Con el uso generalizado de los dispositivos digitales, estamos perdiendo la costumbre de escribir a mano. Un grupo de investigadores del Laboratorio de Neurociencia del Desarrollo de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología ha querido saber qué implicaciones tiene este hecho. Se han preguntado qué es más eficaz para un aprendizaje óptimo en el aula, si escribir a mano, escribir tecleando o dibujar.

Para averiguarlo, han estudiado la actividad eléctrica del cerebro de adultos jóvenes y niños mientras escribían a mano, mecanografiaban o dibujaban palabras presentadas visualmente que variaban en dificultad.

Lo primero que han constatado es que se da una clara diferencia en la actividad eléctrica cerebral subyacente al escribir a mano, en un teclado y al dibujar (una diferencia que ya encontraron investigaciones previas realizadas por otros investigadores en 2017). El segundo hallazgo es que la escritura a mano y el dibujo son procesos más parecidos en comparación con la mecanografía. El tercero, que los cerebros de los niños están mucho más activos cuando escriben a mano. El cuarto, que tanto niños como adultos aprendemos y recordamos más cuando escribimos a mano.

Por qué escribir a mano facilita el aprendizaje

Siempre que se incluyen movimientos autogenerados como estrategia de aprendizaje se estimula una mayor parte del cerebro, lo que da como resultado la formación de redes neuronales más complejas (Van der Meer y Van der Weel, 2017). Además, cuando un niño produce letras individuales escritas a mano, los resultados son muy variables, lo que conducirá a una mejor comprensión (Li y James, 2016; James, 2017). En cambio, todo indica que los movimientos relacionados con la escritura del teclado no activan estas redes de la misma manera que lo hacen el dibujo y la escritura a mano.  El patrón espaciotemporal simultáneo de la visión, los comandos motores y la retroalimentación cinestésica proporcionada a través de los movimientos finos de la mano no es evidente en la mecanografía, la cual solo requiere presionar un botón para producir la forma completa deseada (Longcamp et al., 2006; James, 2010); Vinci-Booher et al., 2016). Por lo tanto, el reemplazo continuo de la escritura a mano por la escritura con teclado puede parecer en algunos aspectos poco aconsejable, ya que parece afectar negativamente al proceso de aprendizaje (Alonso, 2015; Mangen y Balsvik, 2016). Los hallazgos del estudio de la Universidad de Noruega también confirman que los movimientos delicados y controlados con precisión involucrados en la escritura a mano contribuyen a los patrones de activación del cerebro relacionados con el aprendizaje. Los investigadores no encontraron evidencia de tales patrones de activación al usar un teclado.

Los niños no tienen que renunciar al teclado

Los investigadores subrayan que, aunque es fundamental mantener la práctica de la escritura a mano en la escuela, también es importante mantenerse al día en el mundo digital. Los niños pequeños deben aprender a escribir a mano y, al mismo tiempo, aprender a escribir en un teclado (por ejemplo, aprender el método táctil y a transcribir información rápidamente), según el contexto. Si bien existen diferencias subyacentes en las tres estrategias mencionadas, es importante señalar que todas son tareas cognitivas, cada una de las cuales tiene sus propios beneficios.

En conclusión, los investigadores sugieren que, desde temprana edad, los niños deben estar expuestos a actividades de escritura y dibujo en la escuela para establecer los patrones de oscilación neuronal que son beneficiosos para el aprendizaje. La práctica de la escritura a mano debe seguir siendo una actividad central en el aprendizaje temprano de las letras, independientemente de si se realiza con lápiz y papel tradicionales o con un lápiz y una tableta, ya que el uso del formato digital permite escribir a mano, agregar dibujos y resaltar texto. Por lo tanto, se pueden implementar los beneficios de ambos métodos de escritura. Lo importante es que tanto los estudiantes como los maestros sean conscientes de cuándo usar un método u otro considerando las fortalezas y el apoyo que ofrece cada uno de ellos.