ocurrido si se hubiera actuado de otra forma. En esta fase la persona puede experimentar sentimientos de culpa.

4)La cuarta fase es la de depresión: la persona se da cuenta de que la realidad es la que es y la pérdida es real. Los sentimientos de rabia que se han dado en etapas anteriores se transforman en tristeza y sensación de pérdida.

5)La última fase es la de aceptación. En esta fase, una vez aceptada la pérdida, la persona empieza a convivir con sus sentimientos en un mundo sin el objeto o sujeto de la pérdida. Es una fase de reubicación en la vida y de aceptación de los hechos, no una fase asociada a emociones felices o tristes.

Cuándo es necesaria la psicoterapia de duelo

Un proceso de duelo no es lineal

Una cuestión fundamental en los procesos de duelo es que estos no son lineales. Por ejemplo, es probable que aunque hayamos pasado por la fase de ira y nos encontremos en la de tristeza, volvamos durante un tiempo a la fase de ira y rabia otra vez. Esto no significa necesariamente un retroceso en el proceso: en general, las personas vuelven con el tiempo a la fase de tristeza y siguen su evolución hasta aceptar la pérdida. A lo que sí debemos darle mucha importancia es a ser capaces de aceptar los sentimientos que vamos experimentando y permitirnos sentir cualquier clase de emoción.

Cuándo es necesaria la psicoterapia de duelo

Cuándo es necesaria la psicoterapia de duelo

Como hemos visto, el duelo es un proceso natural de adaptación ante una pérdida. Sin embargo, hay que diferenciar entre un duelo normal y uno que se prolonga demasiado en el tiempo, en el que hay reacciones emocionales demasiado intensas e impide llevar una vida normal; en cuyo caso hablamos de duelo patológico

El trabajo que se realiza durante la psicoterapia en ambos casos consiste en acompañar a la persona por todo este proceso, aunque se lleva a cabo de diferentes formas en función de si el duelo es normal o patológico. En todo caso, se trata de brindar a la persona el espacio adecuado que promueva la expresión de sus emociones, ayudándola a conectar con lo que siente y poniendo palabras a esas emociones.

Tal como explica la psicóloga de nuestro centro Meritxell Pujol, «A veces no nos permitimos ciertos pensamientos y emociones, como la culpa, porque nos hacen sentir muy mal, pero para que el duelo pueda seguir su curso es esencial gestionarlos. Del mismo modo, vivimos en una sociedad que parece no tolerar los sentimientos negativos, pero estos sentimientos, además de que no se pueden evitar, son saludables y forman parte de la vida. Es aconsejable pedir ayuda a un profesional e iniciar una psicoterapia de duelo si se siente una sensación de bloqueo que impide no sentir nada, si pasados unos meses las emociones del duelo siguen invadiendo nuestra vida diaria o si se tienen pensamientos recurrentes de autodestrucción, como pensamientos sobre la propia muerte».