Cuándo hablamos de trastorno negativista desafiante infantil

El trastorno negativista desafiante infantil se caracteriza, principalmente, por un estado persistente del ánimo irritable, malhumorado y de enfado con las personas que para el niño simbolizan una figura de autoridad, así como por un comportamiento discutidor y de rencor o de deseo de venganza. Asimismo, el niño negativista y desafiante desobedece de forma activa y de manera recurrente a estas figuras de autoridad: el padre, la madre, el tutor, el entrenador, etc.

Ahora bien, tal como explica el psicólogo de nuestro centro Luis Elías, hay que tener mucho cuidado antes de etiquetar a un niño con este trastorno: «No se debe confundir el hecho de que un niño sea muy emocional, que tenga una personalidad muy marcada, que sea muy crítico o que esté pasando un momento complicado con que el niño presente trastorno negativista desafiante. Para hablar de trastorno, deben cumplirse los 3 criterios de estado persistente de enfado, conductas desafiantes y desobediencia recurrente, al menos, durante 6 meses»

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Consecuencias del trastorno

Las consecuencias del trastorno son múltiples. Estas consecuencias, además, generan en la vida cotidiana del niño una gran cantidad de problemas que no son menores, ya que afectan a cada uno de los entornos en los que se desenvuelve.

Terapia del trastorno negativista desafiante infantil

Una de las principales consecuencias son las repercusiones en su desempeño escolar. Si el trastorno se caracteriza, precisamente, por la rebeldía ante las figuras de autoridad, el entorno escolar representa durante siete horas al día una de esas figuras. Para una maestro es realmente complicado gestionar las situaciones que un niño desafiante puede llegar a provocar, ya que con su conducta buscará la confrontación, la atención, salirse con la suya, desautorizarle, no hacer lo que debe hacer, que no le cuestionen, etc. Y lo hará utilizando las rabietas y las actitudes negativistas y desafiantes que ha aprendido que le funcionan en casa (y que explicaremos más adelante, en el próximo apartado).

Otras consecuencias directas e importantes del trastorno son los problemas sociales (su forma de interrelacionarse no les ayuda en absoluto a establecer ni a construir buenas relaciones), así como los problemas conductuales y de control de impulsos, los cuales interfieren en todos los ámbitos de la vida del niño. Por último, cabe mencionar su baja tolerancia a la frustración y, en los adolescentes, el riesgo de que la conducta de rebeldía derive en el consumo de sustancias adictivas (como otra forma de manifestar su rebeldía).

Causas del trastorno

En psicología, el trastorno negativista desafiante infantil se explica, fundamentalmente, desde dos teorías distintas: la del desarrollo y la del aprendizaje. La teoría del desarrollo (evolutivo) afirma, básicamente, que estos niños han adquirido conductas autónomas nocivas a causa de una separación traumática de la figura de apego (madre, padre), y que intentan suplir las dificultades relacionadas con el trauma de esta separación que no se llevó a cabo de la forma adecuada con conductas de este tipo. En cambio, la teoría del aprendizaje postula que las actitudes de estos niños son consecuencia de los refuerzos negativos que han recibido durante mucho tiempo por parte de las figuras de autoridad.

Terapia del trastorno negativista desafiante infantil

«En mi opinión, y desde mi experiencia como terapeuta, la teoría del aprendizaje es la que se muestra más válida a la hora de trabajar con estos pacientes. Si cada vez que un niño quiere algo, aprende que la mejor forma de conseguirlo es mostrar su rabia ante una posible negativa, desafiar a la figura de autoridad o mostrar actitudes de rencor o venganza, consolidará estas conductas: al comprobar que las figuras de autoridad ceden ante su comportamiento, el niño entiende que se le premia su forma de proceder; que con esta manera de negociar obtiene los resultados deseados», afirma el especialista.

Terapia del trastorno negativista desafiante infantil

El mecanismo que acabamos de describir es el que se puede trabajar muy bien en terapia. El objetivo es romper mediante refuerzos positivos ese círculo de refuerzos negativos que ha recibido el niño durante un tiempo prolongado. «No obstante, en estos casos es fundamental trabajar también con los padres, hacer una psicoeducación familiar. El terapeuta debe explicarles la dinámica que ha generado el trastorno; una dinámica de la que no suelen ser conscientes, y darles las pautas necesarias para que sepan cómo actuar en casa mientras, paralelamente, trabajamos en terapia con el niño», prosigue Elías.

Terapia del trastorno negativista desafiante infantil

El tratamiento del trastorno negativista desafiante está orientado a varios aspectos. El primero, tiene como objetivo construir una buena relación terapéutica entre el paciente y el terapeuta. «Conseguir establecer este vínculo positivo es esencial para poder trabajar con estos pacientes. Si no se consigue este vínculo, no hay nada que hacer. Además, en el caso de que el niño sea también un paciente de lateralidad, contribuirá a restablecer su autoestima. Y, en ambos casos, la autoestima se verá reforzada en el entorno de la terapia debido a que, como la terapia de lateralidad es tan amplia y completa, trabajamos la parte motriz, cognitiva y emocional con múltiples ejercicios que suponen múltiples oportunidades para reforzar positivamente al niño. Recordemos que los pacientes con trastorno negativista desafiante no vienen de un entorno así: su experiencia no es la de aprender que después de esforzarse es cuando obtienen la gratificación en forma de reconocimiento y refuerzo de su progreso. Su experiencia es la de la controversia. Por esto el vínculo terapéutico es tan importante. El terapeuta nunca entra en discusión, no es reactivo, ni juzga el comportamiento del paciente, por lo que el niño se va dando cuenta de que su estrategia no le funciona con él.  Asimismo, el terapeuta le va remarcando al paciente el sentido de lo que va ocurriendo en las sesiones y el niño lo asimila de una manera vivencial porque no son niños que estén desconectados de la realidad. Durante la terapia también trabajamos sus habilidades sociales, de comunicación y de control y gestión de la ira, además de reforzar los aspectos cognitivos. El niño aprende que existe otra manera de relacionarse, que cambiando su conducta obtiene más cosas y de mejor forma, y esto redunda positivamente en todos los ámbitos de su vida, incluyendo el escolar», concluye el terapeuta.

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