¿Te has preguntado alguna vez cuál es la mejor vía para pedir un favor? Según dos estudios que se han realizado para averiguarlo, la mayoría de nosotros ni se lo ha planteado. Y cuando se les hizo la pregunta a los participantes de la investigación, respondieron que suponían que tan efectivo debe ser pedir un favor por correo electrónico o por un canal de vídeo como en persona, y que el canal menos efectivo, probablemente, debía ser un canal de tan solo audio. La investigación ha mostrado que los participantes se equivocaban.

Se han hecho muchos estudios sobre la comunicación digital versus la personal o cara a cara. Pero, hasta ahora, ninguno había explorado en detalle si la comunicación digital afecta a la voluntad de las personas de ayudarse entre sí. Antes, cuando queríamos pedirle un favor a un compañero de trabajo, nos acercábamos hasta su mesa y se lo pedíamos personalmente. Y si necesitábamos la ayuda de un amigo, quedábamos con él para comer o tomar un café. Actualmente, lo habitual es enviar un correo electrónico o un WhatsApp, o hacer una videollamada porque creemos que la comunicación digital es la más eficiente. En casos excepcionales, realizamos una llamada telefónica tradicional, y en casos todavía más excepcionales, quedamos con la persona para pedirle el favor en persona.

Los resultados de la investigación

Sin embargo, dos estudios de comportamiento realizados con más de 400 participantes de Estados Unidos y Canadá demuestran que subestimamos el valor de la comunicación presencial; al menos, a la hora de pedir un favor.

En el primer estudio, cada participante le pidió a cinco amigos que le hicieran el favor de revisar un texto de una página. Los investigadores asignaron aleatoriamente a los participantes la vía por la que debían realizar esta solicitud. Algunas de las peticiones se hicieron en persona y otras por vía digital: a través de un canal de video sincrónico como Zoom, un mensaje de video asincrónico, un canal de audio sincrónico como una llamada telefónica, un mensaje de voz asincrónico o un canal de solo texto, como el correo electrónico. Los investigadores querían saber si el factor clave que determinaría la respuesta sería el hecho de que la solicitud se hubiera hecho en tiempo real, que la comunicación hubiera sido visual o que hubiera sido en persona. Al medir cuántas personas de cada grupo aceptaron realizar la tarea de revisión, los resultados fueron contundentes: cuatro de cada cinco (80 %) de las personas a las que se les había pedido el favor cara a cara aceptaron realizar la tarea. En cambio, solamente el 48 % de las personas a las que se les pidió la revisión por cualquier tipo de canal de vídeo o audio aceptaron realizarla. El estudio mostró que si queremos pedir un favor, la comunicación en persona es un 67 % más efectiva para lograr el que cualquier forma de comunicación en vídeo o audio.

Un estudio revela cuál es la mejor vía para pedir un favor

El canal digital más efectivo para pedir un favor

A los investigadores les sorprendió que en este primer estudio no se apreciaran diferencias significativas en la efectividad de los distintos canales de comunicación digital, de modo que realizaron una segunda investigación focalizada en este aspecto. Lo que hallaron es que los canales de comunicación de video y audio eran significativamente más efectivos que el correo electrónico (texto). Solo el 30 % de las personas a las que se les pidió que realizaran la revisión del texto por correo electrónico aceptaron hacerlo, en comparación con el 55 % de las personas a las que se les preguntó por video o audio. Es decir, las solicitudes por video o audio parecen ser un 86 % más efectivas que las solicitudes por correo electrónico.

 

En resumen, aunque la mayoría de nosotros creemos que es indiferente utilizar una vía de comunicación u otra, al pedir un favor, hay muchas más probabilidades de que nos digan que sí cuando realizamos la petición en persona que cuando la realizamos a través de un canal de comunicación digital. Si no nos queda más opción que pedir el favor digitalmente, la vía menos efectiva es el correo electrónico, probablemente, porque es menos incómodo negarse por escrito a hacer un favor.

Otras fuentes:

Harvard Business Review