¿Se te olvidan los nombres de las personas que te presentan? ¿No sabes dónde has puesto las llaves o el móvil? ¿Quieres recordar el título de un libro o de una película y no acaban de salirte de la punta de la lengua? ¿Te cuesta memorizar nombres de calles? ¿A veces se te olvida pasar por la tintorería o comprar algo que necesitabas para hacer la cena? No, no tienes problemas de memoria. Según la neurocientífica Lisa Genova, nuestros cerebros no están diseñados para recordar este tipo de cosas.

 

Lo primero que tranquiliza de las explicaciones que da esta experta es saber que la memoria dista mucho de ser perfecta. Lo segundo, lo que acabamos de apuntar: la función de la memoria no es recordar que tenemos que hacer un recado a última hora de la tarde o recordar nombres. Una persona puede ser muy inteligente y tener una memoria prodigiosa para otras cuestiones y, sin embargo, olvidarse a menudo de dónde deja las gafas o no recordar qué ha ido a buscar al entrar en la cocina.

Para tener memoria de algo no basta con que los sentidos perciban información: el cerebro no puede consolidar ninguna información sensorial en una memoria duradera sin que haya ‘entrada neuronal de la atención’.

Qué determina lo que recordamos y lo que olvidamos

Entonces, ¿qué determina lo que recordamos y lo que olvidamos? Hoy se sabe que el primer factor es la atención. Nuestro cerebro solamente forma recuerdos que perduran más allá del momento presente si prestamos atención a aquello que queremos recordar.

En la conferencia del vídeo de abajo (impartida el mes pasado), Lisa Genova pone un ejemplo vivido en primera persona que a todos nos es familiar. Iba en coche haciendo un trayecto que recorre frecuentemente y, cuando ya casi llegaba a su destino, se preguntó si había pasado un gran puente que está situado a mitad del camino. No recordaba haberlo cruzado. ¿Qué le había pasado? Pues, simplemente, que ese recuerdo de “cruzar el puente” nunca se creó en su cerebro.

¿Por qué? porque para tener memoria de algo no basta con que los sentidos perciban información: el cerebro no puede consolidar ninguna información sensorial en una memoria duradera sin que haya “entrada neuronal de la atención”. Como la neurocientífica hace ese trayecto muy a menudo, su atención no estaba puesta en el puente, sino en sus pensamientos o en la música que estuviera escuchando.

Otra situación clásica que todos hemos vivido es intentar recordar en vano el nombre del actor de una película, por ejemplo. Nos ponemos a rebuscar en nuestro cerebro como si fuera un baúl lleno de objetos y nos vienen a la memoria todo tipo de datos sobre el actor, menos el nombre. Decimos, “Sí, el que protagonizó tal serie con tal actriz”, “El actor al que le dieron un Oscar hace dos años por tal película”, etc. Pero del nombre, ni rastro. ¿Por qué está como bloqueado? La respuesta es que el bloqueo de una palabra  ̶ sobre todo, de nombres propios ̶  ocurre cuando solo hay una activación parcial o débil de las neuronas que se conectan a la palabra que se está buscando. Por esta razón nos vienen a la mente palabras relacionadas, palabras que suenan parecidas al nombre que estamos buscando o que significan algo parecido, pero nada más. Y si nos concentramos en estas palabras que tienen una relación indirecta con la que buscamos, aún es peor. Es como adentrarnos en una callejón sin salida. ¿Por qué? porque estos señuelos dirigen la actividad cerebral por vías neuronales que van hacia ellos, no hacia la palabra que andamos buscando. En otras palabras, nos adentramos en el barrio neuronal equivocado, allí no reside nuestra palabra. En cambio, si salimos de esa área dejando de intentar dar con el nombre, de repente, voilà! Ahí está. ¿Qué ha sucedido? Pues que le hemos dado al conjunto de neuronas correcto la oportunidad de activarse.

Buscar en Internet nombres que no recordamos no debilita en absoluto la capacidad de memoria, del mismo modo que insistir en recordarlos no la fortalece.

¿Se te olvidan las cosas? No, no tienes problemas de memoria

No te avergüences, ni te preocupes, por recurrir a Google

Otra cuestión interesante que explica la neurocientífica es que, a medida que nos hacemos mayores, como atribuimos estos olvidos a la edad pensando que empezamos a tener problemas de memoria, nos resistimos a buscar lo que no recordamos en Google, por ejemplo. Creemos que si echamos mano del buscador estamos haciendo trampas y debilitando nuestra memoria. Y no es así. Resulta que los jóvenes también experimentan tener algo en la punta de la lengua con frecuencia. La diferencia es que, como ellos no lo relacionan con un posible síntoma de Alzheimer o pérdida de memoria, lo viven con naturalidad y le hacen la pregunta a Google sin más. Buscar en Internet nombres que no recordamos no debilita en absoluto la capacidad de memoria, del mismo modo que insistir en recordarlos no la fortalece. Como dice la experta, tenemos el permiso de los neurocientíficos para utilizar Google en estos casos. Quizá sea frustrante, pero no es motivo para entrar en pánico, preocuparse, ir al médico o sentirse avergonzado. Es normal.

Es como cuando entramos en el salón y nos preguntamos “¿Qué he venido a buscar?” Tan solo se trataba de retener unos segundos el objeto, ¿no? ¿Por qué se nos ha olvidado? La respuesta es que, en estos casos, utilizamos lo que se llama memoria prospectiva. Este tipo de memoria crea un recuerdo con la intención de hacer algo más tarde. Pero si no asociamos lo que queremos recordar a un contexto, no funciona.

¿Haces listas? Haces bien

¿Se te olvidan las cosas? No, no tienes problemas de memoria

También es normal, y recomendable, hacer listas. Listas de la compra, de lo que no se nos puede olvidar cuando salimos a hacer recados y de todas aquellas cosas que planeamos hacer en el futuro. ¿La razón? Nuestros cerebros no son buenos a la hora de recordar este tipo de cosas, de modo que no hace falta sufrir intentando forzarlos inútilmente. Es como cuando entramos en el salón y nos preguntamos “¿Qué he venido a buscar?” Tan solo se trataba de retener unos segundos el objeto, ¿no? ¿Por qué se nos ha olvidado? La respuesta es que, en estos casos, utilizamos lo que se llama memoria prospectiva. Este tipo de memoria crea un recuerdo con la intención de hacer algo más tarde. Pero si no asociamos lo que queremos recordar a un contexto, no funciona. Por ejemplo, estás en el dormitorio a punto de acostarte. Quieres leer un rato antes de dormirte, pero te has dejado las gafas en el salón. Cuando entras en el salón, no recuerdas por qué has ido hasta allí, pero si vuelves a la habitación, sí lo recuerdas porque ves la pila de libros en tu mesita de noche, asocias acostarte con el hábito que tienes de leer por la noche, etc.

Hacer crucigramas no contribuye a la neuroplasticidad, a crear reserva cognitiva. Lo que sí ayuda a evitar tener problemas de memoria es aprender cosas nuevas. Al adquirir aprendizajes, los genes interactúan con eso nuevo que sucede, con lo que experimentamos y sentimos, y nuestro cerebro se modifica. Cuanto más conexiones nuevas creamos al adquirir nuevos aprendizajes, más reserva cognitiva acumulamos.

El contexto es la clave

Las señales, la información sensorial, las asociaciones, la información emocional, nuestro estado de ánimo y cualquier otra información que esté relacionada con lo que tratamos de recordar crea el contexto que nos ayuda a formar la memoria, ya que la memoria es una red neuronal conectada a asociaciones. Por lo tanto, la memoria está muy influenciada por el contexto.

Qué señales indican problemas de memoria

Como dice Cintia Genova, hay un estigma asociado a todo lo relacionado con el cerebro y, especialmente, a la memoria. A muchas personas les da vergüenza comentar cualquier anomalía que puedan estar experimentando en este sentido. Como hemos visto, los casos que hemos mencionado no tienen por qué preocuparnos. Olvidar nombres de personas es normal porque los nombres propios habitan en pequeños callejones neurológicos sin salida (con una sola entrada), a diferencia de los sustantivos comunes. Neurológicamente hablando, los sustantivos tienen diferentes vías de acceso. Si de repente, uno empieza a tener dificultades para nombrar objetos comunes (cómo se llama lo que utilizamos para escribir en un papel, por ejemplo), algo está pasando, aunque no necesariamente debemos asociar la causa a la enfermedad de Alzheimer. De hecho, puede haber otras muchas causas: falta de sueño, de vitamina B12, estrés, etc. (causas que, igualmente, deberían hacernos tomar medidas por la salud de nuestro cerebro).

 

Una dieta saludable ayuda a evitar los problemas de memoria

Qué podemos hacer para mejorar nuestra memoria

No, hacer crucigramas no ayuda a evitar los problemas de memoria. Al hacer crucigramas, únicamente recuperamos palabras que ya sabemos. Como no es un entrenamiento cruzado, solamente sirve para recordar mejor esas palabras, pero no para construir nuevos caminos neuronales, ni para rescatar recuerdos ni para recordar mejor el contenido de una presentación de trabajo. Es decir, hacer crucigramas no contribuye a la neuroplasticidad, a crear reserva cognitiva.

Lo que sí ayuda a evitar tener problemas de memoria es aprender cosas nuevas. Al adquirir aprendizajes, los genes interactúan con eso nuevo que sucede, con lo que experimentamos y sentimos, y nuestro cerebro se modifica. Cuanto más conexiones nuevas creamos al adquirir nuevos aprendizajes, más reserva cognitiva acumulamos. Y disponer de esta reserva de respaldo es importantísimo en el caso de que se empiece a desarrollar alguna patología como el Alzheimer.

Actualmente, también se sabe que hacer ejercicio físico reduce el riesgo de demencia a la mitad, y que dormir las horas necesarias (siete, por lo menos) ayuda a prevenir el Alzheimer y a cuidar de nuestra memoria actual. El sueño permite estabilizar los recuerdos que construimos en un momento dado para que perduren a largo plazo.

Y por último, aunque no hay un solo alimento milagroso, sí se sabe con certeza que los pescados grasos, los alimentos integrales, las verduras, las frutas de colores anaranjados, rojos y morados, las nueces, las alubias y el aceite de oliva son algunos de los alimentos que realmente nos nutren, cuidan de nuestro corazón, de la salud de nuestro cerebro y de nuestra memoria.

En resumen, las claves para evitar problemas de memoria son: dieta mediterránea, ejercicio, dormir lo necesario, gestionar bien el estrés, aprender cosas nuevas y ¡relacionarse con otras personas! Al entablar una conversación, estamos manteniendo un diálogo que nunca habíamos mantenido. Según la experta, si estamos presentes en esas conversaciones y prestamos atención, le estamos proporcionando a nuestro cerebro una estimulación que le será muy útil.